13 noviembre 2011

Las madres están muy solas"

 

"Julia Kristeva dice que las mujeres buscan que se respete su singularidad, el pilar de la verdadera revolución antropológica de las sociedades occidentales.

EL MERCURIO | DANIELA MOHOR W.

Si hay algo que a Julia Kristeva -lingüista, psicoanalista y escritora- le ha interesado es la identidad de la mujer. A fines de los 90 decidió ponerse a investigar lo que ella llama "el genio femenino". Consideraba que pese a los avances del género, las mujeres seguían siendo mal conocidas y no habían podido aún dar prueba de todas sus potencialidades. "La idea era preguntarse qué cosa en particular puede aportar el éxito femenino que los hombres no hayan hecho", dice desde su departamento en París, la ciudad donde vive desde los 23 años, cuando llegó desde Bulgaria para realizar sus estudios doctorales.

De esa inquietud por el éxito particular de las mujeres surgió un libro en tres volúmenes, Le génie féminin (El genio femenino) entre 1999 y 2002, dedicado a tres figuras del siglo XX: la filósofa Hannah Arendt, la creadora del psicoanálisis infantil, Mélanie Klein, y la novelista francesa Colette. No sólo analizó la trayectoria de esas tres intelectuales, sino también a salirse de lo que ella llama la visión "gregaria" del feminismo.

-¿Qué descubrió con su trabajo?

-Que la mujer en la que se encuentra el feminismo hoy es la que dice: `Soy una mujer, pero no soy como todas. Soy una singular y puedo pensar y crear algo particular`. Es una respuesta a la tendencia a la masificación que viene en parte de los grandes movimientos libertarios del pasado, como las revoluciones burguesas, las proletarias o las del tercer mundo. Se quería la libertad para los burgueses, los obreros, el tercer mundo. Para los musulmanes, para los judíos, todos franceses, etc... Ahora es la persona singular la que pide sus derechos y que se respeten. Las mujeres son las que están más adelantadas en esa demanda y no deben avergonzarse: no es necesariamente narcisismo, aunque pueda serlo.

Revolución. El feminismo, explica, ha tenido numerosos avances. La paridad y la incorporación de los hombres a las tareas de la crianza y la casa son algunos de ellos. Pero, según la psicoanalista, dentro del panorama internacional es una realidad limitada. "Se da en el mundo de las democracias avanzadas y que en cierta manera es pionero, de vanguardia, porque la gran mayoría de la gente no ha hecho suya esas ideas de igualdad y paridad. Sigue faltando hacer un gran trabajo en lo que tiene que ver con la elección libre de la maternidad, por ejemplo. También se ve un resurgimiento de las religiones integristas que no sólo les prohíbe a las mujeres el acceso a la vida pública, social y política sino que las condena a una servidumbre en la vida familiar. Todo eso está en proceso, hay incógnitas, pero existe una verdadera revolución antropológica".

El hecho que las mujeres tomen el poder no es sólo un asunto político. "Es antropológico: ¿Qué ocurre con la relación hombre-mujer? ¿Está el hombre en dificultad? ¿Cómo es el hijo de las nuevas parejas igualitarias? Esas preguntas son parte de los grandes retos del siglo XXI".

-¿Y cómo lo viven las mujeres?

-Hay que encontrar un equilibrio entre la creatividad profesional y la maternal. Eso está muy al centro de la vida personal de las que tienen entre 20 y 30 años. Ellas no se conforman con ser las señoras Christine Lagarde o Angela Merkel, que encarnan el éxito. Para las jóvenes, el éxito profesional no basta. Tiene que acompañarse de la maternidad, de un éxito en su vida personal y sexual. Eso las lleva a vivir cosas complicadas y exorbitantes, y el resultado es que están agotadas. Hay tantos esfuerzos para lograrlo que me las encuentro luego en el diván porque la superwoman se pone melancólica. Los principales daños son el cansancio y la depresión. Pero no es un destino. A mí me impresiona la vitalidad de la mujer y la madurez de su estructura psíquica. Hay muchas mujeres deprimidas pero hay más suicidios masculinos, por ejemplo.

-¿Los hombres también están viviendo tiempos difíciles?

-Sí, porque hay una crisis de los valores por los cuales todo el humanismo y las religiones luchan y que se supone que encarnan los hombres: ley, guerra, futuro, fuerza, poder. Al mismo tiempo sus parejas los ponen a prueba al desarrollarse a veces con mucha energía. Entonces hay una crisis de la virilidad. En eso las mujeres tienen un trabajo complejo por hacer: cómo liberarse sin obviar la diferencia sexual, sin querer que todos los hombres se conviertan en mujeres. Una civilización está hecha de diferencias y esas diferencias empiezan por la que hay entre hombre y mujer.

maternidad. Una de sus principales preocupaciones hoy, dice Kristeva, es la ausencia de un acompañamiento a las madres por parte de la sociedad. "No tenemos un discurso sobre la maternidad. Antes se decía `la Virgen María debe someterse a su hijo y a Dios` o `Sara debe salvar a Isaac del sacrificio`. Ahora no tenemos esos códigos y necesitamos un acompañamiento singularizado para apoyar a esas mujeres en su deseo de emancipación e impedirles ejercer una influencia autoritaria y maníaca sobre su pareja. Cuando no hay discurso, no hay acompañamiento, se las deja libres, es decir solas".

-¿Cómo se puede lograr?

-Educación en los colegios. Y al momento de la concepción, los médicos son quienes velan porque el parto se dé en buenas condiciones.

Una de las grandes dificultades de las madres, dice Kristeva, es la relación con el hijo. Cuenta que para uno de sus libros estudió en profundidad a la figura de Teresa de Ávila, quien no fue biológicamente madre, pero sí fue la madre espiritual de monjas. "Ella decía que ser madre es hablar desde el punto de vista de los demás. Eso es difícil para las madres hoy. Muchas veces tratan de pedirles a sus hijos tener éxito donde ellas no lo tuvieron, en vez de pensar desde el punto de vista del hijo mismo.

-¿Cree que esa tendencia de las madres a dejarle poco espacio a los hijos para desarrollarse a su manera es un fenómeno nuevo?

-No, siempre fue así pero ahora estamos tomando conciencia, porque en el humanismo europeo se está desarrollando la idea del respeto del otro, de la singularidad. Entonces nos damos cuenta que mamá, quien se dice humanista, quiere gobernar en la casa: quiere que sea abogada y no artista, se enoja si elijo un hombre que no le gusta, etc... Hay una rebeldía contra esa autoridad materna que algunas mujeres, sobre todo las que están deprimidas o que no encontraron la pareja que necesitaban, descargan sobre sus hijos.

FilosofÍa feminista

Religión. Kristeva ha sido crítica de lo que llama "el oscurantismo de las religiones", por los crímenes que se han cometido en contra de las mujeres en nombre de esas religiones. Sin embargo, reconoce que éstas también "decían verdades sobre la complejidad, la dificultad, el aspecto pasional de la maternidad". "Hay que tomar en cuenta esos mensajes y tratar de desarrollarlos en la laicidad. Las grandes corrientes feministas hasta Simone de Beauvoir vieron sobre todo el lado arcaico y regresivo de la función materna, que encerraba a la mujer en el hogar. Hoy, en las democracias avanzadas, tenemos la posibilidad de tener a la professional woman y a la madre, lo que no está exento de dificultad. Pero no tenemos una filosofía humanista ni feminista sobre la maternidad".