10 febrero 2008

Laicismo, clericalismo y sociedad civil. (1)

Viene como anillo al dedo las reflexiones de Fisac , y más sobre lo vertido por mí con respecto al comunicado de las Obediencias Masónicas españolas, que viven de ese concepto seudo- religioso de convivir con las Iglesias mostrando de forma tangencial que el fondo de todo hay como una creencia de que la masonería es algo así como "la iglesia laica" y llama la atención de que los llamados librepesnadores, no sean más críticos, más atrevidos, por eso en lo personal creo que las logias del Gran Oriente de Francia han hecho bien en no firmar un manifiesto que se ha quedado en las medias tintas.

Fisac, reflexiona y nos muestra un panorama crítico que debiéramos retomar para analizar nuestra misión y proyección como masones


Laicismo, clericalismo y sociedad civil. La imposible modernización de la Iglesia y del Antiguo Régimen

Javier Fisac Seco, historiador.

La beligerancia de la jerarquía católica, único magisterio en cuestiones de doctrina y moral, contra la soberanía nacional, impulsada por todos los papas desde la Revolución francesa hasta hoy por el actual Papa, quien, en sus agitados mensajes no desaprovecha para cuestionar la legitimidad legislativa de los parlamentos democráticos y exigir su sumisión a la “moral cristiana”, nos ha dejado al descubierto dos cuestiones: la del laicismo y la de las “diferentes corrientes, tendencias y divisiones que existen dentro de la Iglesia Católica”, según afirman los modernistas católicos. A estos dos asuntos quiero dedicar este artículo citando las declaraciones que, sobre este tema, ya habían hecho los papas desde el siglo XIX. Que no se lo pierda nadie, hablan por sí solas.


Sobre la cuestión terminológica del lo laico, muy a propósito me vienen las palabras de Juan Francisco González Barón, presidente de la asociación Europa Laica, quien en su exposición ante el I Concilio Ateo, recientemente celebrado en Toledo, decía: “El propósito de estas nociones y estas dicotomías analizadas: laicidad frente a laicismo, laicidad inclusiva frente al modelo institucional francés de laicidad sin adjetivos, laicismo moderno frente a laicismo a secas… es siempre el mismo: el establecimiento o la consolidación de un poder espiritual al que todos debemos plegarnos, constreñidos a ello por los poderes públicos en su papel de brazos seculares.”


Evidentemente, detrás del debate siempre encontramos a personas de creencia católica a las que parece costarles trabajo resignarse a ser sencillamente ciudadanos. Y es que no debemos olvidar que el término laico fue creado por el clero cristiano para dejar establecido que existen dos sociedades: la clerical/religiosa y la laica/religiosa, ambas sometidas a la dirección del clero. Es la tradicional teoría política religiosa sobre el origen del Poder, expresada por primera vez en el siglo V como teoría de las “dos espadas”. El laicismo es un término de reminiscencias religiosas en su origen, aunque hoy se haya vuelto en su contra. No obstante, a mí no me gusta el término porque da por supuesto que aunque no seamos católicos, aunque no fuéramos practicantes de religión alguna, aunque fuéramos ateos, implícitamente estamos reconociendo que, efectivamente, si existe lo laico también existe lo religioso. Dos sociedades paralelas dispuestas a tutearse.


Savater en sus “cinco tesis sobre laicismo”, se expresa con la mayor normalidad en términos de sociedad laica como si hubiera una sociedad religiosa. Victorino Mayoral habla con la mayor naturalidad de pasar de un “Estado confesional a un Estado pluriconfesional” y de “libertad religiosa” asociada a las religiones o iglesias (“El laicismo aún espera turno”, El País, 24-I-08). Y lo hacen desde posiciones progresistas. A Peces-Barba le extraña y sorprende que el laicismo sea "una actitud enfrentada y beligerante con la Iglesia" (“Sobre laicidad y laicismo, “El País, 19-IX-07). Pero ¿es que no conoce la historia de la Iglesia Católica y las razones del anticlericalismo, así como las constituciones de la Primera y Segunda Repúblicas? No ha entendido que la iglesia es el clero y que éste, su alto clero, formaba parte de los estamentos privilegiados, la aristocracia laica y clerical, y que lo lógico es que desapareciera con la caída del Antiguo Régimen ¿Cómo no va a ser beligerante el pueblo contra los privilegiados? Lo extraño hubiera sido lo contrario. Claro que, la solución la tiene con el nuevo palabro “la laicidad” porque "garantiza la neutralidad en el tema religioso, el pluralismo, los derechos y las libertades”. O sea que una democracia atea que defienda los derechos individuales, la felicidad, el placer y una moral progresista no represiva no garantiza el pluralismo, los derechos y las libertades.


Sin embargo, Rafael Díaz Salazar afirma, en su libro recién publicado “España laica”, lo contrario: "El laicismo no es antirreligioso"… "El proyecto laico no es antirreligioso. Su fin es fortalecer una ciudadanía moral y socialmente activa y a ello pueden contribuir las religiones y las iglesias". Pero, pregunto yo a Rafael, ¿cómo pueden contribuir las religiones a fortalecer la ciudadanía moral y socialmente activa, si no reconocen ni la soberanía nacional, ni al individuo como sujeto de derechos, ni la forma de gobierno basada en la democracia como más deseable que las teocráticas, absolutistas y dictatoriales? Según expuso León XIII en la encíclica “Inmortale Dei” sin cortarse un pelo, “sin duda ninguna si se compara esta clase de Estado moderno(el liberal democrático) de que hablamos con otro Estado, ya real, ya imaginario, donde se persiga tiránica y desvergonzadamente el nombre cristiano, aquél podrá parecer más tolerable. Pero los principios en que se fundan son, como antes dijimos, tales, que nadie los puede aprobar”.


¿Qué valores son esos, sigo preguntando a Rafael, que la Iglesia Católica puede aportar para enriquecer la moral progresista y ciudadana frente a la moral sexual represiva y religiosa? Que es su propia moral de origen y de casta. Este es el enigma que nunca nos desvelan los laicos católicos como Peces Barba o Díaz Salazar. Pero no hay que desanimarse. Yo seguiré esperando que nos sirvan en bandeja esa aportación “moral religiosa/humanista”. A fin de cuentas es esta aportación la que nos permitirá distinguir lo nuevo y lo viejo. A ver si se deciden.


¿No sería más acertado exigir a las religiones que incluyan en sus textos sagrados una declaración a favor de los “Derechos fundamentales”, de la democracia y del derecho a la felicidad y al placer sexual? Son ellos, el clero, quienes tienen que empezar a pensar como ciudadanos y a sustituir su moral sexual represiva por una moral progresista. Claro que, entonces, ¿qué función tendría la religión?


En los comienzos de las revoluciones liberales sólo un país y una persona volvieron a plantear la cuestión en términos clásicos: fue Jefferson, en los orígenes de los Estados Unidos, quien, declaró: “Creyendo con ustedes que la religión es un asunto entre un hombre y su Dios solo, por lo que no deben rendirse cuentas a nadie en función del dios en el que crea, que los poderes legislativos del gobierno alcanzan las acciones solamente y no las opiniones, contemplo con reverencia soberana aquel hecho en su totalidad. El pueblo americano declaró que sus legislaturas no deben "promulgar alguna ley con respecto de establecer una religión ni prohibir el ejercicio libre de ella," edificando un muro de separación entre la iglesia y el Estado. Adhiriéndome a esta expresión de la voluntad suprema de la nación a favor de los derechos de conciencia, veré con satisfacción sincera el progreso de aquellos sentimientos que tienen tendencia a restaurar al hombre todos sus derechos naturales, estando convencido que él no tiene derecho natural en oposición a sus deberes sociales”.

Poco después sería aprobada la “Virginia Statute of Religious Liberty”, la ley sobre libertad religiosa frente al Estado. Curioso. Pero no voy a detenerme, ahora, en esta brillante paradoja.

Porque lo que quiero destacar es que todas las revoluciones liberales no sólo establecieron la ruptura con la Iglesia Católica, sino que, ignorando el hecho religioso en sus constituciones, establecieron que “la soberanía es el pueblo”, (concepto que se irá dilatando con el paso del tiempo) y que la sociedad es una sociedad civil integrada por hombres (y en su momento mujeres) libres. Y son libres y ciudadanos porque tienen derechos a la libertad, a la seguridad, a opinión, a la expresión, a la creencia o incredulidad… etc.

Y esto es lo que yo quiero plantear en los mismos términos. Sólo existe una sociedad, la civil, constituida por ciudadanos libres que disfrutando de estos derechos individuales pueden creer o no creer en uno o más dioses. Por lo tanto, proclamado este derecho individual, huelgan otros conceptos, como el de libertad religiosa, porque la libertad, religiosa o de cualquier otro contenido, sólo puede ser un derecho individual y nunca el derecho de una organización o institución. Si admitiéramos este derecho corporativo entraríamos en contradicción con los derechos individuales que son, con el individuo, el único fundamento de la sociedad democrática. De manera que ningún Estado democrático puede establecer relaciones bilaterales, de igual a igual, con instituciones religiosas para acordar el establecimiento de privilegios a estas instituciones en nombre de un concepto supraindividual: la libertad religiosa, inexistente en cualquier declaración de derechos fundamentales. Las relaciones con las instituciones religiosas deberán ser como las que mantenga con cualquier otra asociación como una ONG, por ejemplo. Relaciones de soberano a súbdito. Dejando bien claro que los soberanos son los ciudadanos y los súbditos cualesquiera instituciones supraindividuales.

Y como no es admisible esta relación bilateral, ningún ciudadano y ninguna religión pueden tener unos valores contrarios a los democráticos. Y en ningún caso pueden imponer esos valores a los ciudadanos. Cada ciudadano, siendo libre, es anterior a la religión y como tal sólo está obligado a cumplir las leyes aprobadas por sus instituciones democráticas. Si quiere cumplir otras será en su intimidad y siempre que no entren en contradicción con los Derechos Humanos o las declaraciones fundamentales de derechos, contenidas en las constituciones democráticas.

Tanto Peces Barba como Díaz Salazar son personas que han mantenido vínculos con la Iglesia Católica. Díaz Salazar, y aquí es a donde quería llegar, representa una corriente de opinión según la cual dentro de la Iglesia Católica existen varias iglesias y corrientes de pensamiento enfrentadas. El problema del fundamentalismo no es un problema contenido en la doctrina de esta religión sino una actitud característica de una corriente dentro de la Iglesia. Bastaría con derrotar a los fundamentalistas para que los “modernos” modernizaran la Iglesia.

Bien, Díaz Salazar, sin tener que militar necesariamente en el PSOE, es un teórico de la corriente socialista más derechista y tradicionalista: la representada y encarnada por Bono. Los dos manchegos. Díaz Salazar viene sosteniendo que la renovación ideológica del socialismo y de la izquierda pasa por una asimilación de los valores “humanistas” cristianos por parte de los socialistas (“La izquierda y el cristianismo”, Taurus, 1998). Y Bono lo pone en práctica, pues no en vano presume que el 80% de los militantes del PSOE manchego son católicos. No voy a entrar ahora en desmentir que el cristianismo no puede ser humanista porque lo que es divino es antagónico de lo humano. Voy, simplemente, a terminar citando a un Papa sobre la otra tesis que viene sosteniendo Díaz Salazar y la corriente derechista, tradicionalista y, ahora también, la posibilista de que si existen corrientes dentro de la Iglesia Católica lo que debe hacerse es destronar a los fundamentalistas y llevar al Poder a los modernos. Entonces, les pregunto, ¿el problema religioso se habría terminado? ¿Deberemos, entonces, someter nuestra voluntad, la voluntad de los ciudadanos, hasta entonces libres, a la voluntad del clero expresada en sus dogmas y su moral sexual represiva, sólo porque, al decir de esta corriente social-cristiana, ya no son fundamentalistas, sino modernos? A ver si alguno nos explica este galimatías porque no hay quien lo entienda.

La cuestión es que desde Trento las divisiones dentro de la Iglesia son de forma, nunca de contenidos, porque la moral, la doctrina y los valores son los mismos. Sólo que unos, los modernos, aceptan la debilidad de su institución cuando la sociedad se democratiza y otros, los fundamentalistas, pasan a la ofensiva cuando creen que la sociedad política tiene grietas por las que infiltrase, debilitarla y acabar sometiéndola a su voluntad. Por encima de las diferencias permanece que es una ideología totalitaria. Incompatible con la democracia, los derechos individuales y la felicidad. De manera que, gobierne la corriente que gobierne, el problema seguiría estando ahí: el clero contra el pueblo. Las dos sociedades.

Y termino citando al Papa Gregorio XVI quien, el 15 de agosto de 1832 publicó una carta encíclica “Mirari vos” sobre los “errores modernos” (estos son, según los Papas, los derechos individuales, la libertad de pensamiento y la democracia), en la que, anticipándose a las tesis derechistas del PSOE, de Bono y de Díaz Salazar explica cómo los modernos no pueden hacerse con la dirección de la Iglesia por la sencilla razón de que la Iglesia no puede modernizarse. Es una contradicción in terminis. Dice este Papa:

“Admirados tal vez estáis, Venerables Hermanos, porque desde que sobre Nuestra pequeñez pesa la carga de toda la Iglesia, todavía no os hemos dirigido Nuestras Cartas según Nos reclamaban así el amor que os tenemos como una costumbre que viene ya de los primeros siglos. Ardiente era, en verdad, el deseo de abriros inmediatamente Nuestro corazón, y, al comunicaros Nuestro mismo espíritu, haceros oír aquella misma voz con la que, en la persona del beato Pedro, se Nos mandó confirmar a nuestros hermanos.

Pero bien conocida os es la tempestad de tantos desastres y dolores que, desde el primer tiempo de nuestro Pontificado, Nos lanzó de repente a alta mar; en la cual, de no haber hecho prodigios la diestra del Señor, Nos hubiereis visto sumergidos a causa de la más negra conspiración de los malvados. Nuestro ánimo rehuye el renovar nuestros justos dolores aun sólo por el recuerdo de tantos peligros; preferimos, pues, bendecir al Padre de toda consolación que, humillando a los perversos, Nos libró de un inminente peligro y, calmando una tan horrenda tormenta, Nos permitió respirar. Al momento Nos propusimos daros consejos para sanar las llagas de Israel, pero el gran número de cuidados que pesó sobre Nos para lograr el restablecimiento del orden público, fue causa de nueva tardanza para nuestro propósito.

La insolencia de los facciosos, que intentaron levantar otra vez bandera de rebelión, fue nueva causa de silencio. Y Nos, aunque con grandísima tristeza, nos vimos obligados a reprimir con mano dura la obstinación de aquellos hombres cuyo furor, lejos de mitigarse por una impunidad prolongada y por nuestra benigna indulgencia, se exaltó mucho más aún; y desde entonces, como bien podéis colegir, Nuestra preocupación cotidiana fue cada vez más laboriosa.

Mas habiendo tomado ya posesión del Pontificado en la Basílica de Letrán, según la costumbre establecida por Nuestros mayores, lo que habíamos retrasado por las causas predichas, sin dar lugar a más dilaciones, Nos apresuramos a dirigiros la presente Carta, testimonio de Nuestro afecto para con vosotros, en este gratísimo día en que celebramos la solemne fiesta de la gloriosa Asunción de la Santísima Virgen, para que Aquella misma, que Nos fue patrona y salvadora en las mayores calamidades, Nos sea propicia al escribiros, iluminando Nuestra mente con celestial inspiración para daros los consejos que más saludables puedan ser para la grey cristiana.


La colecta de los Avaros


Una colecta de 6.000 millones

El Estado paga el sueldo de los obispos

M. SUÁREZ - MADRID - 05/02/2008 20:54

La guerra preventiva desatada esta legislatura por la Iglesia contra el Gobierno ha tardado cuatro años en recibir una respuesta del PSOE, que después de ver cómo los obispos pedían el voto para el PP ha amagado con cerrar el grifo de la financiación del Estado.

Hasta ahora había ocurrido lo contrario. En lugar de encaminar los pasos de los religiosos hacia la autofinanciación, la vicepresidenta primera selló en 2006 un acuerdo con la jerarquía eclesiástica cuyo principal resultado fue más dinero público para los prelados.

Hasta aquel momento, la Iglesia a recibía más recursos de los que los contribuyentes entregaban a través de la casilla del IRPF. El Gobierno adelantaba a los obispos recursos de más (unos 30 millones anuales) y los religiosos no los devolvían. Ahora el modelo es diferente: no hay adelanto, pero cuando un ciudadano marca la casilla de la Iglesia con una equis, en lugar de destinar el 0,52% de su contribución paga un 0,7% (un 34% más). En aquel acuerdo, por indicación de la UE, la Iglesia perdió el privilegio que le permitía comprar bienes sin pagar IVA.

Inconstitucional

Álvaro Cuesta, diputado y miembro de la Ejecutiva socialista, considera "inconstitucional y discriminatoria" esta aportación del Estado que, recuerda, no va a parar a obras de caridad, sino a la Conferencia Episcopal y a los sueldos de obispos y arzobispos.

Además de esta partida, grupos laicistas estiman que la Iglesia recibe al año 6.000 millones de euros de las administraciones. La mayor parte va a parar a la enseñanza concertada (cerca de 3.400 millones de euros). El Estado también paga las nóminas de los profesores de religión, pero es la Iglesia quien decide a quién contratar y a quién despedir.

Otras partidas van a parar a los capellanes de las prisiones, de las Fuerzas Armadas, hospitales, etc.,... y a los convenios de restauración del patrimonio histórico de la Iglesia.

Público, 6-2-08