18 noviembre 2010

Zapatero aplaza reformar la Ley de Libertad Religiosa `por falta de consenso´

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, 16/11/2010 (EFE / ProtestanteDigital.co)

El presidente del Gobierno justificó la decisión de no reformar la Ley, tal como había prometido en su programa electoral, a causa de la falta de consenso y a que no hay una «necesidad imperiosa» de efectuar la reforma.

José Luis Rodríguez Zapatero destacó en el Congreso que la reforma de la Ley de libertad religiosa es «conveniente», pero no es una «necesidad imperiosa», y dado que regula un derecho fundamental no se acometerá mientras no haya consenso político y social. Para el presidente, la norma de 1980 exige una actualización, pero no es urgente su reforma.

Ha señalado que en España la «libertad religiosa se ejerce sin ningún problema, no hay discriminación alguna por pertenecer a una confesión religiosa» y el principio de aconfesionalidad funciona con normalidad.

CRÍTICAS EN EL CONGRESO
El portavoz de ERC en el Congreso ha contestado a Zapatero que resulta paradójico que al mismo tiempo que renuncia a su «agenda laicista para no pasar por anticlerical» venga el Papa a España y «desde las alturas le haga responsable de un laicismo trasnochado que evoca casi la quema de iglesias de los años treinta».
Ha aprovechado además para criticar las palabras de Benedicto XVII, que reflejan, ha dicho, no sólo el desconocimiento de la España actual, sino también la «nula autocrítica» de la Iglesia católica en relación a sus posiciones con el matrimonio homosexual, el uso del preservativo o el aborto.

«Vamos a continuar siendo un Estado aparentemente aconfesional, pero todo el mundo sabe que a partir de los privilegios que otorga el Concordato, este Estado tiene una especie de mantenida que es la Iglesia católica, que nos cuesta 6.000 millones de euros», ha agregado el portavoz de ERC.

Ridao ha acusado además a Rodríguez Zapatero de no haber explorado el consenso y ha afirmado que la reforma es necesaria para garantizar «un Estado libre de dogmas y la plena neutralidad religiosa».

El presidente del Gobierno ha replicado a Ridao que le va a costar muchos esfuerzos convencer a la gran mayoría de los españoles que este Ejecutivo hace una «política de entrega o devoción a la Iglesia», porque lo que hace es una política de «respeto al espíritu y principio constitucional» de la aconfesionalidad del Estado.

«Respeto a la libertad religiosa y cooperación con la Iglesia católica, está en el mandato constitucional», como se recoge, ha recordado el presidente, en el artículo 16 de la Carta Magna, un precepto «equilibrado y razonable».

«Ahí estamos y seguiremos y nunca haremos caso a las posturas de un lado y otro, que realmente no contribuyen a fundamentar los buenos principios de una democracia avanzada en favor de la igualdad de todos los ciudadanos», ha concluido Rodríguez Zapatero.

UNA REFORMA MUY SIMBÓLICA
El eje principal de la Ley de Libertad de Conciencia y Religiosa era el de apostar por la neutralidad de los poderes públicos para evitar la confusión entre lo civil y lo religioso. Trataba de afianzar los símbolos del Estado frente a los de origen confesional. Por ello, se mostrarían más banderas oficiales, más imágenes de los reyes, la Constitución y los Estatutos de Autonomías, y menos crucifijos (u otra simbología religiosa) en lugares públicos. La propia denominación de la ley suscitó debate, pero al final se concluyó que la religión entra dentro de la libertad de conciencia, por lo que se incluyó en primer lugar.

Para reforzar la presencia de símbolos cívicos comunes se pretendía establecer una diferencia clara entre los que son símbolos religiosos y los que son culturales. Esto es, en el fondo de la ley estaba la intención de eludir críticas gratuitas sobre la desaparición de belenes en colegios o las procesiones de Semana Santa, argumentos de los que se sirven los sectores ultracatólicos para arremeter contra la retirada de crucifijos.

En este sentido, en el capítulo de la neutralidad de los funcionarios, la norma se había quedado corta para los sectores más progresistas, que pretendían impedir a un alcalde acudir a procesiones. El texto final supeditaba la participación de los cargos públicos en actos religiosos a que se hiciera sin discriminación. Así, si un alcalde desfilaba en la Semana Santa católica, debería también participar en el ayuno islámico del Ramadán en el caso de que se le cursara una invitación.

Con la nueva ley, cuyo último borrador constaba de un articulado de 37 epígrafes, únicamente se hubieran retirado los símbolos religiosos de los lugares públicos. Esto hubiera afectado a juzgados, hospitales, cuarteles policiales o militares, dependencias de ayuntamientos y comunidades autónomas, y escuelas de titularidad pública. Por contra, los centros educativos o sanitarios de carácter privado habrían mantenido sus signos religiosos.

La tesis principal que defendía la norma era más laicidad y más libertad religiosa. De este modo, se pretendía avanzar en los derechos de las confesiones minoritarias. Especialmente las federaciones religiosas que tienen firmado un acuerdo de cooperación con el Estado español: evangélicos, judíos y musulmanes.

El Gobierno resolvió además que el uso del hiyab (pañuelo islámico en la cabeza) fuera considerado como un símbolo religioso y, por lo tanto, pudiera ser utilizado en cualquier lugar, incluida la escuela pública. En cambio, la normativa no admitiría aquellas prendas, como el burka, que no permitiesen la identificación de un sujeto o afectasen a su dignidad.

La revisión de los acuerdos entre el Vaticano y el Estado español, que tienen más de 30 años de antigüedad, estuvo desde el comienzo fuera de la agenda del Gobierno. El Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero no se planteaba la denuncia del Concordato, a pesar de que su vigencia mantiene una serie de privilegios en materia educativa, fiscal y castrense.

Fuente: Efe, Público. Edición: ProtestanteDigital.com

14 noviembre 2010

LA VISITA INTERESADA DE LA IGLESIA DE TRENTO A ESPAÑA

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El dato no es para despreciar, y hasta puedo decir que uno se queda de piedra, o lo que es peor le entra la flojera cagona, oyendo en tiempos de crisis que la visita de un “jefe de Estado”o de Líder Espiritual haya podido costar la friolera de unos 25 millones de euros, o sea más de 4000 millones de pesetas de la de Franco.

Lo cierto es que parece desorbitante, aunque para relajarse uno puede enfatizar la cuestión jugando a las comparativas y puede relativizarlo con que ese mismo dinero o más, fue lo que ganaron los de la Selección “roja” dando patadas a un balón, o seguir por esa senda de ver cuantos se palia de nuestra crisis con esos dinerillos.

Pero si analizamos el viaje desde fuera, no del anticlericalismo, sino desde el observador crítico si es que lo soy, porque después de que a uno ya de por sí le satanizan como anticlerical por el hecho del defender el laicismo, pues supongo que todo lo que diga ira como se suele decir a “misa”, pero sigo en mis trece y analizo lo que he visto como televidente y lector de prensa diaria.

La visita mirada desde el punto del marketing, estoy por asegurar que fuera de los funambulismos de Libertad Digital, La Razón y otros, se puede decir sin ambages que ha sido un fracaso, ya que se ha pagado por algo que ha arrastrado a menos, forofos, hinchas, partidarios, seguidores o creyentes que la “roja” en su llegada a España.

Es más, siguiendo con esa filosofía de la relativización comparada he de decir que hasta la casposa Alaska y su Fangoria y otros adicto al canto han juntado más gente que el Pescador de San Pedro en tierra de promisión como es España, y ya no hablemos de si la “bolsa sona” porque no ha sonado, pero es más el sucesor de Pedro ha fracasado doblemente.

Ha fracasado en tanto que su puesta en escena y telemarqueting no ha funcionado, está claro que no es el líder pastoral que ha arrobada a las masas como hacia predecesor Juan Pablo II; las TVes por más esfuerzos que hacían en señalarnos la larga espera de los creyentes, podíamos ver que era más literaria que real, pues detrás del entrevistado, no había nada… y por tanto si el Mensajero de la Paz lo que ha reunido es lo que hemos visto en Santiago y algo más en Barcelona, se puede aseverar que tantas sillas sin ocupar en Santiago y sin torbellinos de gente queriendo ver al “ombudsman” de la orbe católica, es algo que se asemeja mucho a un descalabro .

Lo que hemos visto es una especie de sombra con tiara, tieso y acartonado incapaz de irradiar esperanza más allá del cerrado circulo de su solideo pontifical, salvo en algunos gestos muy avariciosos, lo cierto es que ni las fotos ni poses televisivas tal vez por eso se prestan tanto a lo “gore”y lo grotesco.

Debieran sus señores los obispos y cardenales más allá de lo sentimental, y eso lo dice un laicista, analizar más fríamente todo ese desarrollo, pues un zaguero de segunda fila como el mitrado de Santiago tuvo más gancho, más sonrisa, más cercanía que Míster Ratzinger, que cuando escuchaba la alocución que se le brindaba cuando en gallego, cuando en castellano parecía como ausente como un marciano acabado de llegar a la tierra.

El viaje ha sido también de algún modo una desilusión desde la perspectiva pastoral porque que el sucesor de Pedro, el representante de Dios, su Hijo Jesucristo y el Espíritu Santo en la tierra haya logrado convocar a tan solo a los que nos dicen los medios informativos, es para analizar y reflexionar tras la cifras astronómicas -que decían los medios eclesiásticos- de creyentes y seguidores que llegarían a hasta las capitales gallega y catalana.Las elegantes protestas institucionales y las más explícitas en la calle han convivido durante la visita papal a España.

Y no es crítica de anticlerical, es solo ponerse ante el televisor y ver con los ojos abiertos y espíritu también abierto, porque de lo contrario o muy torpes eran los realizadores, o es que la cosa iba a trancas y barrancas, ya que se veía mucho jovencito/a llevados en volandas a cantar los canticos eclesiales de los años 70, se veía mucha mujer camino de la madurez, y porque cosa creyente, más allá de ciertas adscripciones o perfiles sociales o religiosos que están en la mente de todos y que pululaban por las escenas televisivas, digamos que la asistencia era más que justita y se tiró bastante de la emigración a juzgar por las banderitas..

Pero es más la puesta en escena en pleno siglo XXI es esperpéntica y hasta si me apuran es ridícula e incluso vejatoria ver circular a un líder religioso metido en una especie de cabina telefónica con ruedas en medio de la soledad de la ruta, y con un despliegue policial de esas consideraciones, cuando eso no se da en otros líderes mundiales; tal vez es que la querencia de la Iglesia Católica por las hornacinas les pierde, ahora si que me ha salido la vena un poco “anticletical”.

Pero qué le vamos hacer, todo ese ridículo montaje medio funerario debe producto de la necropsia vaticana que no permite ver que después de Juan Pablo II, los modelos de uso y forma debían ser distintos pero es evidente que el circunspecto de Ratzinger, el gran estratega el Mensajero de la Paz, no da para más.

Venía dicen misión pastoral el llamado Mensajero de la Paz , y detrás de sí ha dejado un reguero incendiario con calificaciones que todos han querido matizar, pero que han sido gordas y de un calibre que solo se permiten en esta España nuestra, desde las palabras y los discursos del propio sucesor de Pedro y de su entorno, han sido lo que se dice una “pasada” comparar el movimiento laicista actual con la situación del 31 yo creo que para justificar y justificarse.

Le ha salido al Mensajero de la Paz, su vena de doctrinario de sesudo teólogo que ha olvidado la labor de la iglesia durante toda la historia de esta tierra, que ha tenido tiempos gloriosos, pero en el “debe y haber” de la sociedad española tal vez pesen los errores los atrincheramientos tridentinos, la expulsión de pueblos enteros, de religiones y creencias y la exterminación de hasta heterodoxias católicas, los tribunales de la inquisición…todo ello lo tiene en su haber la Iglesia Católica, y como no la colaboración con las dictaduras , como la que tuvo con el régimen franquista; ante todo ella esa Iglesia peregrina, esa cúpula vaticana debiera ser más cauta y más su líder espiritual, que debiera haber puesto en la balanza de la fraternidad y la caridad lo que ha recibido y recibe de España antes de hacer pronunciamientos como los que ha hecho en Santiago y en Barcelona.

En este viaje ha habido también equivocaciones por parte del Gobierno de Zapatero, al que de nuevo le ha mordido la mano una Iglesia tramontana y áspera como ella sola, acostumbrada al ordeno y mando, que sin recogerse los frunces de los hábitos talares pone de vuelta y media al país a nuestra historia, clavando el alfiler de la memoria histórica sobre el 31, y situándose claro está en una amnesia colectiva hacia el quehacer histórico, como si hubiera sido una película inmácula, que analizada por episodios puede dar pavor al más pintado.

Y no hay que olvidar que la propia iglesia para no reconocer su propio naufragio está empeñada en buscar culpables y es de sonrojo que se tenga al pacato laicismo español, que aún se debate entre si esto que hacemos es laicismo o lacidad, y hasta nos hemos dejado hurtar santo y seña, y para más inri hasta nos han metido la suerte de varas hasta el corvejón que es lo que le viene bien al estamento eclesial, calificarnos de sucesores del anticlericalismo español, cuando la realidad es que nosotros estamos a cientos de años de distancia ese postura político-ideológica, lo que no puede decir la iglesia tridentina de los Rouco, de los Camino, los Osoro… del catecumenado , etc…

Está claro que la iglesia católica vaticana y española, le viene bien el incipiente movimiento laicista, las leyes laicas que dice que hace Zapatero, de esta manera tiene un espantajo con el que torearse y torear, obviando el por qué sus seminarios de vacían, por qué sus curas abandonan sus iglesias, y por qué los teólogos y los creyentes más sensatos se separan cada vez más de sus jerarquías, de sus sucesores de Pedro, porque la obscena iglesia vaticana ha ido ajardinando su propio fracaso con sus ocultamientos, con su negativa a las condenas de abusos eclesiales de todo tipo, color y tamaño… con esos discursos vacíos de la liberación de la mujer, y luego ver a cuatro monjitas lavando tanta masculinidad como desarrollan sus patriarcales eminencias.

Puede darse por contento el movimiento laico, porque está claro que contamos con un gran aliado de primera magnitud, y ese es ni nada más ni nada menos que el estamento eclesial católico, que dice querer dar la mano para ir hacia el consenso y dialogo, y a la mínima que tiene micrófono sale con el 31, con el canto del cisne del anticlericalismo y a punto estuvieron de aparecer los muertos eclesiales del 36, supongo que no habrá que recordarle a Ratzinger los saludos fascistas y demás andanzas.

En todo caso nuestro laico gobierno que flojea por los cuatro costados, que da una de cal y otra de arena, ha hecho los deberes a medias, y es evidente que se ha dejado una vez más morder la mano por una iglesia ávida de dineros, que se coge a los Concordatos franquistas como el nazareno a sus clavos. Eso es lo que tenemos un gobierno de medias tintas, jugando a estar y no estar, si era una visita pastoral sobraba bastante de la presencia gubernamental, si era la de un “Jefe de Gobierno” habría que haberse explicado mejor

.

En todo caso una vez más se patentizó, [ ya para cerrar el círculo anticlerical en el que me colocan D. Manuel Guerra y D. Ricardo de las Heras de estar a la cabeza de la internacional anticlerical y lacista ] una vez más la alianza entre el altar y el trono, con tanta presencia real, y quedan luego esa cositas  de las paradojas, de un mitrado santificando la obra de un posible masonazo, etc…

He dicho

Victor Guerra.