27 diciembre 2010

El dinero de Dios lo pone el Estado

Siete de cada diez euros manejados por la Iglesia Católica proceden de Hacienda y de subvenciones públicas Las diócesis de León y Astorga reciben dos millones más al año desde que Zapatero amplió la asignación tributaria del 0,52% al 0,7% Ambas instituciones pagan 72.230 euros de tributos, IVA incluido

27/12/2010 marco romero | DIARIO DE LEON 

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El Papa, Benedicto XVI, lamentaba en su reciente visita a Santiago de Compostela el «laicismo agresivo» de la España de Zapatero, una afirmación que, por otro lado, contrasta con la realidad económica de la Iglesia Católica, cada vez más alejada de la autofinanciación. Para muestra, un botón. Siete de cada diez euros manejados por los obispados de León proceden del Estado a través de la asignación tributaria del 0,7% del IRPF o de otras instituciones públicas en forma de subvención. Las diócesis de León y de Astorga recibieron 6,3 millones de euros del fondo común que sale de poner la «x» en la casilla de la declaración de la renta del 2009, según los datos declarados por ambos obispados en sus presupuestos.

Este incremento del 33% en los ingresos de la Iglesia no responde al aumento en el número de contribuyentes que dedicen marcar la citada casilla, sino a la reforma del modelo aplicado por el Gobierno socialista a partir del 2007, que elevó del 0,52% al 0,7% la asignación tributaria y ha permitido la consolidación del sistema de financiación de las diócesis españolas con cargo a una minoración de los ingresos públicos del IRPF. La evolución de las campañas de la renta entre los años 1987 y el 2010 constata que el principal activo financiero de la Iglesia sigue siendo el «impuesto eclesiástico» que tiene su origen inicial en la obligación asumida por el Estado con la Santa Sede en los acuerdos de 1979 sobre asuntos jurídicos y económicos. La anulación de estos acuerdos se aplicó hace tres años y supuso la supresión de privilegios fiscales como la exención del IVA en las operaciones comerciales. El último ejercicio fiscal del que existen datos (2009), el Obispado de León destinó 36.108 euros a tributos y 36.122 euros el de Astorga, una cifra residual en los millonarios presupuestos de ambas diócesis, teniendo en cuenta, además, que el patrimonio de la Iglesia está exento de pagos como la contribución (IBI).

Hacienda lo resta. Con el sistema de financiación reformado hace tres años, tanto los católicos -”hasta ahora es la única confesión que recibe fondos directos del Estado-” como los que dan parte del impuesto a las ONG, no aportan ni un solo euro de su bolsillo cuando marcan la «x» en la declaración de la renta, sino que es Hacienda quien lo resta de sus ingresos totales. Se trata, por otro lado, del impuesto más democrático puesto que es el único dinero público que los ciudadanos pueden orientar directamente. Con este mecanismo se aporta al Estado el 99,3% de la cuota fis cal, no el 100% como ocurre en el caso de los que no marcan ninguna casilla.

En todo caso, el estamento no parece estar en crisis a juzgar por el progresivo aumento de ingresos procedentes de las arcas públicas. El Obispado de León manejó en su último presupuesto 4,8 millones de euros y la Diócesis de Astorga 12 millones, según los datos facilitados por el Gabinete de Comunicación, en el primer caso, y por la revista diocesana Día 7 , en el segundo. La enorme diferencia, pese a ser diócesis más o menos equiparables, se explica porque Astorga presenta conjuntamente los resultados consolidados del obispado y de las 960 parroquias que dependen de él en León, Zamora y Orense, mientras que las 809 parroquias, filiales y anejos de la Diócesis de León tienen presupuestos autónomos.

Esta situación, por ejemplo, descompensa el capítulo de aportaciones voluntarias de fieles entre ambas diócesis. En Astorga, las colectas y cuotas parroquiales aportan a la caja diocesana un millón de euros, cantidad con la que no cuenta León. En conjunto, el dinero voluntario que entregan los fieles católicos asciende a 2,2 millones de euros en Astoga y 241.000 euros en León, cifra en la que se incluyen los donativos y legados. Y aquí sí se ha notado la crisis. Los ingresos del Día de la Iglesia Diocesana, un referente para medir anualmente el cepillo, han caído un 10% en León, pasando de 85.000 euros a 77.000.

Ambos obispados cuentan, además, con otro capítulo específico de ingresos corrientes, mayoritariamente integrado por subvenciones de diferentes administraciones. Las ayudas públicas declaradas por el Obispado de León ascienden a 55.000 euros, mientras que las cuentas de Astorga revelan que esta diócesis recibe casi un millón de euros de la Xunta de Galicia, de los convenios con la Junta y las diputaciones de Zamora, de Caja España y del Instituto Leonés de Cultura, además de otras ayudas.

Ninguno de los dos obispados ha ofrecido más información que las cifras globales anotadas en las cuentas que se hacen públicas una vez al año -”«si quieres el presupuesto, vete a misa, que hemos repartido 10.000 folletos por todas las parroquias», respondió el ecónomo de Astorga-”, si bien los datos finales son suficientes para revelar que la Iglesia no tiene recursos suficientes para atender sus necesidades. No en vano, sólo el Obispado de Astorga suma más de cuatro millones de euros (casi todo el presupuesto de la Diócesis de León) en ingresos correspondientes a «necesidades de financiación», en lo que se entiende como préstamos u otro tipo de aportaciones extraordinarias. Las publicaciones diocesanas tan sólo reportan 9.400 euros anuales a León y 24.578 a Astorga. Pese a los reiterados intentos, este periódico no logró arrancar reflexión alguna a los responsables de ambas curias.

Los libros de cuentas de las diócesis excluyen otras maneras de financiación, como son los conciertos con sus colegios o las subvenciones que reciben de la Administración autonómica para pagar actividades como la asistencia social o la ayuda al desarrollo, además de los convenios con diferentes instituciones para la recuperación del patrimonio cultural y artístico. Eso sin contar la legión de voluntarios que limpian las iglesias, imparten catequesis y cuidan el patrimonio localizado en las áreas rurales.

Sin contar colegios. A este respecto, ambas diócesis manejan cientos de entidades, entre las que se encuentran centros educativos, residencias de mayores, centros asistenciales, grupos de ayuda a países en vías de desarrollo, asociaciones y cofradías. Todas ellas tienen autonomía propia y sus presupuestos no se consolidan, al contrario de las parroquias. Al margen de estos centros están todos los que dependen de las congregaciones de religiosos y religiosas, que también tienen independencia total respecto a las diócesis. En el territorio que administran, aún están vigentes más de 2.500 fundaciones que tienen como objetivo administar los bienes. Por ejemplo, lo que dejan los fieles para misas póstumas.