22 abril 2006

RELIGION VERSUS EL LAICISMO



Se viene planteando hace ya un tiempo desde ciertos seectores de la iglesia el laicismo como un movimiento enraizado en una intransigencia atroz, cosa que quieren hacer creer a todo trapo, ligando y confundiendo al personal sobre terminos como Laicismo o Laicidad.

Tal postura demuestra el talante de aquellos que se prodigan para seguir en el establisment, como es el entorno católico español, puesto que ven los garbanzos peligrar, y por ello quieren proseguir en el “machito” no por méritos propios de talantes abiertos, sino mediante el trileo de plantearse, una vez que han visto que el tema del laicismo coge pujanza, de que ellos son los auténticos promulgadores de la laicidad, y hasta la ensalzan a modo y manera como una angelical manera de entender la sociedad mientras que al laicismo lo colocan o lo trastocan para que se se crea por el pueblo llano que es un seudónimo de anticlericalismo.

Amén de la perversión semántica, no deja de ser paradójico la postura de quienes se propugnan como catalizadores y difusores para hacer comprender a la sociedad de los beneficios de la laicidad, según ellos la entienden, y se dediquen desde esa supuesta posición de reconciliador cultural de calificar al laicismo de intransigente.

Queriendo esconder que estos buenos señores de la religión, son la historia de la intransigencia, que se plasma muy bien en nuestra propia historia religiosa española, y niegan por activa y pasiva, que el laicismo, a veces, tiene también tiene base religiosa, y les recuerdo y les refresco como dato, que los mayores defensores del laicismo en las escuelas y en las logias masónicas durante el siglo XIX, fueron precisamente los pastores evangélicos.


En todo el caso, la postura del laicismo como movimiento es propugnar que el ámbito de las creencias retorne al lugar íntimo de las personas, y que las religiones no ocupen el lugar que no les corresponde en el ámbito escolar, político, e institucional, y nadie niega que estén presentes en la sociedad y de hecho ya las vemos representadas en las mismas contruciuones de iglesias, o de mezquitas.

Les recomendaría a tales propulsores a darse un garbeo por la terminología al uso sobre laicismo, laicidad, librepensamiento, etc…y les recordaría que las posturas de un estado laico no son nuevas en España, sino que tienen una vieja presencia entre nosotros; podríamos exponer como representadas en los ejercicios de implantación de la 1ª y 2ª República, a diferencia de la intransigencia católica que imperó durante sus buenos lustros y que tuvo a gala en su seno organizaciones como la Inquisición.

No se trata de echar a la religión de ningún sitio, pero sí que deje de tener los privilegios que tiene en base a coyundas extrañas e inconfesables con el poder menos democrático.

Es precisamente el estado laico quien reconoce la pluralidad de las religiones o creencias y porque la reconoce como tal, no le da la supremacía en base a estadísticas, membresías, o presiones de los lobys , sino que las relega al sitio que les corresponde como expresión íntima de lo personal, y es más le diré que en la medida que se deje paso a la laicidad=laicismo, y una vez se haya dejando de lado la arrogancia que se gesta e impera por parte de algunas confesiones que han manipulado a multitudes, habrá menos anticlericalismo.

En sus manos está el que ello se logre, aunque no será con Heraldos del Evangelio o con Legionarios de Cristo, o planteando a los cuatros vientos que la laicidad es lo que promulga ahora la iglesia, y anteponiendo a ello el laicismo, que se le presenta como el rampante anticlericalismo del siglo XIX.

Lograr ese ámbito social laicista fue un intento que costó vidas, y muchas veces segadas, por quienes en ocasiones han empuñado la cruz.

Victor Guerra

18 abril 2006

¿QUÉ REPUBLICA... QUÉ REPUBLICANOS?



Desde que el dictador se fue al otro barrio, tal vez nunca se haya hablado tanto en las tertulias y en los mentideros políticos como ahora sobre la posibilidad, siempre hipotética, de que España se convierta en republicana.

Hubo tiempos de añoranzas allá por los albures de los setenta, tiempos en los que florearon banderas y utopías, aunque el concepto de democracia solapó viejas aspiraciones y utopías y encajaba mejor tal palabro y concepto en el encaje de bolillos preconstitucional que los políticos reconvertidos en demócratas pretendían.

Hoy por hoy se puede decir que la pretendida III República está hipotecada por unos maximalismos de cuño donde florece el marco marxista, el cual ensalza banderas y banderías, pero en sus palabras y actos no se corresponden con los referentes de la II República y, por si fuera poco, la I República es para todos un vago recuerdo de naftalina de la que queda como colgajo poco más que Pi y Margall.

La República que se lanza desde algunas posiciones de la izquierda de hoy es un espantajo tricolor vacío, pues la aspiración secreta de sus promotores es la República de los trabajadores, como afirmaba no hace mucho tiempo un republicano venido de las filas maoístas.

Estamos por tanto ante una gran hipoteca, la que causa la izquierda marxista, la cual usurpa conceptos que luego en sus manos se vuelven mascarones huecos, y por mucho que se les oiga entonar el masónico trilema de libertad, igualdad y fraternidad, no los veo yo en ese espíritu republicano que tanto predican, pues piden y solicitan, se me antoja, mucha guillotina para la traición socialista a la República, y la verdad es que para ser tan girondinos como presumen, y sentarse a renglón seguido como socios del PSOE, como en el caso asturiano, donde el consejero de Justicia, el señor Valledor (IU), se niega, tanto él como la «multinacional católica», a reconocer la labor moral de aquellos que no sólo no encarnaron ese espíritu republicano que hoy se ensalza, sino que, además, dieron su vida y sus bienes por la I y II República española, y no hablamos de la República frente-populista, sino de los intelectuales burgueses que fueron capaces de dar una República a este país en dos ocasiones.
Por eso tenemos la República hipotecada, porque hay quienes no salen del esquema de la tertulia republicana y no bajan arena de la praxis y han convertido a don Manuel Azaña en el Gadu de la República, aunque para otros don Manuel aparece como el Dios revelado o la piedra filosofal republicana y, por antonomasia, casi todos le han convertido en el oráculo de Delfos republicano.

Ésta es nuestra historia republicana. Atrás se quedan eclipsados por Azaña y el azañismo y los azañistas y por toda una pléyade de republicanos frente-populistas figuras como: Martínez Barrio, Marcelino Domingo, Álvaro de Albornoz o personalidades como Jaime Vera, Luis Simarro o Fernández de los Ríos, etcétera. Que también han dejado sus impresiones y sus trabajos al respecto, pero que se han caído de los devocionarios republicanos. Y ya no digamos aquellos otros que trajeron la I República del 73.

La realidad es cruda, y dice mucho de verdad visitar, por ejemplo, el cementerio civil de La Almudena. Dicen casi todo las tumbas olvidadas e ignoradas sin una triste flor de Pi i Margall, de Simarro o de Morayta de Figueras y no digamos aquí en El Sucu, donde sólo se cantan elogios ante el paredón o la fosa común, dejando al resto ya conocido sumergidos en el olvido. Aquí y ahora nos encontramos entre la querencia de un republicanismo anglosajón edulcorado y flojón y quien desea la República del Frente Popular, huyendo casi todos ellos de dar un nuevo corpus de respuestas a las complejas situaciones que nos presenta este nuevo siglo XXI.

Pues siempre se abordan las mismas cuestiones, tomadas una y otra vez y encarriladas hacia las necesidades de cada organización, poniendo especial énfasis en la idea del federalismo, pero que en general se quedan en palabras huecas en manos de tanto marxista como tiene tomada la idea republicana.

No podemos negarlo, hay mucho interés en presentar y recuperar la República del Frente Popular, frente a los conceptos republicanos de 1873 y, sobre todo, de 1931. República que encarnaron utópicos liberales y burgueses republicanos y, cómo no, socialistas, de los que se reniega por activa y pasiva y hasta se echa mano del republicanismo quintacolumnista, hoy metamorfoseado en plataformas y platajuntas, y clama por la República de los trabajadores frente a la República de los ciudadanos. Al final, viendo tales cosas habrá que preguntarse: ¿qué República... y con qué republicanos?

*VÍCTOR GUERRA*
Artículo publicado en el Diario La Nueva España (Gijón) 14-04-2006 http://www.lne.es