15 abril 2007

LOS "300" PARTIDO POPULAR


El Partido Popular y sobremanera sus dirigentes siguen dando vueltas y revueltas para volver a hacerse con el poder del cual fueron sorpresivamente desalojados, lo cual les ha hecho sensibles y hasta cierto punto rabiosos consigo mismos, pues, por sus propias indolencias y carencias y creyéndose instalados de por vida en el cómodo diván de la gobernación de un país, tuvieron que salir con lo puesto sin poder preparar el desembarco, y sin la oportuna instalación de los parapetos y guarniciones para poder esperar tiempos mejores.


La situación les ha hecho instalarse en el cabreo permanente, rechazando en todo momento una mirada atrás sobre la memoria histórica, aunque luego ellos quieran remover hasta los más modernos adoquines para buscar una conspiración que les da esquinazo a cada hora que pasa y les sirva para partirle el entrecejo a Zapatero.


Lo paradójico de todo el asunto es que todos estamos creyendo que ese permanente estadio de cabreo permanente y enfado es algo puntual. Pero para mí, que el Partido Popular ha descubierto una estrategia, que personalmente creía nefasta para recuperar el gobierno; pero, a la vista de cómo se desarrollan las cosas, empiezo a entrever que hay una estrategia definida y muy medida la cual les empieza a dar sus resultados.


Puesto que el PP no quiere tibios adherentes que se dejen arrebatar el poder a base de mensajitos. El PP quiere una guardia pretoriana que secunde a sus 300 espartiatas que jaleen y pujen por conspiraciones paranoicas, o que se entronicen en el lema del destrozo de la España en mil pedacitos cuestión ya inminente, o le pongan una vela al santo y zurriagen al obispo de turno para que ruegue y martillee al gobierno para que la asignatura en valores se caiga de la programación educativa, o hacen sus peculiares rogativas para que lo del País Vasco no entre en trazas de pacificación.


El Partido Popular ha descubierto que hay que pensionar, que al españolito de a pie le va la jarana y la tensión, y por ello tras los primeros tanteos del enfado, todo ello se ha venido convirtiendo en una estrategia montada en base a una férrea disciplina, como decía Antonio Rico hablando de la película de Zack Snyder «Disciplina total, absoluta, inquebrantable, sin fisuras. ¿Disciplina inglesa? Qué va. Disciplina espartana», como vamos viendo con el tema Polanco, hasta los más progresistas del PP claudican ante lo generalato espartano del PP.

Eso es lo que quieren Zaplana y Acebes, disciplina entre su gente, y no volver a la tibieza de electores que tan pronto votaban a la derecha como se dejaban seducir por los cantos risueños de Zapatero. El PP no quiere la alternancia en el gobierno, quieren simple y llanamente el poder, y eso saben que sólo se conquista con disciplina espartana como la que está instituyendo el PP entre sus filas.

Puede considerarse que es una estrategia hacia el suicidio pero está dando sus frutos, ya que la derecha española no quiere hacer el esfuerzo de tirar el pelo de dehesa y virar hacia una posición moderna y encandiladora, aunque tendría que luchar por hacerse un hueco y apoyos, que supongo que no le faltarían, pero es una aventura que algunos no quieren correr, y por eso una parte del estamento jerárquico, esos 300 y más, se inclinan hacia el ultramontanismo y se emboscan en esas estrategias que estamos viendo y sufriendo.


Practican lo que más conocen y mejor dominan, tanto Acebes como Zaplana, y como a los españoles nos va la marcha, pues en esas estamos, crispación y tensión al canto para mantener la disciplina y el acto heroico de sus 300 espartanos que apuestan por desbaratar a cuanto ejercito de tibios votantes se les ponga por delante.
Si les sale mal, pues qué le vamos a hacer, ante ello queda la rabieta y el pataleo en el que ya están instalados, pero si la estrategia de arremeter con la ligera armadura del ultramontanismo les sale como piensan se instalan en el gobierno para un rato largo, se lo aseguro.


Desde aquí habrá que hacer una llamada a la sociedad española para que no se inquiete, pues ya que el PP nos ha tomado por su campo de batalla y por candidatos al reclutamiento de sus levas hacia el poder, y como tal nos trata, la mayoría de las veces, de insensatos, cuando no de mentecatos, si no optamos por formar parte de sus férreas filas de disciplinantes.


Víctor Guerra


Es necesario defender una educación laica que incluya la enseñanza de todas las religiones»
«El debate sobre la religión comienza a abrirse en sectores pequeños, pero todavía queda mucho por hacer»

Antonio García Santesmases Político, profesor de Filosofía en la UNED y experto en el panorama religioso actual


Antonio García Santesmases es profesor de Filosofía en la UNED y experto en la situación social de España. Fue miembro del comité federal del Partido Socialista Obrero Español y participó en la vida política de España como portavoz de Izquierda Socialista y como pensador.




Su último libro, «Laicismo, agnosticismo y fundamentalismo», narra la situación de la religión en la educación y habla del caso musulmán ligado a los fundamentalismos. El experto eligió La Felguera (Langreo) como punto de partida para la promoción de su obra. En esta entrevista deja de lado su vocación política y se adentra en el debate entre Iglesia y Estado, dejando en evidencia ciertas contradicciones como que el Estado apruebe la ley del matrimonio homosexual y no elimine sus lazos con la Conferencia Episcopal.



-¿En qué se basa su obra?

-Trata de rescatar el debate en la sociedad española sobre el problema del laicismo. El laicismo tiene mala prensa. Se le achacan muchas cosas; por ejemplo, ser equiparable al totalitarismo, a la dictadura, o a la ausencia de valores, al relativismo. El modelo más cercano de laicismo está en la República Francesa, es la que inspiró a la II República en España. Si el modelo del laicismo responde a lo que se vive en Francia, yo me pregunto ¿qué modelo de laicismo está vigente en España? En España no tenemos modelo laico, sino simplemente un modelo no confesional.


-¿Y qué diferencias encuentra entre estos dos modelos?

-Hay que remontarse a los acuerdos de 1978, después de la dictadura y cuando se fraguó el estado español con el acuerdo de la Constitución. Se le concedieron a la Iglesia católica diversos privilegios que han complicado las cosas para contar con un principio de laicidad en España. Una de las consecuencias es el problema de la enseñanza de la religión en los centros públicos, una enseñanza que hoy es confesional. Un ejemplo de este poder es que la Conferencia Episcopal elige a los profesores y decide sobre la rescisión del contrato de cada uno de ellos.


-Usted habla de los antecedentes históricos, pero ¿cuál es su opinión sobre esta situación?

-Me parece una situación negativa, sobre todo desde la perspectiva social donde estamos, es decir, un panorama donde confluyen muchas religiones. La pregunta sería qué preferimos. Es necesario, a mi juicio, un Estado laico, un Estado que no esté vinculado a una confesión determinada pero que permita la enseñanza en los colegios de la historia y de la cultura de cada una de esas religiones. Este mapa sería el ideal y el camino que habría que seguir.


-¿Por qué?

-Tal como está la situación de la religión en la educación, ¿qué beneficio se obtendría de que cada alumno se fuera a una clase de religión distinta? Sería un caos. Lo interesante sería una confluencia, un diálogo entre las religiones y aportar por una educación intercultural.
-Por lo que dice, supongo que, para usted, no se da esta situación.
-Es cierto que comienza a abrirse el debate. Existen sectores no oficiales que apuestan por este diálogo, aunque todavía queda mucho por hacer.


-¿Cuál será el futuro si se continúa con este panorama?

-Como no se cambie el modelo, no sé cómo puede terminar. Mi esperanza es que, a la larga, los responsables políticos se den cuenta de que no se puede mantener la situación actual en materia de religión.


Diario La Nueva España