06 abril 2006

La Fundación Santa María (de carácter religioso católica) dedicada al estudio y evolución de los valores, orientaciones políticas y religiosas y de ocio de la juventud española, acaba de presentar el estudio Jóvenes Españoles 2005, del cual se ha hecho eco muchas y variadas publicaciones que anotan como datos sintomáticos que el 55 % de nuestros jóvenes cree en Dios, y que menos del 50% se considera católico, jóvenes que suspenden a la iglesia con 21 %.

Ante esto cabe preguntarse ¿Es esa pérdida de presencia y por tanto de arraigo de la iglesia en el plano social una labor política e ideológica? O por el contrario es fruto de una concepción general acomodaticia y de “pasotismo” generalizado.

Es un hecho que tal situación beneficia al movimiento y concepción laicista, pero no debemos alegrarnos de ese “avance” porque en el fondo es fruto de una situación, y no de un trabajo que hayan elaborado las asociaciones laicistas, agnósticas o ateas de muy reciente implantación en nuestro país..

Y esas variaciones sociales sino se asientan en una labor cultural y política para que el laicismo alcance niveles aceptables en el seno de la sociedad española, podemos encontrarnos que dormidos en estos cánticos de sirena, la cuestión se vuelva tornadiza en poco tiempo.

Pues no hay que olvidar que frente a este “pasotismo" del que se alegran algunos por el supuesto avance laicista que ello supone por detrás y como contraste estamos asistiendo al rearme religioso de corte conservador que la iglesia está abordando entre los jóvenes y otros colectivos, la masiva presencia en medios como Internet, radio y prensa, el supuesto cariz turístico de algunas manifestaciones religiosas como la Semana Santa , que vuelve a renacer con fuerza y a veces auspiciadas por instituciones polítiucas, económicas y turísticas, pueden colaborar a que a la vuelta de unos años esta situación presente otro semblante muy distinto.

Hay que tener en cuenta que estas encuestas y su repercusión en los medios, no dejan de ser un toque de atención a las comunidades religiosas , ey a las jerarquías de las iglesias para que se pongan a "funcionar" sino se quieren encontrarse con situaciones de deficit importantes . Lo cual conllevará toda una estrategia publica o soterrada para que todos esos parámetros cambien.


Por tanto nuestro trabajo no ha hecho nada más que empezar, y ese rebaje de presencia religiosa entre los jóvenes no debe ser algo externo, sino producto de un trabajo en el cual los laicistas tenemos mucho que ver y hacer, no para que pierdan sus concepciones religiosas sino para que estas no tengan más proyección más allá del ambito personal y privado.

Aprovechemos los tiempos de bonanza para sembrar la semilla de la laicidad desde los distintos postulados personales, éticos e ideológicos, y a la vuelta de unos años podremos presentar unos resultados como resultado de una concienciación cultural, y no fruto de factores externos.

Victor Guerra


ALGUNAS NOTA DEL ESTUDIO

Menos de la mitad de los jóvenes entre 15 y 24 años (el 49%) se considera católico, mientras que hace una década se definía como tal el 77%. Así figura en el informe Jóvenes Españoles 2005, de la Fundación Santa María, dirigido por el catedrático de la Universidad Autónoma de Madrid Pedro González. Ese descenso se debe a la "impopular" postura de la Iglesia católica en temas como la sexualidad, según los autores. La Iglesia es una de las instituciones que inspiran menos confianza, por detrás de las multinacionales o la OTAN. El estudio se basa en entrevistas a 4.000 jóvenes de 15 a 24 años de toda España. - Menos católicos. El 49% de los jóvenes se declara católico. En 1994 se manifestaba como tal el 77%, según el estudio de la Fundación Santa María, vinculada a la congregación de los marianistas. El porcentaje de agnósticos, ateos o indiferentes a la religión asciende al 46% (en 1994 era del 22%).

Las razones del descenso del número de católicos, según uno de los autores del informe, Juan González-Anleo, es la "impopular" postura de la Iglesia "en temas como la ley que regula el matrimonio homosexual, el aborto o la sexualidad", y a los cambios políticos en una "dirección laicista".

Desconfianza hacia la Iglesia. La Iglesia católica es la institución que genera menos confianza (el 80% no confía en ella), por detrás de las grandes multinacionales y de la OTAN. Las que más confianza generan son las asociaciones de voluntariado, el sistema de enseñanza y la Seguridad Social. El 79% cree que la Iglesia es demasiado rica y el 82%, que está demasiado anticuada en cuestión sexual. Por el contrario, la mitad de los jóvenes cree que ayuda a pobres y marginados.
- Clases de religión. El 49% de los jóvenes asegura que las clases de religión no les ha servido prácticamente de nada. El 36% cree que le sirvió de algo o de mucho, contando al 10% que no ha estudiado esta asignatura.
- Matrimonio religioso. A pesar de las críticas, el 43% de los jóvenes admite que su deseo es casarse por la Iglesia. Por el matrimonio civil opta el 22% y el 16% por las uniones de hecho.

03 abril 2006

Manifiesto de la Federacion Internacional de Ateos


Ateísmo o barbarie.

Las afirmaciones de la religión no pueden ser objeto de conocimiento teórico. El sentimiento por parte del hombre de la conciencia de su culpa constante y su aspiración a la felicidad engendran en él la fe en un dios que castiga y ama; pero no puede haber pruebas de la veracidad de esta fe. Todos los dogmas de las religiones resultan, a la luz de esta concepción, subjetivos y arbitrarios.
La razón y la experiencia histórica demuestran que el prejuicio religioso constituye un serio obstáculo para el pleno desarrollo de la libertad y la felicidad de los individuos. Los portavoces de la irracionalidad exigen fe y sumisión bajo el temor de una futura catástrofe escatológica, operando con amenazas de tormentos infernales y con promesas de goces paradisíacos.

Condicionada por su poder hipnótico, gran parte de la humanidad sigue encadenada a esta ficción, siendo a la vez cómplices y víctimas del engaño masivo representado por las religiones. La liberación de estas cadenas espirituales tiene un significado decisivo en el desarrollo de la sociedad y en el proceso de liberación del ser humano. Por ello, la lucha contra la religión no se puede limitar sólo a la esfera política o económica. Ha de poseer inevitablemente como base una nueva cosmovisión y una nueva actitud ética, orientada contra la ideología totalitaria religiosa. Frente a la barbarie representada por los dogmatismos, proponemos un retorno de la razón, una nueva visión de la realidad y la voluntad de liberar a los individuos de las fábulas derivadas del pensamiento mágico.

El desarrollo del pensamiento ateo ha sido históricamente tortuoso y contradictorio. Pero las manifestaciones de este desarrollo han sido eslabones hacia el ateísmo consecuente. Ante el juicio de la razón, la religión en su conjunto resulta decididamente condenada. No obstante, la superstición religiosa organizada mantiene todavía estrechas alianzas con el poder político y económico, con la moral y con la cultura. Tal superstición permite y sustenta el influjo que la irracionalidad ejerce sobre nuestra época, en forma de integrismos y fundamentalismos.

Ciertas formas de oposición a las condiciones establecidas no son efectivas sino a través de una colectivización del esfuerzo. Pretendemos dar forma a un movimiento ateo global, que se dote de unos objetivos concretos y que planifique sus actuaciones públicas. Pensamos que jamás se ha dado al ateísmo la importancia que posee como fundamento de las bases científicas, políticas y filosóficas de Occidente. Creemos necesario profundizar en los fundamentos históricos, sociológicos, psicológicos y filosóficos del ateísmo, seccionar las raíces de nuestra heredada moral judeocristiana y analizar críticamente el papel que la religiosidad ha ejercido y ejerce sobre la conducta social.

Estamos convencidos del papel del ateísmo como catalizador de fuerzas transformadoras. La Federación Internacional de Ateos está integrada por hombres y mujeres seguros de la necesidad de prescindir de la idea de dios, de combatir el error fatal de esta creencia y de acotar progresivamente la influencia de las religiones y de sus ideologías afines en nuestras respectivas sociedades. A través de ella será posible canalizar de forma positiva nuestra capacidad de análisis y de respuesta ante la amenaza representada por la religiosidad y por el prejuicio idealista para el pleno desarrollo de los derechos y libertades civiles en los sistemas políticos en los que habitamos. Es un paso imprescindible en la formación de una sociedad más crítica, consciente, libre y autónoma, capaz de enfrentarse colectiva y coherentemente a la presión ejercida por el oscurantismo religioso.
El pensamiento libre no se detiene jamás ante el fetichismo. Ha llegado el momento de converger en una asociación atea internacional, que se concrete en una lúcida y efectiva conspiración contra todo tipo de irracionalismo