14 mayo 2007

Entrevista a Gonzalo Puente Ojea


Lun, 14 de Mayo, 2007 8:13 am


Cullera Laica-L'Expressió 14 de Mayo de 2007

Gonzalo Puente Ojea, miembro de la Carrera Diplomática , fue
sucesivamente Subsecretario del Ministerio de Asuntos Exteriores,
Embajador ante la Santa Sede , y Presidente del Consejo Superior de
Asuntos Exteriores. Actualmente es Decano de la Carrera Diplomática
con el título de Embajador de España. Destacado e incisivo
intelectual, es autor de numerosos libros sobre historia, filosofía,
ideología, política, ateísmo, religiosidad, laicismo, etc., como
"Ideología e historia. La formación del cristianismo como fenómeno
ideológico", "Fe cristiana, Iglesia, poder", "Ateísmo y religiosidad",
"Elogio del ateísmo", "El evangelio de Marcos", "El mito del alma",
"La andadura del saber", etc. Gonzalo Puente Ojea es un referente
mundial en la defensa del laicismo.

C.L. Brevemente, ¿qué es la libertad de conciencia?

G.P.O. La capacidad y el derecho de cada individuo humano de pensar
libremente en el fuero íntimo de su conciencia sobre todas y cada una
de las cuestiones que su entendimiento, exento de coacciones, le va
sometiendo, a fin de optar y expresarse con plena libertad acerca de
las ideas, pensamientos y convicciones que la sociedad le plantea.

C.L. ¿Y el laicismo?

G.P.O. El laicismo es un idearium apoyado en una antropología y en una
ontología social y jurídica definidas por cuatro principios
fundamentales, a saber: 1) El principio de libertad de conciencia y de
igualdad formal de las conciencias; 2) El principio de distinción
entre el ámbito de lo privado (res privata) y el ámbito de lo público
(res publica); 3) El principio de la titularidad jurídica de los
individuos como únicos sujetos reales de derechos; y 4) El principio
de no-interferencia de la esfera pública en la esfera privada, y
viceversa.

C.L. ¿Se disfruta en España de la libertad de conciencia?
G.P.O. Pese a lo estatuido con carácter vinculante en el art.º 14 de
la Constitución —y que reitera el art.º 18 de la Declaración Universal
de los Derechos Humanos— de NN.UU. de 1948, que el Estado español ha
firmado y ratificado—, el cual establece con alcance normativo la
absoluta indiscriminación de todos los españoles sin excepción, así
como su estricta igualdad ante las leyes, en España se discrimina a
los ciudadanos de modo evidente y público en razón del «nacimiento,
raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra circunstancia personal
o social». En los espacios del nacimiento y de la religión, la
existencia de un monarca designado arbitrariamente por Franco y no
mediante un plebiscito previo a la redacción constitucional, además de
su carácter hereditario y dinástico, más su inmunidad ante el fuero
civil y criminal —un rey irresponsable—, de un lado; y la existencia
de una Iglesia católica financiada por el Estado, beneficiaria de
exorbitantes exenciones fiscales y de privilegios escandalosos en el
plano simbólico y mediático, más su control de la formación de los
ciudadanos por su protagonismo moral y religioso en todos los niveles
de la educación pública y privada, con financiación pública y control
del profesorado, de otro lado; resulta de escandalosa evidencia y
obscenidad pública que nuestro país vive en permanente estado de
inconstitucionalidad en numerosos planos de la vida individual y
colectiva, apoyada fundamentalmente en instituciones derivadas de modo
directo de la Dictadura franquista, con gravísima destrucción de la
raíz de todas las libertades, es decir, de la libertad de conciencia.

C.L. ¿Puede supeditarse la libertad de conciencia a voluntades políticas, mayorías sociales, perpetuación de tradiciones, etc.?

G.P.O. La subordinación de la libertad de conciencia a decisiones de
carácter político o religioso —además de otras— genera en nuestro país
una permanente situación de atropello de los principios esenciales de
la democracia y, por consiguiente, del laicismo en cuanto principio
indisociable de la igualdad y libertad de los ciudadanos.

C.L. ¿Quiénes son los responsables de esta situación?
G.P.O. Los responsables han sido las oligarquías políticas y fácticas
que, a través de partidos antidemocráticos y corruptos, impusieron a
los españoles durante la llamada cínicamente "transición democrática"
—entre 1976 y 1978, con los preludios de los tres años anteriores a la
desaparición de Franco—, con la asidua cooperación de la Iglesia, una
oligarquía de partidos —partidocracia— cubierta por la Corona en
perfecta simbiosis. Fue la gran mentira de la transición, la mayor
estafa a los ciudadanos de la historia de España. Desde entonces,
tanto el PP como el PSOE han rivalizado en el esfuerzo por hacer
inviable cualquier apertura u oportunidad para intentar una revisión
radical del actual régimen político que controla a la ciudadanía con
refinados instrumentos de dominación mental y material que jamás
llegaron a poseer con tan probada eficacia los regímenes anteriores.

C.L. ¿Cree que hay alguna voluntad política de instaurar un Estado verdaderamente laico?
G.P.O. Hay una clara voluntad política para cerrar la puerta a toda
pretensión de instaurar el laicismo en España. El actual gobierno de
Rodríguez Zapatero se ha distinguido en seguir engañando a los
ciudadanos con decisiones y actos de verdadera infamia política en
este plano de las libertades.

C.L. En Cullera tenemos símbolos religiosos en espacios públicos (incluso en el propio Ayuntamiento), actos religiosos oficiales, participación activa de autoridades municipales en misas y procesiones, imposición de símbolos católicos a toda la ciudadanía, etc. ¿Qué piensa de todo esto?

G.P.O. Un sistema de libertad de conciencia, y el principio de
no-interferencia de lo público con lo privado, en un auténtico espacio
laico, no toleran la presencia de símbolos religiosos de ninguna
especie en instituciones o bienes de carácter público. Es una afrenta
a otras conciencias, sean numerosas o no, que por sus iguales títulos
de ciudadanía se ven discriminadas.