07 abril 2011

La delgada línea roja. El islam y el debate sobre el laicismo en Francia

Antonio Pérez Omister - Pulse para acceder a su sección personalSIGLO XXI - Diario digital independiente, plural y abierto - Noticias y opinión
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Antonio Pérez Omister

En 1905 los franceses desterraron los símbolos religiosos de las escuelas y edificios públicos, un orgullo laico que hoy es menos neutral de lo que parece. Mientras los católicos se sienten discriminados en su propio país, el Estado se ha replanteado en los últimos años financiar con dinero público la construcción de mezquitas, al tiempo que se permite a los musulmanes rezar en plena calle y se les consiente el absentismo laboral con motivo del ayuno del Ramadán.

No obstante, los 6 millones de musulmanes residentes en Francia creen que su religión está tan discriminada como ellos mismos. Lo que no mencionan estos musulmanes es que en sus países de origen el cristianismo está, sencillamente, prohibido y perseguido.

En 2005, el Gobierno francés, profundamente dividido en torno al tema de la secularización, y aún desconcertado por los recientes disturbios y actos vandálicos en los que participaron miles de jóvenes inmigrantes musulmanes, prefirió no celebrar el centenario de una ley que en múltiples ocasiones ha incomodado a los católicos franceses, pero que es ahora, cuando es rechazada por la ruidosa comunidad musulmana, cuando parece más políticamente incorrecta e injusta que nunca.

El rescate de la vieja ley que establece la separación entre Iglesia y Estado, fue objeto de muchos titulares nacionales e internacionales cuando se utilizó para prohibir el uso de los velos musulmanes en las escuelas públicas francesas. Proclamada por primera vez en diciembre de 1905, la ley otorga a todos los ciudadanos libertad religiosa absoluta en un país que practica predominantemente la fe católica romana, al tiempo que prohíbe el apoyo económico estatal a cualquier religión.

En ningún otro lugar del mundo se ha aplicado esta separación del Estado y la Iglesia con tanto esmero y ahínco como en Francia, donde las escuelas públicas y edificios del Gobierno se mantienen libres de cualquier símbolo religioso ostensible. Esto no impidió, no obstante, que en 1996 Francia celebrase los mil quinientos años desde la conversión de Clodoveo, rey de los francos, al catolicismo.

El concepto francés de laicismo se ha convertido en parte integral de la identidad de la República francesa, que en teoría no admite diferencias por motivos de sexo, raza o credo. Aunque, como sucede en España, que básicamente ha importado el modelo francés, esa discriminación puede llevarse a la práctica siempre que sea de forma “positiva”. Es decir, premiando con una tolerancia inusitada al islam, al tiempo que se es absolutamente inflexible en la aplicación de la ley con los propios católicos.

Ahora los franceses están reevaluando su concepto de laicismo. Sobre todo tras los violentos disturbios que vienen protagonizando los musulmanes en los últimos años, desde que se prohibió el uso del velo en las escuelas. Unos disturbios que bien podríamos calificar de “algaradas” o tumultos organizados. Los musulmanes residentes en ciudades cristianas ya los practicaban en la España medieval para hacer notar su presencia con un claro propósito intimidatorio.

La comunidad musulmana está jugando hábilmente sus cartas mediante la táctica del “victimismo” que tan buenos resultados le está dando a ambos lados de los Pirineos. Así, la idea de que la discriminación y pobreza que sufren los inmigrantes magrebíes y sus descendientes se debe al rechazo de la xenófoba sociedad autóctona del país de acogida, mayoritariamente cristiana, ha calado profundamente entre la clase política y ha permeabilizado a la propia sociedad europea a la que se acusa de practicar la marginación sistemática de los musulmanes, generando una especie de sentimiento de culpabilidad. Hasta tal punto esto es así, que muy pocos son los que se plantean si el esfuerzo de integración de esos inmigrantes magrebíes ha sido todo lo sincero que cabría esperar.

En el país vecino, esta situación ha generado llamamientos a la “tolerancia” desde sectores provenientes de todo el espectro político francés a favor de una interpretación menos rígida de la ley de 1905. Eso sí, sólo en lo tocante al islam. La separación entre el Estado y la Iglesia católica se mantiene estrictamente.


Siendo ministro del Interior, Nicolás Sarkozy desafió abiertamente la prohibición del velo islámico en las escuelas, apoyada por el presidente Chirac. Sarkozy también llevó a cabo una importante campaña de proselitismo a favor del islam, y se mostró favorable a que se destinasen fondos públicos para la construcción de mezquitas y la capacitación de clérigos musulmanes en sus países de origen. Entretanto, Lhaj Thami, presidente de la Unión de Organizaciones Islámicas en Francia, afirmaba que la ley de 1905 no es compatible con el islam, y exigía revisarla sin dilación.

Uno de los argumentos esgrimidos por los musulmanes en Francia es que, mientras se siguen permitiendo los árboles navideños en las escuelas, se prohíbe un “discreto” velo islámico y exigen que Francia actúe en consecuencia con sus verdaderos valores. ¿A qué valores se refiere? Evidentemente a los de su laicismo unidireccional: arrinconamiento de la Iglesia y las tradiciones católicas, y permisividad absoluta con el islam. Hay que señalar que en diversas escuelas públicas españolas, los musulmanes ya han mostrado su malestar por el hecho de que se celebren representaciones navideñas y se canten villancicos. Algunos han ido un poco más allá y han declarado sin tapujos que estas celebraciones les “ofenden” profundamente.

Hay que decir que en los países musulmanes la separación entre religión y estado no se da, y que en todos ellos, en mayor o menor medida, el islam está presente en todos los aspectos de la vida cotidiana de sus ciudadanos. En otros casos, como los de Irán o Arabia Saudí, podemos hablar directamente de auténticos estados teocráticos donde la práctica del cristianismo, u otras religiones, está rigurosamente prohibida.

La prohibición del velo musulmán en Francia fue recibida con rabia y con furia en el mundo musulmán, y con una mojigata incomprensión en el resto de Europa, pero sobre todo en la España de la absurda alianza de civilizaciones, donde las niñas musulmanas no tienen tales restricciones.

En cualquier caso, una buena parte de la ciudadanía europea empieza a dar muestras de cansancio ante la interminable retahíla de reivindicaciones y reproches de la comunidad musulmana, que parece empeñada en hacerse cada día más incómoda, odiosa y antipática.

Las recientes encuestas realizadas en Francia demuestran que una enorme mayoría de la ciudadanía está a favor de mantener la prohibición del velo en las escuelas e, incluso, de extenderla a otros ámbitos. Esto ha llevado al ahora presidente Sarkozy a replantearse sus postulados proislamistas de antaño.

El detonante para este cambio de postura ha sido que empieza a percibirse en Francia que existe una fuerte presión contra las niñas y mujeres musulmanas que prefieren no utilizar el velo e integrarse al modelo de vida occidental. Asimismo, un sector importante de musulmanes practicantes exigen al Gobierno francés separar a las niñas de los niños en las clases de educación física y natación, o retirar a las niñas de las clases de biología. Pero esto sólo son los primeros pasos para alcanzar un propósito final: negar la educación a las mujeres. Pretensión que ya se ha dado en Reino Unido, donde la colonia de inmigrantes musulmanes es aún más radical en sus exigencias que en Francia o Alemania.

Uno de los primeros políticos franceses que se pronunció en contra de una interpretación estricta de la ley de 1905 fue Sarkozy, que propuso facilitar la financiación pública a las comunidades musulmanas, declarando que éstas no cuentan con los recursos financieros que obtienen las comunidades cristianas y judías, y que una ausencia de apoyo por parte del Estado, las haría susceptibles de recibir donaciones provenientes de los fundamentalistas en el extranjero. Una vez más, se trataba de ceder ante el trágala de la amenaza velada. Ahora Sarkozy cambia su discurso y da un giro a la derecha. ¿Qué ha motivado ese cambio de actitud?

La emigración tiene un significado religioso esencial para el buen musulmán. Es un acto místico que persigue obedecer los designios de Dios, pues esta emigración comporta también un elemento apostólico. El buen musulmán no sólo debe mantener su fe, sino que ha de imponerla en las tierras de acogida. Incluso por la fuerza si ello es necesario. Con lo que la cacareada “emigración” se convierte en una auténtica “invasión” encubierta en la que el invasor intenta imponer sus usos y costumbres, y no hace absolutamente nada por integrarse. El buen musulmán, ante la disyuntiva de permanecer fiel a su fe, o integrarse en la sociedad occidental de acogida, elige la autoexclusión y, al mismo tiempo, lamenta amargamente la “incomprensión” de quienes le han admitido generosamente en el seno de su comunidad.

De ahí que, dos y hasta tres generaciones después de haber nacido en el país de acogida los hijos de esos primeros inmigrantes musulmanes, sus hijos sigan sintiéndose discriminados.


No debemos dejarnos influir por el discurso victimista de unos intolerantes que constantemente nos chantajean apelando a nuestra bobalicona tolerancia. Las concesiones que hoy hagamos al islam, serán los eslabones de las cadenas que nos oprimirán mañana. Va siendo hora de que exijamos a quienes vienen a compartir nuestra tierra, que hagan un esfuerzo por comprendernos y que se muestren menos intransigentes. Nadie les pide que vengan. Y una vez que han venido, casi todos de forma ilegal, nadie les exige que abjuren de su fe y que abandonen sus costumbres. Sólo les pedimos que no intenten imponérnoslas, porque fracasarán estrepitosamente.


Y, ya puestos a ser tolerantes, que permitan a quienes deseen abandonar el islam, ya sean éstos hombres o mujeres, que puedan hacerlo libremente. Del mismo modo que nosotros permitimos abrazar esa religión a quienes desean hacerlo según su libre albedrío.


¿Es mucho pedir?

06 abril 2011

Sarkozy quiere imponer la laicidad a golpe de reglamento

Su partido propone entre otras medidas que las madres no puedan recoger con el velo a sus hijos en el colegio

ANDRÉS PÉREZ CORRESPONSAL EN PARÍS 06/04/2011 01:00 Actualizado: 06/04/2011 09:38

La Unión para un Movimiento Popular (UPM), el partido del presidente francés Nicolas Sarkozy, protagonizó ayer en París un debate sobre laicidad del que salió un código de conducta o reglamento con medidas tan polémicas como obligar a las madres que acompañen a sus hijos al colegio a quitarse el velo (integral o no) o imponer sanciones a aquellas parejas que rehúsen que la esposa sea atendida en un hospital por un médico de sexo masculino. Las propuestas surgen una semana antes de que entren en vigor las multas para las mujeres residentes en Francia que utilicen burka en lugares públicos.

El debate duró más de cuatro horas. La jerga popular francesa tiene una bonita metáfora para hablar de algo como lo que le ocurrió ayer a la UMP. Se trata de la expresión "pétard mouillé" (petardo mojado). La UMP había anunciado que celebraría un "gran debate" sobre el "rol de las religiones en la sociedad, especialmente el islam", pero el encuentro acabó convertido en un monólogo del partido consigo mismo acerca de ese polémico paquete de medidas. Todas las confesiones y las mayoría de las asociaciones boicotearon el debate.

Todas las confesiones decidieron boicotear el encuentro

Cuatro horas

En tan sólo cuatro horas dereunión los representantes de la UMP enunciaron un total de 26 propuestas, de las cuales sólo dos serían puestas en marcha antes de las elecciones del año 2012.

La primera medida será una resolución parlamentaria, solemne, de "reafirmación de la laicidad", la segunda permitiría "enmarcar las plegarias en las calles", una temática que ha sido muy aireada (apuntando al islam y no a las procesiones o a los cánticos budistas del Chinatown de París) últimamente tanto por el ministro de Interior Claude Guéant como por la líder ultraMarine Le Pen.

El plan también pretende enmarcar el culto religioso en la calle

Inicialmente, ese "gran debate" anunciado a bombo y platillo hace unos meses por el partido, con apoyo del presidente francés, tenía el objetivo de sentar en torno a la mesa a todas las confesiones francesas y a las asociaciones. Formalmente se trataba de examinar problemas, hallar soluciones, y proponer medidas eventualmente traducibles en leyes, en una continuación perfecta tras el precedente "gran debate", sobre la "identidad nacional", que dominó la temporada 2009-2010.

"Desierto espiritual"

Claramente, los partidarios de Sarokozy intentaban ponerle música y consenso al concepto de "laicidad positiva" enunciado por el propio presidente para reformar las leyes de laicidad que imperan en Francia desde el año 1905. Sarkozy, que en 2008 habló de lo malo que era el "desierto espiritual de nuestras barriadas", que describió Francia como un país con "un amplio manto de iglesias" y que es el único presidente que ha corrido al Vaticano para recoger una medalla honorífica y fotografiarse con el Papa, se estima bien colocado para reformar las intocables leyes sobrelaicidad de este país.

Pero todo el escenario sarkozysta acabó ayer como un "pétard mouillé". En un hotel de lujo del barrio de Montparnasse, al sur de París, los sarkozystas debatieron totalmente solos. La inmensa mayoría de los líderes religiosos (budistas, musulmanes, ortodoxos...) se negó a asistir.

La polémica se enmarca justo cuando Francia entra en la carrera previa a las cruciales elecciones presidenciales y legislativas de 2012. Un periodo en el que Nicolas Sarkozy, especialmente vía su ministro de Interior, Claude Guéant, y su partido está haciendo de todo para imponer una temática de tipo comunitario, étnico y religioso, con el fin de ocultar la agenda social. Además, Guéant afronta una querella por "provocación al odio y a la discriminación", al haber afirmado que "los franceses tienen la sensación de que ya no están en su casa".

Así las cosas, los conservadores se limitaron ayer a rebautizar su "debate" en "convención"y el tema dejó de ser "el rol de las religiones, especialmente el islam" para convertirse en "la laicidad". Sarkozy no ha pronunciado una sola palabra de apoyo al debate en las últimas tres semanas, y se limitó a enviar al acto a dos discretos consejeros suyos. El primer ministro, François Fillon, y el portavoz del Gobierno, François Baroin, se desmarcaron públicamente del "debate".

El ex primer ministro conservador Dominique de Villepin ha sido quien ha hundido más el dedo en la llaga. "El conjunto de las iglesias considera que no es el buen momento y no es la buena manera de hacer un debate", subrayó. "Estamos en un momento de gran sufrimiento de los franceses y hay que ocuparse de los auténticos problemas: el empleo, los salarios, la seguridad", dijo. Y, dirigiéndose a Sarkozy, le aconsejó: "A veces, la buena manera de hacer política es reconocer que se ha cometido un error".

Unión de los seis líderes religiosos

Diario ‘la croix': Líderes y confesiones

El gran diario cristiano ‘La Croix' publicó el pasado 29 de marzo un manifiesto firmado por los seis líderes de las principales confesiones religiosas de Francia. En el texto criticaron duramente el debate sobre laicidad impulsado por el partido de Sarkozy.

Estigmatización: Periodo "turbio"

"No debemos añadir más confusión en el periodo turbio que atravesamos", pedían los firmantes, ya que hablar de religiones podría conllevar "riesgos de estigmatización".