31 diciembre 2007


Asociación de solteros en defensa del matrimonio


Manolo Saco


Y al fin llegó su día. La mayor y mejor organizada asociación de solteros del mundo, representada ayer en Madrid por decenas de obispos y cardenales, y miles de curas y monjitas sacadas de sus conventos, abadías y colegios, se ha manifestado por las calles de la capital de España en contra del gobierno socialista que absurdamente les mantiene la sopa boba y en favor de que se casen los demás, no mediante un contrato civil, sino bajo la fórmula de unas palabras mágicas mediante las cuales el Paráclito (uno de sus tres dioses, en forma de paloma) santifica su unión.


Desde ese momento los seguidores de la secta judaica de los cristianos católicos ya pueden follar, porque lo suyo ya no es un placer vulgar, sino la penosa aunque ine­vi­table labor de traer hijos al mundo al servicio de sus tres dioses y miles de vírgenes y santos a los que adoran y veneran a diario, para que la asociación de solteros que los ha convocado, a los que tanto repugna el matrimonio y, por lo tanto, la familia, continúe con su negocio hasta el fin de los tiempos.


Las familias llevaron a sus hijos a la juerga mística de la madrileña plaza de Co­lón, a los que pusieron a repartir propaganda electoral entre los curiosos, para que los ni­ños fuesen aprendiendo desde su más tierna infancia en qué consiste eso de la mani­pu­lación de conciencias. Llegaron allí por tierra, mar y aire, en autocares y hasta trenes contratados por lo más reaccionario de las organizaciones cristianas, jaleados desde ha­ce semanas por los talibanes de sus medios radiofónicos y escritos. Y sin embargo... tanto esfuerzo para tan escasa cosecha. Si son incapaces de llenar sus iglesias, que están calentitas gracias a la calefacción que les pagamos con los presupuestos generales y al calorcito de las velas, no podían esperar mayor afluencia de fieles, con lo fría que está la intemperie en estas fechas y con los grandes almacenes, los templos del consumo, abier­tos muy de mañana.


El punto culminante se alcanzó con la llegada a hombros de la virgen de la Al­mu­dena al altar (una bofetada más a los miles de padres y madres allí presentes, de vir­ginidad perdida por culpa de su lascivia, por no haber soportado el santo celibato), el icono de esta asociación de solteros que considera la virginidad, y no precisamente la maternidad, como el estadio superior del ser humano.


Por fortuna para la integridad física de las familias, no se encontraba entre la multitud el obispo de Tenerife, el desalmado que hace unos días disculpaba la pederas­tia a la que son tan adictos parte de los miembros (¿he dicho miembros?) de su asocia­ción de solteros que tanto desprecia a la familia pero que tanto ama a sus niños.


Esta asociación de parásitos sociales que financiamos entre todos, abominó pú­bli­camente de los avances de la sociedad laica: el aborto, el divorcio, el matrimonio en­tre homosexuales, la educación de la ciudadanía… y hasta el Papa de Roma, con su pro­verbial voz varonil, envió un mensaje de condena de la homosexualidad. Os lo juro.


Todo esto sería cómico si no fuese porque cerca de 180.000 personas (según el cálculo más generoso de los amigos del Manifestómetro), abducidas por la secta, escu­chaba con arrobo, como si se tratase de verdad revelada, los insultos del farsante de Ro­ma y de sus lacayos españoles de la Conferencia Episcopal.