08 abril 2009

La laicidad debería estar al servicio de la libertad, no al revés”

JEn el libro 'La laicidad' Àlex Seglers advierte de que “el abandono de las prácticas religiosas es síntoma de la secularización”; nos lo cuenta en la siguiente entrevista

La laicidad es un concepto valor capaz de suscitar enconados debates. Es una de las múltiples formas políticas que tienen los Estados de configurarse jurídicamente ante el hecho religioso institucionalizado, a través de la neutralidad y la separación institucional entre las iglesias y el Estado. No hay duda que en la actualidad se ha puesto de moda.

En la siguiente entrevista el profesor de Derecho Eclesiástico de la UAB y la UOC, Àlex Seglers, nos habla de este fenómeno que aborda de modo ameno, objetivo e inteligente en su libro La laicidad (Editorial UOC).

La laicidad se presenta en Barcelona el próximo martes, 14 de abril, a las 7 de la tarde en la Casa del Llibre. Participarán Jordi López Camps, ex director de Asuntos religiosos de la Generalitat de Catalunya, Antoni Bosch, presidente del PPC de Barcelona; Glòria Renom, diputada del Parlament de Catalunya; y Pere Fabra, vicerrector de Ordenación Académica de la UOC.

- ForumLibertas.com (FL):¿Cuál es el objetivo del libro?

- Àlex Seglers (ÀS): Básicamente, dar conocer al gran público, no necesariamente erudito en el tema objeto del libro, el significado y la función de la laicidad en nuestra experiencia jurídica y política. Desde el siglo XIX hasta la actualidad. También reflexiono sobre su futuro y los retos que plantea el nuevo pluralismo religioso. Así, abordo cuestiones como el crucifijo, el velo, el reconocimiento estatal de los nuevos movimientos religiosos, el islamismo político, Educación para la Ciudadanía, la financiación de la Iglesia Católica, etcétera.

- FL:¿Qué significa laicidad? ¿Cómo se distingue de la secularización?

- ÀS:La laicidad no es más que una de las tantas maneras que tienen los Estados de configurarse política y jurídicamente ante el factor religioso, especialmente cuando éste se institucionaliza en iglesias.

“El cristianismo es dualista, separa Iglesia y Estado”

El Estado es una especie de iglesia secularizada, que desde la frase de Jesucristo –“dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”- ha sido desacralizado. El problema es cuando se sacraliza, como ocurrió con los totalitarismos. El cristianismo es dualista, separa Iglesia y Estado, y desde la separación se permite la colaboración al servicio de los cives-fideles. En cambio en otras civilizaciones la manera de configurarse ante las confesiones es monista: política y religión se confunden.   

Si la laicidad parte de una visión estática -en nuestro caso es la aconfesionalidad del artículo 16 de la Constitución, como una foto fija-, la secularización, en cambio, es un proceso inacabado, en virtud del cual las esferas de poder e influencia religiosas que explicaban el mundo político, social y económico van cediendo paso a otro tipo de esferas, como las científicas y estatales. Pero actualmente se habla de la (des)secularización, de la recuperación de religiones públicas que vuelven a encontrar su espacio y su protagonismo en el mundo secular y público. El mito de la secularización tampoco ha triunfado: solo hay que dar un vistazo al planeta para darse cuenta que la religión -excepto en una parte de Occidente- está presente en todas las esferas.

- FL: ¿Cuáles son los principales peligros de la laicidad actualmente?

- ÀS:Yo no creo que la laicidad sea un peligro. Es un principio que favorece la libertad religiosa y la igualdad, y enriquece la democracia. Piense usted que los Estados monistas no garantizan libertades básicas, como la de creencias. En unos casos porque son teocráticos y favorecen a una sola religión, en otros porque son ideocráticos e imponen una ideología oficial. China es un ejemplo. Se trata de un laicismo ideocrático que siempre ha estado en la base de cierta izquierda, a la que le asusta la libertad personal de creencias. Ese es el peligro, convertir la laicidad en laicismo, quebrando la neutralidad del Estado y desconfiando de las iglesias y minorías religiosas.  

“España y Francia son los dos países que más se aproximan a la laicidad”

- FL: En el libro aborda los modelos de relación que existen entre el Estado y las iglesias de Europa y América del Norte. ¿Cuáles son las semejanzas y diferencias? ¿Qué crítica aportaría a esos modelos actuales?

- ÀS: La laicidad es un dogma tan abstracto que en el fondo no hay ni un solo Estado europeo que se aproxime a ella al cien por cien. Ni Francia, pese a quien le pese. En el libro lo explico con numerosos ejemplos. Los países escandinavos son formalmente confesionales (luteranos) pero garantizan la libertad religiosa a las otras confesiones. Grecia es ortodoxa, Alemania concede un estatuto de corporación pública a la Iglesia Católica y la luterana. Y Bélgica, España, Italia, Portugal, Luxemburgo, Austria, etcétera, cooperan con las iglesias a través de Concordatos y acuerdos. Sin complejos. Todo ello desde la mutua separación orgánica, excepto Inglaterra, claro está, que es anglicana pero también garantiza la libertad religiosa. Podemos afirmar que España y Francia son los dos países que más se aproximan a la laicidad. Por su parte, Canadá y Estados Unidos establecen un "Wall of separation" entre las iglesias y el Estado, pero su política fiscal favorece a las tradiciones religiosas, que a diferencia de Europa tienen mayor vigor social. Se debe a su historia, y a la falta de iglesias oficiales.

Cada Estado es deudor de su historia, y más en Europa, que desde la Paz de Westfalia el 1648 configuró sus naciones bajo el principio "cuius regio eius religio". Mientras se garantice la libertad de creencias de todos, ni el Tribunal Europeo de Derechos Humanos se ha atrevido a criticar las "laicidades" variables de cada Estado de la Unión Europea. Forma parte de nuestra identidad como europeos.

- FL: ¿En el territorio español cuál es la situación del proceso de desconfesionalización del Estado? ¿Cómo valora este proceso?

- ÀS: Se ha avanzado mucho. Afortunadamente se ha superado el nacional-catolicismo y la confesionalidad franquista, tanto la formal como la material. Y ello gracias al Concilio Vaticano II, que desde 1965 no dejó de influir en la legislación del régimen anterior y, sobre todo, en la Constitución de 1978 y en la Ley Orgánica de Libertad Religiosa de 1980, que ahora el Gobierno pretende reformar. Los sucesivos gobiernos -sean de derechas o de izquierdas- también han realizado en general una buena labor. En democracia es lógico que haya desavenencias, y las relaciones de la Conferencia Episcopal con los gobiernos, aun siendo correctas, no siempre han sido ideales. Esto forma parte del juego y de la vida democrática.

Sin embargo el peligro es pasarse de velocidad. La tentación laicista -como dije antes- supone una quiebra de la neutralidad, y hay leyes que presentan dudas. Veremos qué ocurre con la reforma de la Ley de Libertad Religiosa. O cómo se aplicará la Educación para la Ciudadanía. El proselitismo ideocrático no es neutral. Lo ha recordado el Tribunal Supremo. 

- FL: Las religiones, especialmente la cristiana, encuentran en muchos países del mundo un entorno hostil y de persecución. ¿A qué cree que se debe este hecho?

- ÀS: A la falta de garantías procesales y de derechos humanos, pero también a las rivalidades entre religiones. Es lamentable que el proselitismo de los misioneros se persiga, o que la politización de intereses económicos se legitimen a través de la religión. Muchos piensan que tenía razón Samuel Huntington, aunque sea políticamente incorrecto decirlo. Creo que debemos extender los derechos humanos, pero respetando las tradiciones culturales. Es preferible una interpretación más flexible y ponerse de acuerdo en lo fundamental. 

“El abandono de las prácticas religiosas es síntoma de la secularización”

- FL: ¿Cuáles son los derechos que constituyen la libertad religiosa? ¿Cree que en España y en Europa se respetan estos derechos básicos de libertad de confesión y culto?

- ÀS: El artículo 2 de la Ley Orgánica de Libertad Religiosa estipula un catálogo amplio, que se concreta en los respectivos Acuerdos de Cooperación firmados por el Estado y la Iglesia Católica, los judíos, musulmanes y protestantes. Desde la asistencia religiosa hasta el matrimonio, pasando por los menús halal y kosher, o la asignatura de religión, nuestro sistema jurídico contempla un abanico generoso de derechos de libertad religiosa.

En general se respetan todos, aunque no hay que confundir el ejercicio de estos derechos, exigibles en sede judicial, con otro fenómeno: el abandono de las prácticas religiosas, síntoma de la secularización. Pero de todos modos la calidad de estos derechos no depende de la cantidad de fieles que los ejerciten. Entender esto es fundamental.

“Hay una generación de periodistas que beben de los acuíferos del anticlericalismo”

- FL: En España vivimos un entorno hostil hacia el catolicismo que queda evidenciado en la falta de respeto por parte de algunos medios de comunicación a figuras como el Papa Benedicto XVI, los obispos o la Santa Sede. ¿A qué cree que se debe? ¿Tiene algo que ver con las políticas que se están realizando?

- ÀS: Hay una generación de periodistas que beben de los acuíferos del anticlericalismo, o de su contrario. Yo creo que para los más jóvenes la Iglesia no genera alergias ni anticuerpos, más bien una sana indiferencia. En democracia todos tenemos derecho a la libertad de expresión, y a disentir. La Iglesia también. Las leyes no las hacen los obispos, sino los políticos. Así que en la conformación de la ética pública, la Iglesia y las confesiones están llamadas a opinar, como cualquier otro grupo social. Y esto incluye la crítica constructiva de determinadas leyes. Es fácil de entender. El anticlericalismo está pasado de moda

- FL: A su parecer, ¿cuáles son los retos para la laicidad en el actual contexto de globalización?

- ÀS: Mantener la neutralidad estatal ante las religiones. Y subordinar la laicidad a la libertad religiosa. La laicidad está al servicio de la libertad, no al revés. Eso deben entenderlo los legisladores. Por eso son dables las políticas de cooperación con las confesiones, ya que son ellas las que prestan sus servicios a los fieles que, como ciudadanos, son los titulares de los derechos religiosos que garantiza la Constitución. No se trata de cuadrar ningún círculo, porque hoy día es posible y deseable mantener la laicidad y, al mismo tiempo, colaborar con las iglesias al servicio de la sociedad.