10 julio 2007

EL LAICISMO EN EUROPA




Conferencia dictada por el Sr Philippe Grollet, Presidente del Centro de Acción Laica de Bélgica.

" Señor Jorge Carvajal Munoz, Presidente del Instituto de Estudios Laicos Contemporáneos,


Me siento muy honorado por la invitación que me hiciera don Jorge Carvajal para dictar esta Charla sobre el Laicismo en Europa. Estoy convencido que se habla mejor de lo que se conoce mejor. Discúlpenme entonces por referirme a la experiencia belga sobre el rema que esta tarde nos ocupa, no sin antes examinar a grandes rasgos las características del modelo francés, que - estoy convencido - les resulta más familiar. Con todo, y abusando de vuestra paciencia, me referiré al laicismo en Europa, en Turquía y tocaré brevemente et rema en los Estados Unidos de América. Espero terminar mi intervención con algunas consideraciones conceptuales que pueden ser de vuestro interés. Como se puede observar el término « laicismo » que ya resulta ambiguo en las lenguas latinas, no se puede traducir en las lenguas anglosajonas donde se prefiere reemplazarlo por « humanismo », « secularidad » y aún « libre pensamiento ». Tanto en Francés como en Español, la palabra « laicismo » comprende varios significados por lo que conviene estudiarla más de cerca.

1. El modelo francés

Hablaré primero del « modelo » francés para continuar con « la experiencia belga ».

Creo que se puede hablar del « modelo francés » por dos razones. Primero, porque éste surge como modelo de la Revolución Francesa (1789-1792) y segundo, porque el mismo aparece por una decisión política de corte radical que se produce en 1905 y que se define claramente como una estrategia de ruptura con el antiguo régimen cuya característica fundamental fue – como se sabe – una confusión permanente del poder monárquico del Estado en materia religiosa.

Por lo demás, y a pesar de sus limitaciones y de algunas contradicciones, el sistema francés es globalmente, et que ha logrado concretat este ideal – mucho más difícil de focalizar desde un comienzo – de separación entre la Iglesia y el estado.

1.1. La constitución Francesa

El art. 2 de la Constitución Francesa de 1958 señala que « Francia es una República indivisible, laica , democrática y social. Respecta la Igualdad ante la Ley de todos, los ciudadanos sin distinción de origen, de raza o de religión, respetando asimismo todas las creencias ». En esta líneas, el principio se plantea claramente. El laicismo institucional a que hace mención el art. 2 de la Constitutión se define por la igualdad de los ciudadanos y por la imparcialidad de un Estado garante del respecto de dicha igualdad y respecuoso de todas las convicciones. En efecto, el texto constitucional habla de « creencias », lo que es formalmente restrictivo, aunque desde un punto de vista estrictamente jurídico todos están de acuerdo en considerar que la expresión « creencias » incluye también a las « no creencias o no creyentes ».

1.2. La Ley del 9 de diciembre 1905 sobre la separación entre la Iglesia y el Estado

Este texto fundamental plantea dos principios esenciales, a saber :

· La República asegura la libertad de conciencia y garantiza el libre ejercicio de cultos, con excepción de las restricciones que a continuación se señalan (…).

· La República no reconoce, no paga ni ororga subvención alguna a ningún culto (…). Con todo, se podrá incluir en el presupuesto los gastos relativos a los servicios de caridad que aseguran los religiosos con miras a que todos rengan acceso al libre ejercicio de cultos en establecimientos públicos comos liceos, colegios, escuelas, hospicios, asilos y cárceles (y obviamente en las fuerzas armadas).

El art. 12 de la Ley de 1905 señala que los edificios publicos (catederales, iglesias, capillas, sinagogas, arzobispados, obispados, presbisterios, seminarios) que habían sido confiscados por la Revolución Franscesca continuan siendo propiedad del Estado, de los Departamentos y de las Comunas asi como deben ponerse a disposición gratuitamente para el ejercicio de cultos.

1.3. El sitema escolar francés

Las leyes de Jules ferry que instauraron la educación pública, laica y gratuita perfeccionaron el edificio.

En Francia, la enseñanza privado o “particular” la organizaron las congregaciones religiosas católicas. A la enseñanza privada o “particular” (se les denomina libres porque no dependen del Estado), han recibido importantes subvenciones públicas y, dicho sea de paso, esas escuelas católico-religiosas constituyen un serio peligro para la izquierda política de ese país. Con todo, en Francia, la gran mayoría de los alumnos de los ciclos primario y secundario asisten a los establecimientos públicos que se encargan, en consecuencia, de hacer una mezcla de todas las opiniones confesionales o no confesionales.

En Francia, los cursos de religión no se imparten en la escuela pública. Por tanto, si los padres deciden dar a sus hijos una educación religiosa deben hacerlo fuera del horario normal de clases. Pero, conviene señalar que si bien los cursos de religión no forman parte de los planes y programas de las escuelas públicas, existe una asignatura de filisofía que se imparte a todos los alumnos, sin distinción alguna. Y es precisamente en esta asignatura donde se estudian los valores, cualquiera sea su naturaleza.

1.4. Límites y paradojas del sistema escolar francés

Desde un punto de vista estrictamente laico, el sistema francés parece perfecto, sin duda alguna.

Pero si se observa el tema con mayor profundidad, cualquiera puede darse cuenta de sus límites, paradojas, aún de sus contradicciones. Con todo, no es intención mía provocar malentendidos. Por otra parte, no habría tiempo para entrar en detalles, aunque para mi resulta evidente que el sistema francés me parece el mejor, aunque por razones atingentes a la historia y a la correlación de fuerzas políticas, diferentes de un país al otro, el modelo francés resulta francamente difícil de reproducir, tanto más cuanto que permanece muy aislado en relación al resto de los países de Europa.

Sin embargo, me gustaría volver al modelo francés no para minimizarlo, sino para tratar de entenderlo con todas sus limitaciones, matices y paradojas. Hablaré especialmente de sus límites.

Tomemos por ejemplo los límites territoriales. A este respecto convendría señalar que una porción importante de Francia - me refiero a las regiones de Alsacia y Lorena – fue anexada a Alemania como resultado de la guerra de 1870 y que volverán a ser territorio francés después de la guerra de 1914-1918, mantendrán el sistema de Concordato que resultó de los acuerdos firmados por Napoléon 1er y el Papa Pío VII. En este marco, en los Departamentos de Alsacia y Lorena los ministros de los cultos católicos, protestantes e israelitas recibían una remuneración.

No obstante, el sistema francés merece una crítica mucho más seria. Así, y desde un punto de vista conceptual, la Ley de 9 de diciembre de 1905 señala que la República Francesa no reconoce culto alguno. Pero, a pesar de esa decisión, se produce un reconocimiento implícito de ciertos cultos que se beneficiaban gratuitamente con el uso de catedrales, iglesias, templos, sinagogas, arzobispados, obispados y otros que fueron financiados y/o reconstruidos (aunque no necesariamente en el mismo lugar) por el Estado, el Departamento o la Comuna lo que representa un presupuesto anual de varios miles de millones de francos, pagados por los contribuyentes.

Se puede observar también un cierro malestar en la gente por la aparición en territorio francés de ciertos cultos como el Islamismo que tuvo la suerte de que sus lugares de culto no se vieran confiscados en 1792 en el que las Mezquitas, no constituyeron propiedad del Estado ni son mantenidas por este, lo que significa una discriminación, si se tiene presente que los musulmanes constituyen la segunda comunidad religiosa, muy por encima de las comunidades protestantes e israelitas. Aun en el caso especifico de los capellanes se acepta desde hace unos diez años a capellanes de confesión musulmana. ¿Se podría decir entonces que el sistema francés no reconoce los cultos?

Habría que señalar otra paradoja en el sistema francés : el sistema francés reconoce el culto religioso y le a un importante apoyo en materia de manutención de las iglesias católicas así como el pago de los salaríos de los capellanes de las Fuerzas Armadas, en las cárceles,… Por eso, nada resulta más chocante que un soldado en ejercicio, un detenido, un enfermo postrado en cama, que se encuentra frente a un problema moral pueda solicita la ayuda de un sacerdote, de un pastor, de un rabino o de un imán. Pero si se trata de un arco o agnóstico, no tiene derecho a una ayuda moral si éste la necesita. ¿Acaso, piensan Uds, que no existe discriminación cuando se ayuda a un ciudadano que profesa una religión y otro que la profesa?

De esta manera, se puede afirmar que el sistema francés ignora este aspecto y no ofrece ayuda alguna en ningún tipo de asistencia moral laica, teniendo presente que este tipo de servicios no habría que confundirlo con una ayuda psicológica o social que se da por cierto en las fuerzas armadas, las cárceles y los hospitales.

2. La experiencia belga

Me referiré ahora a la experiencia (y no al “modelo” belga), porque a contrario sensu de lo que sucede en Francia, en Bélgica no se ha instituido el laicismo en términos de ruptura. Como recordarán, en Belgica no ha habido una revolución como sucedió en Francia en 1789. Desde que Bélgica existe y se reconoce como Estado independiente, hasta un pasado no muy lejano los Poderes públicos han debido negociar con la Iglesia (por no decir que estaban bajo sus órdenes) y, de este modo, el laicismo ha penetrado lentamente en mi país, y de una manera pragmática, es decir la búsqueda de decisiones políticamente realizables en un contexto determinado.

En este punto especifico, es decir la solución política, la experiencia belga es interesante y puede ofrecer pistas a otros sistemas que no podrían contar con cambios políticos significativos, como fue el caso de Francia, en donde sí hubo una redistribución del poder, como resultante de las medidas adoptadas por la Revolución Francesa.

2.1. El contexto histórico

Bélgica no conoció “su” Revolución Francesa. Al haber sido anexada por Napoléon, mi país dependió del Imperio francés que apenas logró digerir. Anexada luego al Reino de Holanda por el Tratado de Viena (1815), las provincias belgas no vivieron mejor ni se desarollaron en este nuevo episodio de su historia.

Después de 15 años de haber vivido bajo et régimen holandés, la revolución belga comenzaba a perfilarse y estalló en Bruselas en 1830. Pero, hay que señalar claramente que la revolución belga no tenia nada que ver con la que fue la Revolución Francesa de 1789. Por una parte, conviene recordar que la revolución belga fue nacionalista y tuvo un origen burgués. Y estos elementos que había prohijado un sentido de unión entre los belgas se hizo posible por dos grandes corrientes políticas de la época : los conservadores ultramontanos y clericales que reprochaban a Guillaume d’Orange, a la sazón Rey de los Países Bajos, de ser protestante y de pretender nacionalizar las escuelas dejando en mala situación al monopolio de las congregaciones religiosas católicas que controlaban completamente el sistema escolar y, por otro lado los liberales (en su mayoria tan católicos como los conservadores y clericales), como fue el caso de Théodore Verhaegen que fundaría más tarde la ULB (l’Université Libre de Bruxelles), pero no cejaba en que sus hijas asistieran a misa.

Con tode, habría que señalar que los liberales eran en su mayoría católicos, no aceptaban el clericalismo, es decir el poder de la Iglesia en materia religiosa y su influencia sobre lo polítíca. Por otra parte, los liberales reprochaban a Guillaume d’Orange un excesivo intervencionismo en materia económica.

Hénos entonces a liberales y católicos como aliados circunstanciales para expulsar a los holandeses del territorio belga. Como resultado de tan circunstancial alianza se produjeron hechos importantes como la Proclamación de la Independencia de Bélgica y la redacción de una Constitución. Promulgada en 1831, esta Constitución fue una de las más liberales de su época. Entre otros, la Constitución de 1831 consagra la libertad de prensa; la libertad de asociación; la libertad de cultos; el secreto de la correspondencia; la privacidad del domicilio, pero también la libertad de enseñanza, es decir, la libertad que se dejó al Episcopado y a las congregaciones religiosas de organizar el sistema escolar sin depender de la tuición del Estado.

2.2. La colonización interior

Por mucho tiempo les católicos dieron a la “libertad de enseñanza” una connotación en la que se prohibía al Estado inmiscuirse en este principio. Es más, la Constitución de 1831 en su Art. 117 (actualmente el Art. 181 de la Constitución vigente) señala que “los sueldos y pensiones de los ministros de cultos reconocidos por la ley están a cargo del Estado”.

El tema de la libertad de enseñanza dará origen a problemas más importantes que la remuneración de sacerdotes, pastores y rabinos. El Estado Belga reconoció sucesivamente el culto católico, el culto reformado, el culto anglicano y el culto israelita.

En el presente siglo, el Estado Belga reconoce además los cultos musulmán y ortodoxo. Mediante una enmienda a la Constitución de 1993, se reconocen también las comunidades filosóficas no confesionales, tema al que me referiré más adelante.

El tema de la libertad de enseñanza fue el origen de serios enfrentamientos a fines del siglo 19 y en la primera mitad del siglo 20, en donde se llegó a hablar de “la guerra escolar”. Primero los liberales y luego los socialistas (el antiguo Partido Obrero de Bélgica) querían entregar al pueblo una enseñanza gratuita y neutral para que los padres tuvieran la libertad de elegir entre una educación a cargo del Obispado, de los Jesuitas o de los Barnabitas (Orden de los clérigos de San Pablo).

Cuando liberales y socialistas dirigieron el Gobierno hicieron esfuerzos por aumentar el numero de escuelas del Estado, lo que no fue, por supuesto, del agrado de los católicos que no querían escuchar nada de esta materia, pero que por el contrario pedían que las escuelas “libres” fuesen subvencionadas por el Estado.

Más, cuando liberales y socialistas constituían la Oposición, intentaban trasladar el problema desde el nivel nacional al provincial y comunal haciendo que provincias y comunas abrieran escuelas que el Estado se negaba a hacer.

Hubo entonces que esperar a 1980 para que la Constitución reconociera definitivamente el deber (y no el derecho) de instaurar la libre elección entre una enseñanza confesional y una no confesional, mediante la creación de escuelas en donde su necesidad de apertura se hacia sentir.

Un modelo de laicismo a la francesa parecía completamente utópico en un país colonizado por la Iglesia Católica, en la que los partidos liberales y conservadores, han sido gobierno por más de 150 años. Este modelo de laicismo fue sólo al comienzo y cuando se tuvo la mayoría absoluta (antes de la aprobación del sufragio universal), o bien en coaliciones entre liberales y socialistas.

2.3. La estrategia del movimiento laico belga

Ante la imposibilidad de modificar radicalmente el sistema, en el que a título de ejemplo, se exigía la abolición del artículo de la Constitución referido al pago por el Estado de sueldos y pensiones de los ministros del culto para lograr una separación entre la Iglesia y el Estado, que resultaría ser más satisfactorio aunque no exento de ambigüedades, los laicos belgas optaron por un método más pragmático.

2.3.1. La Universidad Libre de Bruselas (ULB)

La primera acción en que el laicismo resultó posible gracias a la acción de los liberales históricos y a la Francmasonería fue la creación, en 1834 (es decir cuatro años después de la Independencia) de la Universidad Libre de Bruselas (ULB), que 155 años más tarde, como es de vuestro conocimiento, mantiene relaciones con la Universidad “La República”, de Santiago de Chile.

Durante el régimen de dominación holandesa (18151830) el Rey Guillaume d’Orange modernizó la muy antigua Universidad Católica de Lovaina (la que otrora frecuentó Erasmo de Rotterdam). El monarca la desconfesionalizó y transformó en una Universidad estatal. En 1830, la Universidad del Estado de Lovaina, que se consideraba como un estigma para el Estado por el régimen holandés, fue cerrada.

Acto seguido, el clero belga terminó por reabrir, en Malines (sede del Arzobispado que se encuentra a kilómetros de Lovaina) une universidad católica cuya vocación era, al decir de su primer Rector, “hacer triunfar la doctrina santa para ponerse a cubierto de las herejías y aberraciones de los renovadores : para recoger toda doctrina santa que viniera de la Santa Sede; para rechazar todo lo que no viniese de ran Augusta fuente”. De este modo, se demarcó el terreno.

Théodore Verhaegen, abogado y político (que llegaría a ser afios más tarde Presidente del Senado y Venerable Maestro de la Logia Masónica “Los Amigos Filántropos” del Gran Oriente de Bélgica), se encargó de poner en práctica el proyecto de su amigo Auguste Baron, verdadero iniciador de la Universidad Libre de Bruselas (ULB).

Esta Universidad ha sido durante gran parte de la historia de Bélgica como Estado Independiente, un semillero de liberalismo, de socialismo y de anti-clericalisomo. Con todo, no sería un exceso de calificar a los fundadores de la ULB como anticlericales, a pesar de que André Uyttebrouck la defina desde sus primeros tiempos como una institución neocristiana, ni anticatólica, ni obviamente anti-religiosa. Diría simplemente anti-clerical, lo que no es lo mismo.

Con el correr de los tiempos, la ULB se transformará también en un semillero de racionalismo y de materialismo. En 1890 se procedió a la modificación de sus estatutos señalando que tanto la enseñanza y la investigación que en ella se dicta y realiza se fundan en el libre examen. La ULB constituirá también un vivero de políticos liberales y socialistas y de personalidades belgas que jugaron un rol prominente en todos los sectores de la actividad nacional.


2.3.2. Le defensa de la escuela pública

Durante el régimen holandés, mientras el Estado ejerció un monopolito casi total de la educación, los laicos no cesaron su lucha en defensa de la escuela pública belga. Me faltaría tiempo para referirme a lo que se convino en llamar “las guerras escolares”, que en algunas oportunidades llegaron casi a desintegrar el país.

Pero, dada la brevedad del tiempo, digamos que en 1958 se encontró un cierto equilibro entre las partes que se denominó “el pacto escolar”.
Según dicho pacto, los católicos aceptaban la necesidad de dar a padres y alumnos la posibilidad de libre elección en materia de educación, cualquiera fuese el nivel, es decir la posibilidad de elegir un tipo de educación no confesional que entregaba el Estado o los poderes descentralizados tanto a nivel provincial y comunal. Por su parte, los laicos aceptaron que establecimientos católicos privados que respondieran a ciertos criterios objectivos serían subvencionados, sin distinción alguna, lo que garantizaba la permanencia de la educación católica. Los laicos aceptaban también que habría un curso de religión católica obligatorio en todas las escuelas públicas (estatales, provinciales y comunales), pero que se ofrecería una alternativa a los alumnos para elegir entre una asignatura de religión católica de otra religión legalmente constituida, fuese ésta la religión protestante, israelita, ortodoxa o musulmana, lo que se produjo hace unos 20 años, o, en su defecto una asignatura de moral no confesional, basada en el libre examen.

Esta solución resultó ser muy diferente al “modelo francés” que para muchos belgas se consideró como un modelo ideal. Con todo, la decición que se adptó en Bélgica tuvo el mérito de tener en consideración el contexto constitucional y la correlación de fuerzas que se gestó en el pasado. Por otra parte, la decisión belga permitió popularizar el concepto de laicismo y la noción de libre examen en amplias capas de la población de mi patria acentuando con esto la descristianización del país sin llegar a dramáticas rupturas ni a guerras de religión.


2.3.3. La constitución de una red asociativa voluntaria

Un tercer eje de la estrategia del movimiento laico en Bélgica consistió en la creación (a menudo, pero no siempre, de inspiración masónica) de asociaciones de voluntarios que se responsabilizaban de algún tipo de actividades en los que los valores laicos están en juego.

De cualquier manera, convendría no confundir el laicismo belga con la Francmasonería de mi país ni con la ULB, aunque es de justicia decir que aquélla les debe mucho.

“La Liga por la Enseñanza” es la más antigua de esas asociaciones. Fundada en 1864 (con altos y bajos como toda institución humana), “La Liga” constituyó un grupo de presión, un centro de estudios, y ha sido hasta la actualidad cabeza visible del laicismo en lo que a defensa de la escuela pública se refiere.

Cabría hacer notar que desde mediados del siglo 19, también se organizaron en Bélgica asociaciones de libre pensamiento, ligas humanistas y universidades populares. Es más, en la segunda mitad del siglo 20 surgió un número importante de asociaciones cuyos objectivos fueron no sólo defender sino además divulgar los valores del laicismo en campos variados como la educación permanente, la radio y la televisión, la asistencia moral o los detenidos, a los pacientes hospitalizados, a cooperación para el desarrollo y en todas las esferas donde se hacía necesario quebrar el monopolio de faco del pensamiento dominante, incluso en la creación de asociaciones que apoyaban la contracepción - tema tabú hasta los años 60 -creando centros médicos extra-hospitalarios de altísima calidad, pero en la ilegalidad más absolura, donde se practicaron interrupciones voluntarias de embarazo. Uno de estos centros funcionaba en la Universidad Libre de Bruselas.

La generalización de cursos de moral laica (a las que acabo de referirme) facilitó el nacimiento de centenas de asociaciones locales conocidas como “Amigos de la moral laica” que no sólo confirmaron la difusión de estos cursos y les dieron un macizo respaldo cimentado en una gran transparencia social y en una verdadera comunidad filosófica no confesional.


2.3.5. La movilización en torno a problemas éticos

El laicismo no se refiere solamente a un problema escolar ni a una cuestión de considerables fortunas. El laicismo se ocupa también de desafios sociales como cuando alguien se pregunta si la Ley tomará en cuenta o desechará, temas puramente éticos y la pluridad de sensibilidades involucradas.

No cabe duda que el rema resulta de suyo complejo si se habla de legislación sobre el divorcio, la filiación, la adopción, las discriminaciones sociales que se imponen a los homosexuales, el aborto, la eutanasia, los remas referidos a la bioética y otros de enorme trascendencia.


2.4. La situación actual

2.4.1. Los problemas éticos

Es precisamente en los temas a los que acabo de referirme que han permitido al movimiento laico tomar mayor conciencia de su identidad.

2.4.2. La participación no confesional en el debate ético

La presencia no confesional se ha impuesto tanto en el debate ético y en el debate público. Actualmente, nadie podría imaginarse que en un debate de esta naturaleza, trátese de las estaciones de televisión pública o privada en el que un punto de vista católico no sea contrabalenceado por una posición laica. Puedo afirmar que el pluralismo ha penerrado en las costumbres de los ciudadanos de mi país.

2.4.3. La comunidad no confesional ha logrado respecto

Estimados amigos, puedo afirmar que la comunidad filosófica no confesional ha adquirido un respecto que no se puede discutir. Sus representantes, entre los que deso destacar a mi colega, el Presidente de la “Unie Vrijzinnige Verenigenen” (que es el homónimo des CAL flamenco) y el que les habla, en su calidad de co-Presidente del Consejo Central Laico somos recibidos en audiencia especial por el Jefe del Estado Belga e invitados a las ceremonias oficiales con los cuerpos constituidos, al mismo nivel que los representantes de los diversos cultos. Al mismo nivel, pero no con el misimo rango. Y es precisamente por esta segregación que en algunos días más iniciaremos una campaña para que cese de una vez por toda esta bufonada “a la belga” que hace que el Cardenal se ubique en el protocolo, inmediatamente después del Rey y que preceda o los Presidentes de la Cámara y del Senado, al Primer Ministro y al Presidente de la Corte de Casación. Estos vestigios del Antiguo Regimen tienen que desaparecer y haremos los erfuerzos necesarios para que esto no continúe.


2.4.4. El principio de neutralidad de la escuela pública figura en la Constitución

El principio de neutralidad de la escuela pública figura en nuestra Constitución. Pero, hay que señalar que un cincuenta por ciento (50%) de los alumnos francófonos se matriculan en la enseñanza católica privada y este porcentaje se eleva al setenta por ciento (70%) en el caso de los niños flamencos.

En cualquier caso, se precisa señalar también que la ensefianza católica se ha hecho cada vez menos militante y que el proceso de descristianización ambiente va disminuyendo. Pero este fenómeno es extremadamente lento y el secretariado general de la educación católica (que depende directamente de los Obispos) continúa afirmando que “las escuelas cristianas” (ya no se les llama “católicas”, lo que en mi opinión es bastante retrógrado) tienen una misión evangelizadora.


2.4.5. El curso de Moral laica ha permitido popularizar un enfoque no confesional de la moral en los sectores populares

Un aspecto importante de los cursos de moral laica que se imparten en las escuelas públicas consiste en haber popularizado las ideas del laicismo y del libre examen y enterrado para siempre una idea que tuvo gran difusión hace unos treinta años, es decir, que no puede haber moral sin Dios. Por cierto existe una moral sin Dios y aun un curso de moral sin él.

Estos cursos no tienen un objetivo promocional (porque no es su objetivo) y los programas estimulan a los maestros a dar a conocer a sus alumnos la contribución de distintas religiones a la reflexión contemporánea, cuidando seleccionar la diferencia entre la investigación por los sentidos, los valores positivos, las supersticiones y los factores de discriminación que, en cierto sentido, transmiten las religiones.

2.4.6. El laicismo de Estado avanza lenta, pero seguramente en todos los terrenos

Cuando se observa la evolución de la sociedad belga en estos últimos treinta años, uno no podría sino sorprenderse por el camino recorrido. En efecto, junto al reconocimiento constitucional de una comunidad filosófica no confesional, se ha logrado la legislación en varios aspectos y, puedo afirmar con cierto orgullo, que actualmente no existe en mi país un aspecto ético que no tenga en consideración el punto de vista laico.

Por eso, en algunas semanas más el Parlamento belga comenzará a discutir el complejo problema de legislación sobre la eutanasia, habida cuenta que se pretende buscar soluciones humanas y del mayor respecto como es el derecho a morir dignamente y de élegir el monumento de la muerte de cada cual. Esto, queridos amigo, habría resultado impensable hace diez años atrás.


2.4.7. Las casas (instituciones) del laicismo, los programas de television, internet

En Bélgica se han creado unas 60 casas del laicismo, de las cuales hay unas 40 en la Región Valona. Estas constituyen una vitrina de la comunidad filosófica no confesional. Allí se dictan conferencias, se inauguran exposiciones, se organizan reuniones de convivencia. Además se han montado servicios de documentación, ciber-espacios, oficinas de empleo, servicios de asistencia judicial, lugares de asistencia moral.

Los recursos que el Estado ha otorgado a la comunidad filosófica no confesional han servido para abrir y hacer funcionar unos quince centros de asistencia moral que sirven a aquellos que tienen dificultades éticas como la separación de parejas, nacimientos no deseados, desesperanza y marginación social. Allí, los que sufren este tipo de problemas no encuentran, individual o colectivamente, respuestas definitivas, sino interlocutores válidos, atentos y respetuosos de la autonomía y la dignidad personal que tratan de ayudarlos a que encuentren su propia respuesta al problema que los aflige.

Estos lugares, como la “Red Laica de Solidaridad”, permiten tomar contacto con aquella parte de la población que sin tener lazo alguno con la red laica tradicional (que es un tanto elitista desde el punto de vista cultural) tienen la posibilidad de encontrarse con otra concepción de la vida.

Teniendo como lema el principio “de juntar a lo que está esparcido”, la estructuración de la acción laica belga ha permitido a las distintas asociaciones reunirse y cooperar. Hay que reconocer que esto se ha logrado con dificultades y a veces hasta con desavenencias.

Todo est ha permitido al CAL tener una revista mensual, una editora, un sector audiovisual, un sitio web realmente desarrollo como lo es www.laicité.be.


Todos estos logros han permitido a la comunicad no confesional de Bélgica disponer desde hace más de 30 años de un espacio radial semanal y cada dos meses por la televisión, que es equivalente a los horarios de programas religiosos católicos.

Los logros que el laicismo belga ha conseguido a nivel internacional, se han materializado en el establecimiento de no sólo relaciones bilaterales con otras asociaciones laicas extranjeras, especialmente en Hungría y Polonia, sino además con el mantenimiento de relaciones multilaterales a través de “The International Humanist Ethical Union” y de su filial europea a través de la “Federation Hùmumaniste Européenne” cuya sede se encuentra en Bruselas, y para ser más exacros en los locales del CAL.


3. Un apretado resumen de otros países

Estimados amigos, talvez me he extendido más de la cuenta, pero abusando de vuestra paciencia, voy e referirme muy brevemente al tema que nos ocupa en otros países.


3.1. Alemania

La coexistencia en Alemania de dos grandes religiones y consecuentemente de dos grandes iglesias (lacatólica y la luterana) ha hecho que contrariamente a Francia, Bélgica, Italia y España, Alemania no haya conocido un sitema religioso hegemónico. Por lo mismo, y tal como sucede en Holanda, dicha coexistencia tiene como consecuencia una visión más integral de las mentalidades.

La ley fundamental que rige en Alemania ha hecho que en el territorio germánico coexistan un conjunto de Estados neutros no confesionales. En todo caso, la ley alemana reconoce a las Iglesias una función social y les confiere un status de asociación de derecho público.

En este entenido se reconoce a estas Iglesias el derecho de organizar su respectivo culto y proporcionar asistencia moral, y al propio tiempo la capacidad de llevar a cabo actividades educativas, culturales y sociales. De cualquier manera tanto la religión católica como la luterana y no las que profesan una concepción filosófica y otras menos numerosas de tipo confesional son bonificadas por el impuesto a la Iglesia (kirchensteuer) que se saca a los trabajadores alemanes que el Estado deduce de los sueldos de los ciudadanos de ese país.

El sitema alemán también se practica en Suiza, en algunos países escandinavos, en Italia, España y otros.
La particularidad del Impuesto a la Iglesia que se practica en Alemania, así como en ciertos Cantones suizos, consiste en que el contribuyente que decide retirarse de su Iglesia es liberado de este impuesto, lo que significa para él una importante economia en materia de tributos.

Mirado así, el sistema alemán es criticable porque viola el principio de la Igualdad. Lo es también puesto que excluye a religiones minoritarias y a la comunidad no confesional. Lo es igualmente porque en materia de bautismo es el adulto (y no el bautizado) el que decide ante el Estado su pertenencia a tal o cual culto.

Resulta claro que toda persona puede cambiar de religión, pero esto también es grave porque si se trata de un obrero o empleado, su declaración de retíro de una Iglesia pasa por su empleador, lo que constituye manifestamente una violación al principio de protección de la vida privada.


3.2. Italia

Durante el régimen fascista, el Estado pagaba los sueldos a los sacerdotes. Se ha mantenido dicho sistema durante largo tiempo y se lo ha reemplazado desde hace unos quince años por un descuento fiscal voluntario que consiste en que el contribuyente tiene la posibilidad de deducir una fracción equivalente a ocho milésimos de sus impuestos que van en beneficio de la iglesia católica o de los Adventistas del 7 Día, o de los Testigos de Jehovah o de las Asambleas de Dios. En cuanto a los Israelitas, estos han llegado a un acuerdo con el Estado italiano de aplicación de un sistema de impuesto concerrado de ayuda pública.


3.3. Noruega

Una particularidad existente en Noruega es que también ha adoptado un sistema de impuesto “filosóficamente dedicado” (utilizo a propósito esta fórmula en lugar de impuesto para la Iglesia), debido a que con dicho impuesto no sólo diferentes cultos tienen derecho a esa repartición de los fondos públicos, sino también se incluye a la “Asociacion Humanista Noruega” que hace que nuestros colegas laicos de ese país constituyan la asociación no confesional más rica del mundo, basándose en la aplicación del principio elemental de la justicia distributiva.


3.4. Turquía

Como se comprenderá el laicismo en Turquía se encuentra a las puertas de Europa.

A este respecto, habría que recordar que en el programa de reformas iniciado por Mustafá Kemal Atatürk tenía como objectivo hacer de Turquía una república laica basada en tres ejes : (1) una intransigente política de desislamización (2) erradicación del Islam en lo público para relegarlo al ámbito privado (3) estarización organizada del culto.

En 1924, e inmediatamente después del Sultanato, se abolió el califato; se suprimieron el Ministerio de Asuntos Religiosos y las Fundaciones de Caridad y se les reemplazó por la “Dirección de Asuntos Religiosos” que dependía del Primer Ministro. En ese mismo año se suprimieron los Tribunales Religiosos.

Por otra parte, en 1925 se prohibieron las Cofradías religiosas y la Constitución decidió un cambio en la vestimenta que prohibió el uso del Velo y del Fez, símbolos de pertenencia al Islam.

En 1926, se adoptó una legislación basada especialmente en el Código Civil Suizo y entró en vigencia un Nuevo Código Penal.

En 1928, se eliminaron de la Constitución Turca artículos relativos al Islam (el Islam dejó de ser religión de Estado) y se prohibió la poligamia.

En 1930, se aprobó el derecho a voto de las mujeres y su capacidad de ser elegidas en elecciones comunales, lo que se amplió en 1934 a las elecciones nacionales.

En 1937, hubo una revisión a la Constitución que incluyó (1) el laicismo del Estado (2) el principio del republicanismo (3) el nacionalismo, no como se entiende habitualmente, sino en el sentido de unitad de la nación.

Todo lo dicho anteriormente no ha impedido la creación de un Partido Islámico que ha obtenido importantes triunfos electorales. También, resulta licito preguntarse si los ideales de universalidad, igualdad y participación ciudadana han sido respectados por los gobiernos que sucesivamente se han sucedido en el poder, los que en nombre de la “unidad nacional” y a veces del laicismo han relegado a un destino poco envidiable a sus minorlas armenias o kurdas.

3.5. Los Estados Unidos de América

Se sabe que los Estados Unidos de América establecieron la separación entre la Iglesia y el Estado. De hecho, en los Estados Unidos ninguna Iglesia recibe subvenciones públicas ... pero todas pueden beneficiar de ventajas fiscales a veces muy importantes, lo que como cada uno lo sabe ha ampliamente contribuido a la emergencia y a la riqueza preocupante de ciertas sectas. Tome un billete de banco americano. En cada uno de esos famosos billetes verdes, se puede leer “In God, we trust” y como cada uno lo sabe el Presidente de los Estados Unidos tendrá primero que prestar juramento sobre la biblia antes de ejercer. Si miran ustedes regularmente a CNN, van a ser también impresionados de ver la frecuencia con la cual las autoridades americanas creen deber siempre invocar a Dios, Jesus o la religión ... Por fín, la legislación de uno de los Estados Unidos ha ordenado la retirada en los programas de biología de las escuelas la teoría de la evolución, con el motivo que este ofendería las creencias de ciertos christianos que ven en eso una inadmisible contradicción con el Génesis ... Rara separación entre la Iglesia y el Estado ...

4. Enfoque conceptual de la laicidad a la luz de estas direrentes experiencias

4.1. ¿Quién somos nosotros los laicos? Una palabra, dos aspectos

La laicidad que reivindicamos tiene dos aspectos : el primero concierne la organisación de la ciudad, es la laicidad política, el segundo concierne la concepción de la vida.

4.1.1. La laicidad de la sociedad

El Estado laico es él que realiza una separación efectiva entre el espacio público y sus instituciones (que representan el patrimonio común) y las iglesias y convicciones religiosas o filosóficas diversas (que conciernen la esfera privada de los ciudadanos). Es solo a garantizar la igualdad de los ciudadanos cualquier sea su convicción y la imparcialidad del poder en esta asignatura. Es el único garante de una entera libertad de consciencia, de una libertad de pensamiento ... y de religión. Se deduce que la defensa del principio de laicidad del Estado y de los poderes públicos no es el atributo propio de los agnosticos y de los ateos porque, propiamente dicho, no hay libertad de religión fuera del Estado laico.

En cuanto el Estado se califica explicitamente o implicitamente de católico, de islámico, de christiano, de judio o de todo lo que se quiere (esto vale también para la apropiación atea del Estado que es tan anti-laico que el Estado theocrático), reduce a la sub-ciudadanía todas las minorías que no profesan la confesión oficial ... Y también los que, perteneciendo a la religión mayoritaria, pretenden defender un punto de vista marginal o disidente.

En realdad, ninguna democracia es posible sin laicidad política y esta exigencia es común a todos los demócratas que sean libres pensadores, christianos, musulmanos, israelitas.

Pues, en este sentido, la laicidad no es un sub-grupo de la sociedad que convendría “reconocer” al mismo título que los otros sub-grupos que son los católicos, los protestantes, los musulmanos, etc pero un principio de organización de la cosa pública fundada sobre una visión universal de la sociedad.

4.1.2. La laicidad de los individuos

Pero en un otro sentido, la misma palabra “laicidad” aspira no soló a una exigencia de imparcialidad y de perfecta independencia de los poderes públicos respecto a las convicciones religiosas o filosóficas, pero también a una concepción de vida de la que los fundamentos no-confesionales son extranjeros a toda referencia divina, sobrenatural o transcendante.


4.2. Para que la reivindicación por una sociedad laica y de una ética personal no confesional se complementen

Resulta entonces importante, y sin la intención de aumentar los malentendendidos, pensar de qué “laicismo” se habla. En otras palaras, se trata por une parte de un tipo de laicismo institucional que exige la imparcialidad de los poderes públicos en relación a concepciones filosóficas y religiosas que son única y exclusivamente de la esfera privada y, por otra parte, de una laicidad en materia de valores o de convicciones que plantean el derecho de los librepensadores, ateos, agnósticos y humanistas materialistas a que se les reconozca como tal y su derecho a hacer escuchar con toda claridad tanto sus puntos de vista filosóficos o éticos cuanto que puedan dar un sentido a su existencia y a su concepción de la vida.

Con todo, una distinción semántica como la arriba planteada no puede llevar a la falacia en la que existiría contradicción u oposición de una vertiente que se denomina “laicos” que reivindica un amplio espacio público que exige que éste sea indiferente, por un lado, a las convicciones filosóficas y religiosas de cada cual, y por otro lado de los “laicos” que se reconocen como librepensadores, ateos o materialistas y que esta calidad postulan el derecho de participar en el debate público, y que cuentan con la organización necesaria para hacerse escuchar con los mismos derechos de otras comunidades sociales, filosóficas, políticas, culturales, religiosas o sociales.

En la práctica, ambas visiones resultan complementarias. Por lo que toca al Centro de Acción laica (CAL), éste las considera indisociables.

4.3. Laicismo “abierto” o comunidad filosófica no confesional : un falso dilema

El principio del laicismo de la sociedad consiste por definición en un ideal de universalidad, puesto que en el fondo se trata de reconocer a todos los ciudadanos los mismos derechos y deberes (que son universales), sin tener en cuenta sus singularidades y las comunidades filosóficas o especialmente religiosas que ellos podrían reivindicar. Por definición, el laicismo político es abierto; no excluye a nadie, excepto a aquellos que proclaman la exclusión.

Es a la construcción del laicismo político a lo que se suma un cierto número de asociaciones laicas. De entre ellas habría que señalar las asociaciones que defienden la escuela pública a nivel mundial. Otro tipo lo constituyen (entre muchos otros casos) los centros laicos de planificación familiar, que lejos de ser exclusivamente para los librepensadores, abren sus puertas a todos los interesados, además de centros laicos que lo han puesto en práctica y que están abiertos –en un espíritu de tolerancia total- a los que acuden con mucha frecuencia, incluso creyentes de diversas confesiones que encuentran en éstos una respuesta no dogmática a sus problemas.

En otros casos, se trata de las mismas asociaciones laicas que luchan por “un reconocimiento o afirmación” del libre pensamiento como coriente de ideas entre tantas otras. Es, por cierto, el caso de las “asociaciones para la promoción de la moral laica” o de “casas del laicismo” que animam la vida comunitaria local de los librepensadores, lo que en ningún caso significa un encerramiento en si mismas o un rechazo a la apertura, sino son el reflejo de una preocupación de construcción comunitaria con identidad propia que estimulan el encuentro con otros grupos comunitarios.

Por lo que roca especificamente al CAL, podemos afirmar que su vocación es doble : por una parte, la defensa de una sociedad laica que conlleva la separación entre la Iglesia y el Estado; imparcialidad de los poderes públicos en relación a las concepciones filosóficas y religiosas; defensa de la escuela pública y, por otra, el reconocimiento de una “comunidad laica” (non confesional de agnósticos y ateos humanistas) que lucha por une igualdad total de derechos entre las distintas comunidades filosóficas.


4.4. Las relaciones entre “laicos y creyentes”

A estas alturas convendría preguntarse cuáles son nuestras relaciones con los creyentes. El interés de esta cuestión se basa en la necesidad, por no decir la obligación, de definirnos muy claramente en relación a los otros y a nosotros mismos.

En esta línea, resultaría útil para el que nunca se ha sentido negado o excluido, porque su manera de pensar y de vivir no se ajustaba o no entraba en el marco de la regla admitida por los otros, ha tenido ciertamente dificultades en comprender et porqué de la acción laica.

Aquellos y los que por los avatares de la existencia los han llevado a emprender una acción concreta en los campos de la educación, de la ética, de los problemas sociales de la ayuda moral y que se han visto frente al muro de los prejuicios pueden encontrar un tanto descabellado estudiar el laicismo desde un punto de vista teórico

Le diversidad de iniciativas emprendidas por las asociaciones laicas; la multitud de opiniones; la pluralidad de sensibilidades que nos animam no podrían -y muy por el contrario- liberarnos para aclarar lo que tenemos en común, lo que en una palabra, nos define en nuestra condición de laicos.

Este tipo de preocupaciones se hace cada vez más necesaria al punto que no podríamos darnos por satisfechos con un enfoque negativo que nos llevaría a una comunidad heterogénea de “antis” (anti-religiosos, anti-clericales) de de “sin” (no católicos, no protestantes, no musulmanes).

La laicidad se define positivamente por valores que implican compromisos “pro” defensa de los derechos humanos : derecho a la participación o “antis” fascismo, clericalismo, integrismo, exclusión, lo que a su vez no podría reducirnos a la proyección “en vacío” de cualquier esquema religioso, en el entendido que para los laicos en los que el fundamento de los valores no es buscar respuestas en la divinidad, sino única y exclusivamente en el hombre.

Si se ha logrado este punto, nos parece imprescindible plantearnos una cuestión de principios. Supongamos que una persona que se define cristiana, musulmana, israelita o que profesa una religión determinada, y que por sus actitudes parece compartir nuestros valores, inclusive el del libre examen (que rechaza el argumento de autoridad y del dogma) viniera a solicitar su adhesión a una asociación laica. ¿Qué actitud podríamos adoptar en este caso? Señalemos que correspondería a la respectiva asociación tomar posición en esta materia, lo que se ha presentado en innumerables ocasiones. Aunque dicha asociación decida qué hacer, las decisiones que ella tome no nos exime de una reflexión colectiva.

Por ejemplo, cuando el objetivo de una asociación laica tiene que ver fundamentalmente con la creación de una sociedad laica fundada en la separación de la Iglesia -de las iglesias- del Estado asi como la imparcialidad de los poderes públicos en relación a ciertas concepciones filosóficas o como la defensa de una escuela pública abierta a todos y sin diferencias de ninguna especie, no parecería aproiado que a priori un cristiano, un musulman o un israelita no fuera aceptado cuando aquél por su sincera conceptión de la democracia lo llevase a una honesta adhesión sincera de esos principios.

Pero, roda vez que el objetivo de una asociación conlleva asimismo la defensa de los intereses legítimos de los librepensadores en su calidad de comunidad no confesional, resultaria extraño, por decirlo de alguna manera, que alguien que se autodefina como confesional pueda ser aceptado en dicha asociación.

Aun cuando ese humanista religioso al que nos estamos refiriendo compartiese nuestros valores -que le resultan muy importantes- no cabría dudas que él parte de un principio que se basa en la aceptación de la divinidad. Aquí no se trata de un problema de apertura o de exclusión. En el fondo, se trata de una cuestión de coherencia intelectual.

Por cierto los problemas que estoy planteando parecerían ser bizantinos, porque -y hablando claramente- ¿qué cristiano convencido, qué musulman religioso, qué israelita creyente se atrevería a golpear las puertas de una sociedad reconocidamente laica para formar parte de ésta?


5. CONCLUSIONES


5.1. Por una reivindicación doble

Cuando nos autodefinimos como laicos, nos estamos refiriendo a dos tipos de reivindicaciones, que no son contradictorias, pero que necesitan un analisis más profundo :

1° La creación de una sociedad laica que conlleve la separación entre la Iglesia (las iglesias) y el Estado asi commo la imparcialidad de los poderes públicos en relación a concepciones filosóficas y religiosas son condiciones necesarias a toda democracia.

2° El reconocimiento de una comunidad filosófica no confesional, es decir el reconocimiento de la igualdad de derechos y deberes de los librependadores, agnósticos o ateos, que fundan su concepción de la vida en los valores del humanismo, el libre examen, la aceptación del otro, la conquista de la ciudadanía, la emancipación, la autonomía, la búsqueda de la felicidad, la capacidad de rebelarse, la exigencia de justicia con las que construimos de una ética separada de toda exigencia, es decir, una ética cuyos fundamentos no confesionales nada tienen que ver con todo principio divino o sobrenatural.

5.2. Las relaciones que se podrían establecer entre laicos y creyentes

Pienso que estas relaciones deberían ser muy fecundas y no deberían tener límites en lo que se refiere a un primer eje de reivindicaciones que no sólo tendría que ver con los librepensadores sino además con todos los demócratas, cualquiera sean sus convicciones filosóficas o religiosas.

Dichas relaciones resultan igualmente interesantes en lo que respecta al segundo eje que conlleva la defensa y promoción de los derechos de los librepensadores. Con todo, habría que tener presente que una asociación que se fundamenta en una concepción filosófica no confesional exige que todos sus miemros muestren una adhesión sincera y leal a la misma, lo que conlleva no sólo una adhesión a valores positivos, sino también el reconocimiento del fundamento de dichos valores.


5.3. Las iglesias como organizaciones políticas

Por lo que respecta a nuestra visión de las iglesias como organizaciones poliíicas y sociales, convendría hacer con apertura de espíritu, pero cuidadosamente. Me parecería inaudito no observar las fuertes tensiones y contradicciones por las que está atravesando la Iglesia Romana y no tener presente que hasta en la cúpula de la misma los hombres controlan la situación (a mí me gustaría decir “y de mujeres”, aunque reconozco que a estas se les excluye sistemáticamente).

Habría que estar ciego y sordo para no observar el ascenso de una exigencia de “libertad de pensamiento” en el seno de las iglesias y de no comprender el interés de todo diálogo. Pero, tengamos cuidado en no dejarnos llevar por una ola angélica de un aparato eclesiástico caracterizado por su antidemocratismo y por estructuras que han llevado el paternalismo a dimensiones inconcebibles, lo que da una pauta de las posibilidades que ellas tienen cuando en ciertas ocasiones presentan un inventario positivo de su acción en pro de la humanidad.

Pero, lo dicho más arriba no nos impide, y muy por el contrario, nos incita a trabajar con mayor ahínco con los demócratas de todos los credos, incluso religiosos, para borrar los “pilares” en que se fundamentan las sociedades y se alimentan de las mismas, más de lo que dice la metáfora.

Sin embargo, no caigamos en la trampa vulgar que terminaría por desconocer la obra de las redes hospitalarias, asociativas y a otras cuya vocación es pluralista frente a aquellas cuyo fin se denomina “misionario”.

5.4. No existe un paraíso laico

No podrían examinarse desde criterios puramente formales criterios única y exclusivamente normales sobre la separación entre las Iglesias y el Estado. Muy por el contrario, resulta muy interesante analizarlos punto por punto. Asi, por ejemplo :

1. ¿Cuáles son los principios enunciados en la Constitución y las leyes y cómo se les pone en práctica?
2. ¿Se ha generalizado una forma de educaciòn pública, laica y obligatoria? ¿Si existe una asignatura obligatoria de religión católica, por qué otras asignaturas sobre convicciones religiosas de otra naturaleza tienen el carácter de opcionales?
3. ¿Los temas simbólicos y protocolares reflejan los principios de la laicidad de las instituciones y de igualdad entre los ciudadanos?
4. ¿Garantiza la ley la autonomía de la privacidad en lo ético o la absorbe por su brazo secular en la doctrina de la Iglesia dominante? ¿Qué pasa con la libertad de expresión; con la condición de la mujer; con el derecho de la familia, con el divorcio; con la protección de la vida privada; con la protección de las minorías (étnicas, culturales, sexuales y otras); en una palabra con un reconocimiento de los valores laicos?
5. ¿Si el Estado paga pensiones, construye o se encarga de la mantención de edificios, otorga exoneraciones fiscales, ¿dónde está la igualdad? ¿qué sucede con las religiones minoritarias o con una comunidad filosófica no confesional?

Hay que ser cautos para no emitir juicios apresurados sobre estas y otras materias. Asi, a título de ejemplo, un Estado que ha conservado una religión de Estado como es el caso del Reino Unido, a veces pone en práctica el principio de igualdad en relación a otros Estados que han suscrito formalmente en sus respectivas Constituciones la separación entre la Iglesia y el Estado, pero que en la práctica permanecen fagocitados por una determinada corriente clerical.

5.5. Necesidad de pragmatismo

El progreso de la laicidad, y por consiguiente de la democracia, porque una está férreamente unida a la otra, conlleva a que nos ubiquemos con mucha lucidez dónde estamos y hasta dónde queremos llegar, adaptando de una manera pragmática una estrategia consecuente de nuestra condición, y teniendo presente que la injusticia es un valor intangible, sin perder de vista visiones idealistas, politicamente hablando, el statu quo.

5.6. Una afirmación necesaria de la existencia de comunidades filosóficas no confesionales

Una afirmación sin tapujos ni complejos de la existencia de comunidades filosóficas no confesionales surge, entonces, como una intrasnsable defensa de los derechos a la igualdad. El hecho mismo de una reivindicaciòn de esta naturaleza conlleva entonces y de una manera eficaz el ir a una laicización progresiva de las institutiones. A este respecto, la experiencia ha demostrado que una comunidad no confesional fuerte constituye, entonces, la mejor protección del espacio público por comunidades extremadamente invasivas.


5.7. Necesidad de una organización nacional, continental e internacional

Finalmente, pienso que se hace indispensable que se estructure una comunidad filosòfica no confesional que vaya estrechando vinculos con todas las que existen en los distintos lugares del mundo, en este acogedor país. en Europa, en los Estados Unidos de América, en los dos hemisferios y tengan la posibilidad de conocerse, de encontrarse, y de compartir experiencias.

Permitanme, queridos amigos, les agradezco que me hayan dado la posibilidad de entregar esta modesta contribuciòn, que apunta a lo que acabo de señalar.

Les agradezco también su atención y hago extensivos mi reconocimiento a los amigos que han facilitado la interpretación simultánea de mi presentación.

Al terminar, permitidme Señor Presidente, transmitir a Ud, asi como a todos los participantes en esta augusta reunión, el saludo fraternal de las Asociaciones Laicas de Bélgica."

Philippe Grollet, Santiago de Chile,