02 febrero 2008

Contra la 'sharia' episcopal


Creo que pocas veces los post de los tres blogs, tienen tanto que ver entre sí, por un lado Masonería SigloXXI, por otro lado Masonería en Asturias, y finalmente este mismo blog que expone el amplio abanico laicista español, por ejemplo el post de una Laicismo Constitucional que se ha expuesto debajo de este post es la viva representación de la Laicidad con adornos y adjetivos bonitos y singulares: constitucional, positivo, integrador... etc.

Creo que no nos hemos leído con suficiente atención el articulo de Juan Luis Cebrián y otros que nos jhemos traído hasta este pizarrón laicista, y así nos va, que vamos directos al cajón de los toriles, donde se habrán metido algunos, ellos solitos..y de cuyas banderillas veremos floreados crestones festonear el belén religioso-laico que se está montando.

Para incidir en los temas conceptuales tan en boga, traigo otro artículo del Portavoz de Granada Laica, que creo que tiene suficiente materia para reflexionar, y que se debería leer con suma atención antes de hablar de laicidades integradoras, positivas, o zarandajas de poder pero no querer.

Contra la 'sharia' episcopal

Rafael Gallego Sevilla

(Coordinador de Granada Laica)

La recién emitida "Nota de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española ante las elecciones generales de 2008" ha descolocado al gobierno español y al partido socialista, que ha reaccionado con cierta beligerancia al texto. Sin embargo, las críticas socialistas se han circunscrito casi exclusivamente a la referencia que los obispos hacen en este texto al terrorismo, en la que lanzan un severo varapalo a la estrategia seguida por el gobierno en relación a este tema.

Pero cabe preguntarse si más allá de esta referencia concreta, la intervención de los obispos en la campaña electoral es en sí censurable o por el contrario les ampara el derecho a la libertad de expresión e incluso el derecho a entrar en la contienda política.

En este sentido hay que recordar el muy particular estatus de la Iglesia Católica en España, y en menor medida de otras organizaciones religiosas. Por una parte se trata de una organización que reclama fieramente su independencia. Es más, es la Iglesia la que "concede" al Estado una "cierta autonomía". Según palabras de Benedicto XVI "la comunidad política y la Iglesia son entre sí independientes y autónomas en su propio campo", pero claro, "la autonomía de la esfera temporal no excluye una íntima armonía con las exigencias superiores". Estas exigencias superiores, obviamente, son lo que nuestros obispos denominan en su nota "[el] denominador común de la moral fundada en la recta razón". Y "recta razón" es una forma moderna de calificar lo que en el pasado se llamaba "fe", o con los circunloquios que tanto gustan en el Vaticano, "la razón iluminada por la fe".

Es decir, que en las relaciones Iglesia-Estado la situación es la siguiente: el Estado exime a la Iglesia del pago de numerosos tributos, financia sus colegios, residencias y hospitales, empotra en la escuela pública la catequesis católica, paga a los catequistas que elige el obispo, celebra ante la biblia y el crucifijo las tomas de posesiones de ministros, jueces, etc, adopta como fiestas cívicas las romerías religiosas, recauda el IRPF de aquellos que prefieren dárselo a ésta en vez de ingresarlo en el erario común, le regala suelo urbano para la construcción de sus parroquias, seminarios u otros centros, mantiene su patrimonio monumental sin apenas contra prestación alguna, no interfiere en su organización interna aunque no sea democrática y sea discriminatoria frente a las mujeres, etc, etc. Y por su parte, ¿qué hace la Iglesia? Permite que el Estado actúe según la "recta razón".

Frente a las organizaciones religiosas el Estado moderno ha intentado dos soluciones: la sujeción y la cuarentena. Con la Iglesia Católica no funciona el primer método pues desde la ruptura con el oriente cesaropapista ha reclamado su independencia y superioridad sobre todo poder "temporal".

Veamos algunos ejemplos de la técnica de la "cuarentena". Por ejemplo, la constitución mexicana (de 1917) dice (Art.130 e): "Los ministros [religiosos] no podrán asociarse con fines políticos ni realizar proselitismo a favor o en contra de candidato, partido o asociación política alguna. Tampoco podrán en reunión pública, en actos del culto o de propaganda religiosa, ni en publicaciones de carácter religioso, oponerse a las leyes del país o a sus instituciones, ni agraviar, de cualquier forma, los símbolos patrios."

Otro ejemplo: en EE.UU. las organizaciones religiosas apenas se diferencian de las demás en dos cosas: 1) Que por ser religiosas no pueden recibir subvenciones públicas para sus actividades, 2) Que por ser organizaciones religiosas gozan automáticamente de las exenciones de impuestos recogidas en el apartado 501(c)(3) de la ley Fiscal. A cambio, las organizaciones que se acogen a estas exenciones tienen prohibido realizar actividades de índole política a favor de unos u otros candidatos en los procesos electorales.

Después de siglos de cruentas luchas interreligiosas, dos milenios de implacable persecución a los disidentes, parece lógico que las creencias religiosas gocen de protección para su libre ejercicio, pero también que la sociedad política goce también de protección frente a ellas, es decir, se prohíba esgrimir argumento teológico alguno en la contienda política.

En España, a pesar del muy reciente régimen nacionalcatolico los gobiernos democráticos han fantaseado con la posibilidad de tratar a la Iglesia Católica con una técnica "intermedia", la de la domesticación o apaciguamiento. Pero la Iglesia es una bestia milenaria imposible de amansar.

No nos engañemos, cuando los obispos dicen "no pretendemos que los gobernantes se sometan a los criterios de la moral católica", quieren decir "queremos que gobiernen quienes ya están sometidos a los criterios de la moral católica". Cuando dicen "[r]espetamos a quienes ven las cosas de otra manera" quieren decir "no tenemos inconveniente ePublicar entradan que viváis sometidos a nuestras normas", etc, etc.

Milenios de destrucción, siglos de oscurantismo y décadas recientes de contubernio con dictaduras en todo el mundo demuestran que la Iglesia no va levantar un dedo si peligra una democracia o los derechos de una minoría son conculcados: simplemente espera agazapada a que lleguen mejores tiempos mientras trabaja sin descanso por perpetuar su ideología de sometimiento e irracionalidad.

Laicidad constitucional


Laicidad constitucional (Carlos García de Andoin)


Unos califican la política socialista de «laicismo radical» (Agustín García-Gasco). Para estos, la legislatura ha estado marcada por el acoso legislativo y político infligido al mundo católico. De hecho el pensamiento tradicionalista, que en España es católico, ha visto en el matrimonio de personas del mismo sexo, la España plural y la reforma educativa, un ataque frontal al núcleo de su identidad, la tríada 'familia, patria y religión'. De ahí que concluyan que hay un retroceso en derechos y un avance hacia la disolución de la democracia por leyes inicuas. Nada más alejado de la perspectiva de un Evangelio que en el juicio a las naciones pregunta por la suerte de los pequeños: «porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era forastero, y me acogisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a verme»; o que en las bienaventuranzas dice «dichosos los que procuran la paz» y «dichosos los perseguidos por causa de la justicia». En todos estos aspectos el balance de la legislatura ha sido, al menos, de notable, y así se debe reconocer con la voz bien alta.

Otros consideran que «el laicismo sólo puede ser radical» (Juan Luis Cebrián). Para estos, la política socialista ha sido de un laicismo descafeinado. Esperaban la aplicación de políticas de avance hacia un Estado más laico pero el Gobierno, consideran que por excesiva prudencia o temor, se ha rendido a las exigencias de la jerarquía católica. Para más inri, fruto de una igualdad de trato mal entendida, el Ejecutivo ha extendido privilegios impropios de un Estado laico a las otras confesiones religiosas, por ejemplo, la enseñanza del Islam en la escuela pública o el acuerdo en la detracción del impuesto de la renta con los protestantes. Estos olvidan que la laicidad a aplicar debe ser la constitucional, que habla de separación entre Estado y cualquier tipo de confesión religiosa pero también de «relaciones de cooperación».

Pues bien, la política religiosa del Gobierno socialista se ha desarrollado en franca coherencia con los tres principios que enhebran la concepción constitucional de laicidad: la promoción efectiva de la libertad religiosa (16.1), la no confesionalidad del Estado (16.3a) y la cooperación con las confesiones religiosas (16.3b). Desde estos vectores, tras un inicio ciertamente confuso, se han definido y madurado las tres principales líneas de la acción de Gobierno.

La primera, el decidido empuje a la superación de la desigualdad de trato del Estado hacia las confesiones religiosas minoritarias en conformidad con el derecho a la libertad religiosa y con el pluralismo religioso creciente de la sociedad española. El signo más elocuente ha sido la creación de la Fundación 'Pluralismo y Convivencia' para la cooperación con las confesiones de notorio arraigo judía, protestante, ortodoxa y musulmana en actividades de índole cultural, educativa y de integración social. Entre otras, ha impulsado la publicación del primer libro de enseñanza de religión musulmana en Europa. El mandato constitucional de la cooperación es hoy reconocido y envidiado en foros europeos por cuanto faculta para políticas religiosas activas y de integración ante el multiculturalismo.

La segunda, las políticas de diálogo y acuerdo con la comunidad católica, que es de justicia reconocer y apreciar, algo que se hace más en el Vaticano que en España y aquí en todo caso con la boca pequeña. Varios acuerdos a destacar: 1) el acuerdo con la FERE sobre la Ley de Educación, que entre otras cosas supone la inclusión de la escuela concertada en el conjunto de una educación sostenida por fondos públicos; 2) el acuerdo con la enseñanza religiosa católica -también con diferentes ONG- respecto al currículo de Educación para la Ciudadanía; 3) el acuerdo respecto a los profesores de Religión, con su participación y la de los sindicatos, que ha mejorado notablemente sus derechos laborales, en una fórmula que ha obtenido la conformidad de la Santa Sede; y 4) finalmente, la aplicación de los acuerdos en materia económica, a través de la detracción del 0,7% del IRPF que ha conllevado la eliminación del sistema de dotación presupuestaria, vigente desde 1840, a lo que hay que añadir la retirada de la exención del IVA por prescripción europea. Esta política de diálogo ha tenido una prueba mayor, superada con un éxito razonable, en el tratamiento por ambas partes tanto de las beatificaciones como de la ley de Memoria Histórica. No ha sido todo acuerdo. El desacuerdo sobre la enseñanza de la religión en la escuela pública no debe ocultar que aun habiendo fórmulas mejores, sin embargo se ha mantenido básicamente la que estaba vigente desde el llamado Decreto Pertierra de 1994 (2438/94). Así que con toda lógica el pasado noviembre el secretario de Estado del Vaticano Tarsizio Bertone en lo que parecía el éxito de la política de pacificación del Gobierno con la Iglesia católica manifestaba ante la vicepresidenta Fernández de la Vega que no existe «ningún contencioso» pendiente con el Gobierno español.

La tercera línea de acción política ha sido una afirmación clara de la independencia del Ejecutivo y el Legislativo de acuerdo con el principio de laicidad del Estado. Aunque ha oído y reconocido la contribución de las religiones a la deliberación pública propia de una sociedad democrática, no obstante ha hecho valer la responsabilidad con el bien público general y sobre todo su fidelidad al mandato de la soberanía popular. Así ha sido, por ejemplo, en el desarrollo de políticas inspiradas en los Derechos Humanos, como la extensión en la titularidad de derechos, la no discriminación por sexo y religión, la investigación genética, la igualdad de género o la educación de niños y adolescentes para una ciudadanía democrática, más allá del desacuerdo con determinadas sensibilidades de determinados sectores religiosos. El gobierno es de los hombres, no de dioses. Se puede discrepar de las políticas, faltaría más, pero no cuestionar su motivación ética, menos aún negar su legitimidad.

Hay quienes quieren colocar en el centro de la política religiosa una eventual revisión de los Acuerdos Estado español-Vaticano. Siendo verdad que permanecen en ellos restos de nacional-catolicismo, caso de la relación entre Iglesia católica y Ejército, tal planteamiento no resiste un principio de coherencia con la política desarrollada en esta legislatura. Ello supondría una carga de conflicto que implicaría riesgos ciertos y magros beneficios, y lo peor, supondría el desaprovechamiento estéril de valiosas energías sociales. De modo especial, en este momento, la política religiosa puede y debe ser sobre todo un instrumento inteligente para afrontar el desafío principal de nuestra sociedad: la integración de los inmigrantes en el 'nosotros' social. La integración debe tomar al inmigrante no sólo como mano de obra, sino como persona, con su identidad y tradiciones. Éstas deben entrar en un proceso de diálogo y recreación desde la integración en la cultura y las leyes del país que les acoge. Éstas a su vez deben abrirse al reconocimiento a la diferencia. En estos procesos no bastan los agentes económicos y políticos, son decisivos los actores culturales y religiosos. Hay que crear suficientes alianzas con estos de modo que sea posible neutralizar las identidades religiosas y culturales como factor de división social al servicio de políticas reaccionarias y xenófobas. La Alianza de Civilizaciones es otra línea de trabajo, una propuesta potente para dar marco a los actores religiosos en un marco de laicidad y en beneficio del bien común.

José Luis Rodrígez Zapatero y especialmente María Teresa Fernández de la Vega han gobernado creando más libertad religiosa, más laicidad y más cooperación. Con estas políticas -no con otras más aparentes pero dudosamente eficientes- es como se combaten las derivas fundamentalistas, a pesar de los innumerables embates que sufre por estribor y babor. Ese es el norte que debe guiar con buena lógica los propósitos para la próxima legislatura. Así nuestra sociedad cada vez más plurirreligiosa y pluricultural podrá ser viable: en torno a una idea de ciudadanía más universal y una laicidad incluyente de acuerdo con ella. En efecto la laicidad -la constitucional- es el «fundamento de la convivencia», como dijo Felipe González

30 enero 2008

La ofensiva de las sectas en Europa llama a la resistencia”


COMUNICADO DEL GRAN ORIENTE DE FRANCIA

Del 16 de enero de 2008

“La ofensiva de las sectas en Europa llama a la resistencia”

Mediante una decisión de fecha 19 de diciembre último, el Ministerio de Justicia español acaba de inscribir a la Iglesia de la Cienciología en el registro oficial de religiones de España, tal y como ordenaba la Audiencia Nacional en una resolución del 11 de octubre pasado.

Después de Moscú en octubre de 2007, Madrid acaba de reconocer un estatuto oficial a una de las más importantes sectas del mundo. Estos países han sucedido a Suecia que –el primer país en Europa y bajo muchas presiones- consagró oficialmente a esta organización en 2000.

El Gran Oriente de Francia y el conjunto de mujeres y hombres de progreso, ligados a una alta concepción de los valores de libertad y democracia no pueden sino alarmarse frente a lo que bien se puede considerar como una ofensiva en toda regla de la Cienciología en Europa.

Hay que reconocerlo, « ejercicio ilegal de la medicina », « graves estafas », « secuestros arbitrarios », « manipulación mental”, acompañan la progresión de los movimientos sectarios en Europa sin que exista una adecuada respuesta.

Si Alemania resiste – recientemente ha puesto de manifiesto su “ley fundacional” frente a toda nueva reivindicación proveniente de la Cienciología -; si Francia pone en práctica originales medidas ampliamente sustentadas sobre la base de la concepción republicana del Laicismo; no es menos cierto que nuestras democracias corren a día de hoy un verdadero y gravísimo peligro. Peor todavía, pues todo parece que puede dar un giro de un momento a otro.

¿Cómo podemos aceptar que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos –bajo el pretexto del respeto a la « Libertad de conciencia »- condena a la casi totalidad de los poderes públicos responsables de medidas que limitan la progresión de las sectas en Europa?

En el momento en el que algunos – y las sectas en primer lugar- aspiran a reformar la legislación de separación entre iglesias y Estado, el Gran Oriente de Francia llama al conjunto de mujeres y hombres de progreso a permanecer en alerta.

Porque la ofensiva de las sectas en Europa viene acompañada de la profanación de valores fundamentales ligados al respeto de lo humano y de los lazos sociales; porque esas mismas sectas sacralizan el dinero y el mercado, debemos resistir en nombre de cierta idea del ser humano, heredero del espíritu de las Luces.

Con este espíritu, el Gran Oriente de Francia llama al conjunto de mujeres y hombres progresistas y a todas las instituciones democráticas de Europa, a militar contra una ofensiva que se cierne más que nunca sobre los países que, como Francia o Alemania, aún resisten.

Servicio de Comunicación y Prensa del Gran Oriente de Francia.

27 enero 2008

Campaña por la separación Iglesias-Estado


Fuente:Granada Laica
Fecha:23/01/2008

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FIRMANTES-CAMPAÑA

Cada día la intromisión de la jerarquía católica en la vida política es más intolerable. Su actitud de querer imponer a la sociedad española su modelo de familia, de educación,... en definitiva, de querer seguir tutelando la moral de todos los ciudadanos exige una respuesta por parte de la ciudadanía, que lleve a la separación Iglesia-Estado

Pero no se trata sólo de la actitud de la iglesia católica, otras religiones también confunden las creencias que cada uno es libre de tener o no, con el intento de imponernos a la sociedad su criterio. Así el islamismo, el judaísmo o los evangélicos, por señalar sólo religiones monoteístas de implantación en nuestro entorno son ejemplo de estas intromisiones de la religión en el ámbito público. Desde la religión en la escuela a la presencia de símbolos, ceremonias,...

En nuestra sección de noticias o en el observatorio de la laicidad podrá encontrar multitud de ejmplo de todo ello.

Ante esta situación desde Granada Laica lanzamos una campaña cuyo texto es el siguiente:


POR LA SEPARACIÓN IGLESIAS - ESTADO

Los ciudadanos, ciudadanas y organizaciones abajo firmantes exigimos que se de una real y efectiva separación entre las organizaciones religiosas y el Estado.

Esto supone, fundamentalmente:

  1. La no-financiación de las iglesias con dinero público.
  2. La exclusión de las religiones de la escuela pública.
  3. La derogación del Concordato y de los Acuerdos de 1979 del Estado español con la Iglesia católica.

Ninguna confesión religiosa puede imponer su moral al conjunto de la sociedad.

¡Por una ley de libertad de conciencia!

¡FIRMA LA CAMPAÑA EN ESTA PÁGINA Y DIFÚNDELA ENTRE TUS CONOCIDOS!

En el archivo adjunto puedes imprimir una hoja para recoger firmas en tu entorno. Envíala con las firmas que consigas a Granada Laica; C/ San José Alta, 8; 18010 Granada



Más información en los siguientes ficheros

Campania_GRL_separacion_Iglesia-Estado.d