04 noviembre 2007

EL ABSOLUTISMO ECLESIAL


La ecuánime Iglesia Católica española ha entrado en tal espiral de hipocresía que ha terminado por padecer alzhéimer, y por creerse sus propias mentiras.

Y no hay mejor cosa para quitar de en medio lo insidioso de los “otros”, que magnificar lo propio hasta límites inverosímiles, de este modo nos encontramos con la revancha que plantea la Iglesia Católica frente a los tímidos avances de la laicidad, con el objetivo supremo de situarse como Iglesia perseguida, como mártir sempiterno, cuestión que tanto jugo siempre le saca la casta eclesial a esto del martirio.

Por ello se ha lanzado a las beatificaciones de sus mártires sin parangón alguno, en base a satanizar al otro, olvidando que ella ha sido el poder absoluto durante muchos siglos, apoyando y cuando no impulsando la desaparición de otras culturas de otros pueblos , como el islámico o el judío que tuvieron plaza y sede en nuestro país.

Sin olvidar que Roma quitaba o ponía reyes a capricho o a conveniencia, o que sus agentes inquisitoriales eran la peor peste que podía sufrir un país, y España sufrió tales padecimientos durante siglos.

Pero llegado al siglo XXI la Iglesia parece tener amnesia en toda regla, y lo que es curioso todavía sus jerarcas y sus clérigos se asombran de que se les desprecie, cuando casi podemos decir que los españolas llevamos en los genes dos miedos o dos rencones ancestrales: la Guardia Civil y la Iglesia .

Podíamos decir que todo esto es cosa antigua y vieja, y por tanto no merece la pena revolver el pasado, pero la Iglesia Católica se quiere reforzar de nuevo, no presentándose como el poder perseguidor que fue, y que legitimó al dictador Francisco Franco, El Caudillo, imponiendo a marcha martillo el lema “Dios y la Patria”. Olvidando que con su aprobación y consentimiento los fascistas entraron en los cementerios para arrancar los símbolos que molestaban a la Iglesia triunfadora, las cruces siempre han estado ahí, pero sin embargo desaparecieron otros símbolos de las tumbas y panteones, entre ellos los masónicos.

Mientras los paredones d los camposantos e Iglesias se llenaron de cruces falangistas y franquistas, y de largas estelas con nombres y mártires de los "caídos por Dios y la Patria"; que más da que se hubiera perdido la “legitimidad monárquica” o la republicana, ella la gran Madre Iglesia salvaba los trastos colocándose junto a los vencedores para así reinar de forma absoluta durante todo el franquismo, y lo que no ha sido franquismo.

Una Iglesia que parece olvidar que sus más altas jerarquías decían cosas como estas: “La violencia no se hace en servicio de la anarquía, sino lícitamente en beneficio del orden, la Patria, la Religión”, predicaba a comienzos de agosto 1936. D. Rigoberto Domenech, Arzobispo de Zaragoza

Parece olvidar esta iglesia absolutista su implicación en la represión que llevó el régimen franquista, pues hubo sacerdotes en las ejecuciones y en las cárceles que no trataban de aminorar los castigos, o el sufrimiento físico. La exclusiva preocupación del clero estaba centrada en la “otra vida” lo que hacia que la obsesión de los curas era que los fusilados recibieran, antes de morir, la Extremaunción, lo que les hacía ser ciegos con las arbitrariedades del franquismo. Por otro lado, los informes de los párrocos eran determinantes en el procedimiento de responsabilidades políticas, de depuración de los maestros o para la concesión de la libertad condicional.

Así se cuenta la historia de una Iglesia Absolutista como la Española, que se descuelga ahora con sus mártires y olvida pedir perdón por tanta barbarie como pasó por sus manos y sus confesionarios, y con la que tanto se implicó.

Pero España parece diferente. Lo que no se atrevieron a hacer las Iglesias de otros países Francia, Alemania, o Polonia, lo hace España con el descaro más absoluto evidentemente dando la espalda al evangelio. Esa es la historia de la Iglesia Católica Española.

Victor Guerra