17 junio 2006

UNA VISITA AL CAMPO DE VERNET


Nunca hasta entonces había estado en un Campo de Concentración o de Internamiento, y tampoco es que Vernet d´Ariege, lo sea actualmente como tal, tan solo queda como recuerdo de lo que en su tiempo fue las tumbas de los que allí entregaron su vida, y la de aquellos otros que fueron pasando al Oriente Eterno poco a poco con el horror diario de tener que vivir con la pesadilla de la guerra, de los campos, de los abandonos y de las miserias propias y ajenas durante el resto de su existencia.

Me acerqué a Vernet d´Ariege, tras una corta estancia en Montauban, ese otro pueblo donde reposan los restos de otro extrañado: D. Manuel Azaña, así como los de otros tantos Manueles y Josés,,, y tantos hermanos que detrás dejaron tierras, e ilusiones…

A Vernet me llevaron dos testigos de excepción, que son como dos añejas almas de aquellos tiempos, pues son aún carne herida como “niños de la guerra” que son. Me refiero a los amigos José Martínez Serrano y a Floreal Arnal, murciano uno y aragonés el otro, los cuales de la mano de su sesentona existencia me condujeron una extraña mañana hasta el actual cementerio de Campo de Internamiento de Vernet, lugar al cual tras toda una peripecia vital
[1] arribó como otro exiliado español nacido en Verdicio (Luanco) el cual fue co-protagonista de la aventura del denominado por Nitti “El Tren Fantasma”, me refiero a José Artime.

En medio de esa extraña mañana del 10 de junio, con remolinos de frío y calor estival de junio, y en medio de banderas de “Amicales”, que representaban a las diversas Asociaciones del exilio, a los batallones ya desparecidos en el recuerdo, salvo en Francia, se entregaron parte de los restos de José Artime, amigo, Hermano, y socialista.

Allí se dejaron en lo que ya para siempre será una de sus dos moradas, allí quedó entre los viejos amigos del Camp de Vernet; la otra parte de sus restos fueron entregados al mar Cantábrico el año pasado, y el resto de su inmensa humanidad reposa en nuestros corazones.


Faltó entre tanta bandera como allí había, la enseña de nuestra región, nuestra bandera, su bandera “la asturina”. Algún día habrá que volver a Vernet y cubrir su tumba con ella, es algo que le debemos.

Y en medio de una cronometrada ceremonia se escuchó el Himno de Asturias, hubiera preferido la canción de "Asturias si yo pudiera" de Pedro Garfias, cuyo poema es un sincero y entrañable himno a la Asturias perdedora, a la Asturias laboriosa… pero ya sé sabe que los cánones son los cánones, y Asturias prefiere ser farolera y rumbosa y poner la flor…, tal vez sea lo mejor ante tanta desgracia como hemos vivido.

Se cantó poco, o para ser exactos no sé cantó nada, pues los franceses son tan protocolarios que se mordieron la emoción para que el acto no tuviese rupturas, y lo cierto es que yo no me atreví a romper el momento y me guardé para siempre en mi garganta tras cantar el Asturias Patria Querida, un sentido ¡Viva Asturias¡.

Y allí, entre saludas, tributos de banderas, y las notas de La Marsellesa, me pregunto a estas alturas como hubieran de sonar en aquellos predios el Himno de Riego, hubiera sido música de ensueño, pero digamos que llegué como el gaitero a la fiesta, sin más instrumento que la emoción y el diapasón de los recuerdos que me han quedado de José Artime y como una figura inerme ante tanta emoción.

Pero es una lección para los españoles, pues allí en Vernet casi 150 personas se reunieron para tributar un merecido homenaje a un viejo socialista y francmasón, y oyeron en rendido silencio el sentido verso que leyó en memoria de su amigo Floreal Arnal, titulado “A las 5 de la Tarde” de Federico García Lorca

Lo cierto es que Francia le debe mucho a España, y los españoles a Francia, pero desde mi modesta atalaya, no sé muy bien como tenemos a esta hora la cuenta del debe y haber, pues esa misma noche en Mountaban, volvíamos los españoles en medio de una recepción a los Miembros del Congreso Regional de Gran Oriente de Francia, a ser recordados, como gestores de una libertad imposible, recordados como perseverantes Sísifos perseguidores de una utopía rota a pedazos. Y no solo fue eso sino que a la mañana siguiente el Congreso Regional del GOdF, recordó de nuevos a los españoles exiliados y aquellos que dieron su vida bajo la enseña republicana que en esta ocasión estaba representada por la bandera de 3ª Brigada y de Batallón 33, en el cual parece que se encuadraron muchos francmasones.

Las palabras oías nos envalentonaron y nos devolvieron con justicia aquellos años en que se luchó por la libertad. Las palabras de los Hermanos Jalabert, Presidente del Congreso Regional y del Gran Maestre del GOdF: Quilladet, emotivas y llenas de gratitud hacia los españoles caídos por la libertad absoluta de conciencia, por defender los conceptos de fraternidad e Igualdad, como modelo y virtud de los conceptos republicanos, fueron todo un láudano que las nuevas generaciones recibimos cuando llegamos a laica Francia en pos de esa memoria perdida. Nuestra tierra tiene poco de grata con sus hijos.

Tal vez eché de menos en todos esos actos, como heterodoxo que soy, la mención a aquellos otros que tuvieron que quedarse en el suelo patrio, aquellos que vieron perder el tren de sus vidas, y que aquí padecieron hambre y miseria, y como no, duras persecuciones por el hecho de defender unas ideas o por llevar a gala un mandil masónico, o unas ideas de libertad soñada.

Tampoco me atreví a decir o expresar que en justa memoria también hay que recordar a esos otros que se quedaron, aunque prometo que la próxima vez, que la habrá, recordaré a esos otros menos recordados pero no por ello menos importantes, y seguro que habrá quien escuche pues hay quien no olvida, y los franceses en parte no están sirviendo de modelo a unos españolitos que tenemos que recurrir a una ley para recuperar nuestra memoria., lo cual no deja de ser cómico e irónico.

He dicho

Víctor Guerra


[1] Pagina Web Logia Rosario de Acuña , hay varios trabajos sobre José Artime. www.asturmason.es