22 junio 2008

La red que teje el laicismo


Basta un vistazo a los periódicos para comprobar que la ofensiva contra la Iglesia llega desde distintos flancos: política, educación, cultura, economía, medios de comunicación… Alfa y Omega ha preguntado a 26 personalidades de la vida pública española sobre el proceso de secularización que sufre nuestro país, y sobre las muestras de vitalidad que ofrece la Iglesia a la sociedad. Hemos planteado dos preguntas:
1. ¿Qué opina del proceso de secularización en España?
2. ¿Qué aporta la Iglesia a la sociedad? He aquí las respuestas...


Se ha olvidado que Cristo hace feliz al hombre

Cristina López Schlichting, periodista

El proceso de secularización se debe a que se ha perdido la conciencia de que Cristo tiene que ver con la felicidad del hombre. La gente experimenta una falta de horizonte que resta ilusión a la existencia y que hace muy difícil la vida. Es muy importante que los miembros de la Iglesia seamos conscientes del proceso secularizador, porque la única manera de abordar un problema es reconociendo que existe. La reivindicación de que España es un país de tradición católica impide afrontar que los medios de comunicación han hecho estragos y que lo que los filósofos anticlericales de la Revolución Francesa proclamaban en sus libros es lo que se ha instituido como norma de vida para una mayoría de españoles.

2. La Iglesia es la única esperanza para el ser humano. La cuestión en la vida es si ésta merece la pena o no; si todas las cosas que acontecen, buenas y malas, pueden ser vividas desde una hipótesis positiva, o si se trata de una condena que hay que soportar a duras penas. La gente experimenta una falta de motivación evidente, algo que se manifiesta en que muchísimas personas consumen antidepresivos, ven rotas sus relaciones, se encuentran en una profunda soledad y llegan a la ancianidad deseando la muerte por la vía de la eutanasia. Hay muchas personas a las que no les ha sido anunciada la esperanza de Cristo, que revela la existencia como un camino esperanzador.

El PSOE ha asumido el laicismo totalitario

César Alonso de los Ríos, periodista

Desde el punto de vista institucional, la Iglesia española aceptó, en los últimos tiempos del franquismo, en nombre de la convivencia y con un erróneo sentido de culpa, la hegemonía de la izquierda y de ciertos movimientos surgidos en su propio interior, en los terrenos de la moral, la educación, el papel del Estado...
A lo largo de este proceso, la Iglesia no fue consciente del abandono en el que iba dejando a la sociedad. La secularización progresiva se produjo paralelamente al poder creciente de los medios de comunicación como mensajeros de unas formas de vida cada vez más compensadoras desde el punto de vista material, y cada vez menos exigentes desde el punto de vista de los principios. Las alarmas han comenzado a sonar cuando la izquierda ha dejado de mantener el fair play con la Iglesia, que le vino bien hasta su consolidación. Su actitud es ahora distinta; está frente a la Iglesia en la lucha por la clientela: fieles para ésta, electoras para aquélla. Así, a la progresiva secularización de la sociedad española, iba a responder la izquierda con una nueva actitud: me refiero al laicismo, es decir, a la lucha contra la Iglesia en todos aquellos terrenos en los que había aceptado la neutralidad. En suma, el Partido Socialista Obrero Español ha abandonado la laicidad y las concepciones democráticas que ésta supone y ha asumido el laicismo y las concepciones totalitarias propias de éste.

La Iglesia católica hace al hombre más humano

Alfredo Dagnino, Presidente de la Fundación San Pablo CEU

Lo valoro como un inmenso deterioro de la valoración del hombre, una negación de su dimensión trascendente, de todos los valores fundamentales que, a lo largo de 2.000 años de cristianismo, nos han transmitido una cultura común y una moral compartida, un sentido de la vida, una concepción de la dignidad del hombre, de los derechos fundamentales… Ese proceso está produciendo secuelas también en la vida pública, en la concepción de la política, en la vida humana y hasta en las conciencias. Esto es gravemente perjudicial para el bien común de nuestra sociedad.

2. La Iglesia ha trabajado siempre por el bien de los hombres y de la sociedad, y, en el caso particular de Occidente, hay que reconocer lo que ha significado su aportación a la construcción de esta civilización, que tiene raíz, fundamento y base cristianas, por mucho que se empeñen algunos en negarlo. Históricamente, ya sea por medio de la evangelización del hombre a través de la cultura y de la educación, de la asistencia a los más necesitados y débiles de la sociedad…, la Iglesia ha contribuido decisivamente a que el hombre sea más humano.

Construir a la persona desde la ideología

Eduardo Hertfleder, Presidente del Instituto de Política Familiar

La secularización responde a un proyecto con una concepción ideológica basada en una ruptura antropológica radical y que se asienta sobre tres pilares: el relativismo ético, que elimina todo referente moral que no sea el Estado; el laicismo, por el cual Dios ha de ser eliminado de la vida pública primero, y de la privada después; y la ideología de género, que pretende romper la identidad de la persona fundada en su naturaleza. Este proyecto representa una pretensión de transformación social, cultural y política. Destruye con la implementación de leyes regresivas sobre la familia, vida, educación, memoria histórica, etc., para construir una nueva ideología de la persona y de la sociedad.

2. La Iglesia aporta a la sociedad, como siempre, su mensaje de salvación, su apertura a la trascendencia y a la esperanza que da sentido a nuestras vidas. Se ha convertido en un referente moral y cultural para la sociedad española, ante la masificación y dogmatismo inmanentista, que asfixia al hombre y a la sociedad, al intentar construir un mundo sin Dios.

La Iglesia vertebra la sociedad

José Gabaldón, Presidente de Honor del Foro de la Familia

Yo lo que valoro, más que el proceso de secularización, es cómo la Iglesia ha venido afirmando su doctrina y su presencia en la sociedad, y su fidelidad y servicio a la sociedad. Esto es lo que valoro, más que nada, el modo de presentarse la Iglesia en la sociedad, como ella misma es. Veo el crecimiento de su presencia como un elemento pedagógico para la sociedad.

2. La Iglesia, a través de todos los siglos, ha ofrecido la presencia de la fe, del espíritu cristiano, y unos criterios morales importantes. Ha vertebrado la sociedad desde el punto de vista de los criterios morales, y esto es algo que continúa haciendo en la actualidad.

Los católicos tienen mucha culpa

José Manuel Otero Novas, abogado del Estado y ex-ministro

Hace años, dentro de la Iglesia se entró en un todo vale en el terreno de la moral y en el de la doctrina, con católicos favorables al divorcio o al marxismo, por ejemplo. Se trataba de un secularismo desde el interior. Cuando hablamos del laicismo de fuera...; no, los católicos tienen mucha culpa. Afortunadamente, Juan Pablo II corrigió y centró este tema otra vez, y la Iglesia ha reconducido este asunto. Por otra parte, hay un sectarismo laico, el laicismo, el querer imponer el pensamiento laicista, que quiere arrinconar y eliminar el pensamiento religioso. Es algo nefasto.

2. España es, fundamentalmente, cristianismo. La institución que más ha aportado a España ha sido la Iglesia católica, y no sólo en España, sino en todo Occidente. Occidente es cristianismo. Occidente es el humanismo cristiano.

Si la Iglesia no es sal, el mundo está soso

José Luis Requero, vocal del CGPJ

Fenómenos como la deshumanización, la cultura de la muerte, rupturas familiares, etc. tienen su causa, en buena medida, en ese proceso. Aunque Iglesia somos todos los bautizados, que durante años y entre el clero no pocos no hablasen de Dios, sino de política, psicología o filantropía; que descuidasen la Liturgia o les preocupasen más cuestiones territoriales que ver sus seminarios vacíos acaba haciendo daño a todos. Si la Iglesia se enfría, el mundo se enfría; si no es sal, el mundo está trágicamente soso.

2. Al margen de lo prestacional, incluso de la preservación de nuestro patrimonio histórico-artístico, la Iglesia aporta el verdadero respeto hacia la persona, y enseña a construir y vivir en familia. La Iglesia enseña los valores que permiten la convivencia pacífica.

Debemos fortalecer nuestras comunidades

Manuel Bustos Rodríguez, catedrático de Historia Contemporánea

Ante este proceso, que está lejos de haber tocado fondo, hemos de prepararnos adecuadamente, espiritual y colectivamente. ¿Cómo? Fortaleciendo nuestras comunidades, viviendo más hondamente nuestra fe y aceptando sus consecuencias en nosotros mismos y en nuestra práctica social, teniendo un mayor sentido de Iglesia y actuando siempre, pero hoy más que nunca, en comunión con ella. Hay, pues, un lado desalentador en esta especie de apostasía silenciosa de los españoles; pero es, a la vez, un tiempo para la transformación y, en definitiva, para la esperanza.

2. Aludiré al papel social de la Iglesia española en momentos difíciles para nuestra patria (recordemos los difíciles momentos del comienzo de la Transición política), proponiendo caminos de concordia frente a los intentos de enfrentamiento por motivos ideológicos, previniendo sobre los riesgos del particularismo y valorando la importancia para el bien común de preservar nuestra rica herencia religiosa, cultural e histórica. Sólo alguien muy ciego o deliberadamente interesado podría criticar tanto bien.

Un movimiento típicamente masónico

Ricardo de la Cierva, historiador

La secularización es un movimiento típicamente masónico, dirigido contra la Iglesia católica, para erradicarla de la sociedad, y que hoy va de la mano de la Internacional Socialista. No sólo para perseguirla, sino para arrancarla de la sociedad, como han reconocido autoridades masónicas y socialistas. La bandera de la secularización la portan hoy los liberales radicales y la Internacional Socialista en bloque.

2. La Iglesia aporta un mensaje sobrenatural; no es una entidad política. No pretende sólo dirigirse a la conciencia de sus miembros, sino espiritualizar la sociedad. En los años 70 y 80, en España, el intento principal de la masonería ha sido la secularización de la Iglesia, lo cual es disparatado. Aún hay una corriente de publicaciones, Órdenes religiosas y ciertos teólogos que no sólo no se oponen a la secularización, sino que se proponen aplicarla a la Iglesia. Secularizar la religión supone anularla y sustituirla por otra cosa distinta. Queremos consagrar a la sociedad, no secularizarla.

La aportación de la Iglesia es colosal

Juan Velarde, economista

La secularización ha supuesto una pérdida de valores. Una comunidad cualquiera tiene un conjunto de valores sin los cuales no puede explicarse: Occidente tiene una base enorme de valores. Como consecuencia de una masificación general y de una trivialización enorme de la cultura, y sin los valores cristianos que nos caracterizan, no se puede dar la convivencia. Esto es lo triste y lo lamentable.

2. Primero, hay un bloque enorme dentro de la sociedad que desea los servicios de la Iglesia: casarse por la Iglesia, la Comunión... Es lo que pide la mayoría de la sociedad. Pero el Estado la abandona; al no respaldar económicamente a la Iglesia, el Estado se pone de espaldas a los intereses de la sociedad. Segundo, la Iglesia es uno de los pocos mecanismos seguros para colaborar con el Estado del bienestar, porque administra extraordinariamente bien sus fondos, en beneficio de todos. Tercero, la Iglesia ha sido siempre una portadora de enseñanza, y resulta que la suya es mucho más barata que la que se ofrece tanto en el sector público como en el privado, y con un rendimiento extraordinario. Su aportación es colosal.

Cuando los laicos no hablan

Andrés Ollero, catedrático de Derecho

La laicidad, que es una creación del cristianismo (dad al César lo que es del César...), me parece muy positiva, al igual que me parece patológico el clericalismo, que se produce cuando el clérigo se empeña en sustituir al laico en sus responsabilidades sociales, y cuando el laico no ejerce como tal y reduce su fe a un pietismo personal. En España el protagonismo público de la Jerarquía es desproporcionado, no porque los obispos hablen demasiado, sino porque los laicos piensan que para hablar ya están los obispos y no dicen ni mú...

2. La Constitución protege la libertad de expresión e información, porque alimenta una opinión pública libre. La Iglesia, recordando principios morales, contribuye a ello de modo decisivo. La práctica de la caridad, institucional o despertando la sensibilidad de los fieles, la convierte en la principal fuente de apoyo a los marginados, cuya invisibilidad les hace pasar inadvertidos para los poderes públicos.

Un Quítate tú para ponerme yo

sJosé Jiménez Lozano, escritor, Premio Cervantes

¿Se trata de un proceso, que es siempre cosa lenta, o de una riada súbita e incluso preparada como tal? Monseñor Palenzuela pensaba que asistíamos al espectáculo de un ejército en retirada. El cristianismo en este nuestro país parece vivir encogido, entre la fascinación y el miedo a no ser correcto, como excusándose. La secularización ha sido históricamente, más que otra cosa, un Quítate tú para ponerme yo. O hábitos como, en vez de la oración de la mañana, la lectura del periódico, para comprobar cómo va la cosa del Espíritu Universal, como decía Hegel.

2. Chesterton diría: «La Iglesia es lo único que salva a un hombre de la degradante servidumbre de ser un hijo de su tiempo». Y me parece lo más importante, aunque debería aclararse: «De este tiempo y de todos los demás», porque en cualquier tiempo lo importante es ser yo, tener el alma en su almario. Las luchas entre el Papado y el Imperio son de otro tiempo, y se han revelado como enseñanzas paleo-liberales de la resistencia a los sátrapas. Pero carecen ya de sentido. Sólo los Estados totalitarios tendrían problemas con la libertad y la autonomía de las conciencias.

La Iglesia es una voz libre

Lydia Jiménez, Directora General de las Cruzadas de Santa María

Con la muerte de Dios propugnada por Nietzsche, se ha ido gestando un acelerado proceso de secularización que ha conducido a la muerte del hombre. Si Dios no es el centro de la vida, el hombre vive desamparado, a merced de leyes, costumbres que atentan contra su felicidad y su plena realización. Es grave. Pero no deberíamos quedarnos en constatar una realidad que afecta no sólo a España, también a Europa y el mundo. Los santos siempre han colaborado a poner las cosas en su sitio. España tiene necesidad de santos.

2. La Iglesia: una defensa a ultranza del hombre. Una atención generosa a sus necesidades. Una apuesta por los más débiles. Una voz libre para denunciar todo lo que pueda atentar contra su dignidad.

Un proceso contrario a nuestra Constitución

Jorge Trías, abogado

España, tras una compleja y fructífera negociación en la etapa de la Transición, se configuró como un Estado aconfesional pero no laicista. De acuerdo con la Constitución (art. 16.3), los poderes públicos deben tener en cuenta las creencias religiosas de los españoles y deben mantener, pues, relaciones de cooperación con la Iglesia católica y con las demás confesiones, como se ha venido haciendo hasta ahora. Yo creo que no hay un proceso de secularización -Hacer secular lo que era eclesiástico (DRAE)-, sino un proceso laicista, entendiendo como tal la «doctrina que defiende la independencia del hombre o de la sociedad, y más particularmente del Estado, de toda influencia eclesiástica o religiosa» (DRAE). En este sentido me parece que este proceso es contrario a lo establecido por nuestra Constitución.

2. La Iglesia y sus confesiones religiosas mantienen en España 5.141 centros de enseñanza, lo que supone educación para casi un millón de alumnos y un ahorro para el Estado, aproximadamente, de tres millones de euros por centro y año; tiene a su cargo 107 hospitales (50 millones de euros ahorrados por hospital y año); entre ambulatorios, dispensarios, asilos, centros para minusválidos, enfermos terminales de sida y atención a otros desheredados de la fortuna, dependen de la Iglesia 1.004 centros, o sea 51.234 camas (4 millones de euros ahorrados por centro y año). Cáritas, la ONG verdadera, gasta al año 155 millones de euros, y Manos Unidas, 43. Sus centros de reeducación social (toxicómanos, ex-presidiarios, prostitutas) atienden a 53.140 personas. Orfanatos hay 937, con 10.835 niños. Además, la Iglesia mantiene el 80% de su patrimonio artístico para que los exquisitos podamos seguir admirando nuestra historia. Eso es un breve resumen de lo que aporta la Iglesia a la sociedad española. ¡Quién da más!

La religión también es pública

Alfonso López Quintás, sacerdote y catedrático

Ha habido graves confusiones y malentendidos -a menudo difundidos mediante las técnicas de la manipulación- acerca de la condición privada de la religión y la condición pública de la política. Esta confusión responde a la falta de un conocimiento preciso de la relación que existe entre la vida personal y la comunitaria. Este fallo intelectual es provocado, en buena medida, por la adopción de una actitud ética utilitarista, que consiste en dar primacía al poseer, dominar, manejar y disfrutar. Desde este nivel no se puede comprender nada de la vida ética, que es vida creativa; de la opción por los grandes valores: verdad, justicia, bondad, belleza; y del nivel religioso.

2. Hace días, una persona muy leída afirmó en un foro notable que la Iglesia católica no aportó nada a la cuestión social. Le cité varias empresas florecientes que fueron organizadas conforme a los principios de la doctrina social de la Iglesia. Se quedó asombrado. No se trata siempre de mala voluntad sino de desconocimiento. Les falta la debida perspectiva para conocer y reconocer ciertos datos de la realidad.

Mantener los principios

David Meca, nadador

La sociedad vive en un proceso de cambio continuo que está condicionado por el proceso de secularización. Lo que no podemos pretender es secularizar los principios de la Iglesia porque este hecho representa una gran contradicción en sí mismo. Lo fundamental, en un momento como éste, es que se mantengan los principios basados en el derecho a la libertad y en la tolerancia.

2. Una parte de la sociedad se ve representada en los valores y principios que rigen la Iglesia. Se pueden compartir o no, pero hay que respetarlos. Al margen de creencias religiosas, es indudable que la Iglesia realiza una gran labor social con los más necesitados y desfavorecidos.

La causa es la huida de los creyentes

Teófilo González Vila, doctor en Filosofía

La secularización entendida, en el sentido negativo de la pregunta, como abandono, debilitamiento, eclipse, negación de lo religioso en el espacio público constituye un fenómeno que se debe a muchos factores y, entre ellos, a la huída de muchos creyentes.

2. Lo que, aun con las debilidades de todos nosotros, sus miembros, ofrece la Iglesia es… a Cristo mismo. Y sólo de esta esencial aportación recibe sentido toda su ingente obra, histórica y actual, asistencial, educativa, social, cultural…

El mejor servicio de la Iglesia es cargar con la Cruz

Juan Manuel de Prada, escritor

Creo que la secularización es un proceso típico de las sociedades sin esperanza de las que nos habla Benedicto XVI en su última encíclica. Sociedades que han erigido una nueva idolatría, fundada en el progreso, la ciencia y la política, y que, como todos los procesos idolátricos, acabará con la sociedad convertida en escombros: ya conocemos la historia de la torre de Babel. Es un proceso que se podría resumir en tres fases: primero, se considera que el hombre por sí mismo puede salvarse, porque es bueno por naturaleza. No estando tocado por el mal, la Redención se convierte en algo superfluo; segundo, puesto que la Redención es algo superfluo, la religión se vacía de sentido: pasa a ser un conjunto de bellos mitos y dulces fábulas; y tercero, el hombre tiene horror al vacío, y como la religión ha sido vaciada de contenido, ese vacío lo llena la idolatría al hombre mismo, hacedor del progreso, la ciencia y la política. Pero ya se sabe quién se oculta detrás de esos disfraces: el mismo que les prometió a Adán y Eva que serían como dioses. En eso estamos.

2. Cielo y tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán, nos dijo Jesús. Y la aportación de la Iglesia a la sociedad española no es otra que seguir pronunciando esas palabras imperecederas, que se concretan en la proclamación del Evangelio, en la celebración de los sacramentos y en el servicio de la caridad (que no es mera asistencia social, por cierto), tareas que, como nos recuerda el Papa, «se implican mutuamente y no pueden separarse». La gran cuestión para la Iglesia de hoy es ésta: ¿hay que hablarle al mundo en su idioma, o hay que hablarle en un idioma original y primigenio? ¿Tenemos que seguir travistiéndonos de palabras de significación equívoca que el mundo ha hecho propias -vgr. derechos humanos, progreso, democracia, libertades, etc.-, palabras de un mundo que ya no cree en nada; o tenemos que volver al lenguaje que mana de los manantiales de la fe, evitando el peligro de la mimetización? Creo que la gran línea medular en la predicación de Benedicto XVI está siendo una vuelta a los manantiales de la fe; sólo de este modo la Iglesia podrá hacerse verdaderamente presente en el mundo. A costa, por supuesto, de ser incomprendida, tergiversada, execrada; esto es, a costa de cargar con la Cruz. Pero cargar con la Cruz es, precisamente, el mejor servicio que la Iglesia española está rindiendo a la sociedad.

Laicismo: sustituir las convicciones por la ideología

Rafael Navarro-Valls, catedrático de Derecho Eclesiástico


El proceso de secularización radical que se observa en algunos ambientes políticos españoles es una manifestación de ese viejo laicismo que podríamos denominar arqueológico, que intenta sustituir las convicciones sociales por la ideología oficial. La verdadera laicidad garantiza un espacio de neutralidad en el que germina el principio de libertad de conciencia y de libertad religiosa. Si deja de ser neutral y trata de imponer una filosofía por un camino legislativo, entonces ya no es lo que dice ser.

2. En la actualidad hay más de 1.800.000 alumnos escolarizados en centros concertados, que pertenecen en su mayoría a centros de la Iglesia. En un centro concertado cada plaza le cuesta al Estado 1.840 euros; la misma plaza en un centro público: 3.517 euros. Si esta diferencia se multiplica por el total de estudiantes, sale la cifra de ahorro de más de tres mil millones de euros. Apliquemos estas cifras a los 90 hospitales, 110 ambulatorios; 933 casas de ancianos; 284 centros para la tutela de la infancia; 2.833 centros asistenciales de otros tipos, y el resultado que resulta es muy respetable. Y esto es solamente algo colateral: lo más importante es el esfuerzo que supone que la Iglesia inyecte en el torrente circulatorio de la sociedad española todo un mundo de valores y criterios morales que permiten la regeneración del tejido social erosionado.

Los mismos ataques que en los años 30

Mercedes Salisachs, escritora

Tengo la impresión de estar viviendo los mismos ataques a la religión católica que sufrimos en los años 30. La diferencia consiste en que, en aquella época, era un acoso declarado y cabía el derecho a reaccionar. Hoy los ataques son solapados, se esconden en actos que parecen inofensivos, pero son letales. Y con frecuencia se valen de silencios que deberían ser gritos. La libertad de la que se alardea es un mito. Consideramos que la censura en España se ha eliminado. Pero no es cierto. Hoy, la censura se vislumbra en las burlas indirectas y en los silencios. También el silencio puede ser una censura.

2. La Iglesia aporta lo que puede, porque las dificultades para actuar se van limitando de un modo inicuo. ¿Qué pretenden? ¿Cuándo caerán del burro y se darán cuenta de que la mayor parte de los beneficios y apoyos vienen de los que más atacan? ¿Qué sería de aquellos que viven en la indigencia sin la ayuda de los que renuncian a ser algo en la tierra para integrarse en las comunidades que tienen como meta a Dios?

La urgencia de transmitir la alegría

María Vallejo-Nágera, escritora

Cuanto más hablo con gentes alejadas de la fe católica, más me doy cuenta de que todo procede de un gran desconocimiento de nuestra religión. No hemos sabido entender los regalos que nos aporta amar a Dios. He conocido a muchos moribundos durante mis tres años como voluntaria en la planta de paliativos de cáncer del Gregorio Marañón. No se puede describir lo doloroso que es ver morir en tus brazos a un ser humano sin fe, amargado, derrotado y sin esperanza. Solo, en otra habitación, moría en mis brazos otro paciente, a causa del mismo cáncer, pero con una gran paz y alegría. La fe cambia todo. Sólo tengo la esperanza de que los creyentes transmitamos la alegría infinita que trae consigo la fe.

2. Enseñanzas valiosísimas sobre el más allá, sobre el sentido de la muerte, de la enfermedad, del amor al prójimo. No podemos dejar de lado el inmenso valor caritativo de las misiones, los colegios, los orfanatos, llevados por gentes cuyas creencias y amor a Cristo les hacen dejar todo por servir a los demás, por dar pan al que no tiene, cobijo al que lo necesita y amor al desesperado. En una sociedad en la que hay tanto dolor, las gentes de Iglesia aportan el amor del que tanto carece la sociedad. Un ejemplo claro es el protagonista de mi novela Luna Negra (Belaqua), el fraile Isidoro Macías, más conocido como Padre Pateras. ¿A cuánta gente ha dado cobijo, alimento y amor este pequeño fraile? No puedo contarlas…

El problema es la educación en los colegios religiosos

José Miguel Oriol, Presidente de Ediciones Encuentro


El proceso de secularización español viene de muy lejos, incluido el período del régimen de Franco. La Iglesia en España no ha sido capaz de frenar la secularización, no ha sido capaz de elaborar una propuesta de reconsideración del factor religioso como algo esencial al ser humano. Y los principales responsables de esto no son las fuerzas contrarias a la Iglesia, sino que están dentro de la Iglesia. Hay sectores importantes en la Iglesia, principalmente en el ámbito de las Órdenes religiosas, y específicamente en las dedicadas a la enseñanza, que han abandonado la educación cristiana tradicional, la transmisión de la fe. Ésta es la causa principal de la crisis de la Iglesia en España, más que los ataques del laicismo.

2. La parte de la Iglesia que vive la vida desde la fe aporta la esperanza fundamental de una renovación del hombre y de la sociedad española. Es donde radica una esperanza realista, no sólo de los creyentes católicos, sino incluso de muchas personas alejadas de la Iglesia, que se van dando cuenta de que el único lugar donde se salva y defiende la razón y la libertad del hombre es en la Iglesia católica.

Un discurso benéfico para la sociedad

José Miró i Ardévol, Presidente de E-Cristians y miembro del Consejo Pontificio para los Laicos


La secularización es la manifestación de un fenómeno que daña a la sociedad: la desvinculación. La persona considera que su realización personal pasa, de manera exclusiva, por la realización de sus deseos, y que ningún vínculo personal o normativo debe limitar esta satisfacción de la pulsión inmediata. Una sociedad desvinculada funciona cada vez peor, porque indica la ruptura del compromiso. En lo que afecta a la Iglesia, la tasa de reposición de los católicos es insuficiente. A una generación con un alto nivel de práctica le sucede otra que tiene muy bajo nivel de práctica.

2. La Iglesia es una de las principales fuentes de capital social, y presenta como objetivos para el hombre propuestas necesarias para mantener el Estado del bienestar. La Iglesia habla a sus miembros y a la sociedad, no de conseguir el beneficio propio ni de aprovecharse de todo lo que se encuentra, sino que habla de entrega, servicio, colaborar, aportar… Tiene un discurso absolutamente benéfico, y esto, en una sociedad castigada por el individualismo, es un tesoro. Sorprende que esto, en España, no sólo no tiene una valoración positiva, sino que se ha percibido en sentido opuesto.

Hay que levantarse frente al robo de nuestra libertad

Alberto de la Hera, ex-Director General de Asuntos Religiosos


Quienes desean tiranizar a la Humanidad ofrecen un bienestar terreno, a cambio del cual el hombre renuncia a toda visión sobrenatural y se somete al modelo de vida que le imponen. Hay que levantarse frente al robo a que someten a nuestra fe, a nuestra dignidad y a nuestra libertad, un robo que el poder público viene llevando a cabo casi impunemente. El complejo de ser tildados de reaccionarios, que paraliza hoy a tantos católicos, es también una creación de los agentes secularizadores.

2. La sociedad española debe su grandeza histórica, en muy buena medida, a la Iglesia. Ninguna otra organización carga con una labor tan amplia en el campo de la enseñanza, de la asistencia social, de la atención a la cultura, de la dignificación ética y material de los grandes elementos que constituyen el entramado social, desde la familia a la escuela, a los hospitales, asilos y centros de acogida. Y lo principal es el mantenimiento de la fe en Dios de todos los españoles.

Una valiente defensora de la libertad de las familias

Luis Carbonel, Presidente de Concapa


Está siendo un proceso tremendamente agresivo contra todo lo católico. Una cosa es que se pueda aceptar la laicidad en la sociedad, y otra que lo laico sea estar en contra de lo religioso. Deben convivir ambas realidades sin agresividad. Hoy vemos cómo en España no hay una laicidad neutra con todas las religiones, sino que es una laicidad agresiva y excluyente, que quiere imponer una única forma de ver la realidad.

2. Destaca su búsqueda de la verdad y de la libertad dentro de una absoluta independencia política, como se ha visto en el tema de Educación para la ciudadanía. La Iglesia defiende la libertad y los derechos de los padres que quieren educar a sus hijos según sus principios, sean éstos los que sean. No quiere imponer una educación católica para todos, al contrario de lo que pretende este Gobierno, que es una educación moral única (la gubernamental), para todos. Hay que reconocer su valentía para defender los derechos de la persona, frente a los ataques contra la dignidad del ser vivo o la libertad de educación.

Es parte de un proyecto político deplorable

Ignacio Sánchez Cámara, filósofo y columnista


La secularización es parte de un proyecto político deplorable, que entraña la producción de un cambio de régimen y un intento de transformar las bases morales de nuestra sociedad. Se trata de un proyecto de modelación de la sociedad desde el Estado, que exhibe rasgos totalitarios. Se produce una agresión al cristianismo, que se manifiesta en la pretensión de concebir la religiosidad como una dimensión privada de la persona, que el Estado se limita a tolerar fuera del ámbito de la vida pública. No se trata de un conflicto entre integristas y laicistas, sino de una cuestión de libertades personales y de intromisión del Estado en las conciencias.

2. El cristianismo constituye el verdadero cimiento de la cultura europea y aporta los ingredientes de su concepción del mundo y de la vida. Allí donde no han influido los principios cristianos, la democracia y los derechos humanos arraigan con extrema dificultad. Cabe resaltar su misión evangelizadora, que incluye la propagación de los grandes principios morales, y su labor social de imposible