22 abril 2011

Laicidad a la catalana

LUIS FERMÍN MORENO

Domingo 1ro de marzo de 2009
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El denostado Josep-Lluís Carod-Rovira es vicepresidente de la Generalitat de Catalunya y responsable entre otras cosas de los Asuntos Religiosos. En calidad de tal, promociona lo que el periodista y bloguero católico catalán Jordi Llisterri califica como “laicidad a la catalana ”. Es decir, una relación basada en la neutralidad del gobierno sobre el hecho religioso y en el reconocimiento de las aportaciones que hacen las religiones a la cohesión social y a la cultura catalana.

Esta idea de laicidad no se queda en palabras. Así, hace unos días, se celebró en Barcelona un acto para presentar los convenios que la Generalitat ha firmado con ocho confesiones religiosas: católicos, evangélicos, ortodoxos, iglesia de Filadelfia, musulmanes, judíos, budistas y baha’is. Estos convenios, que tendrán una duración inicial de cuatro años, regulan las relaciones “de las federaciones de entidades religiosas” con la administración y establecen una subvención a cada tradición para mantener sus estructuras, que, en palabras de Montserrat Coll, directora general de Asuntos Religiosos, “les permite desarrollar actividades de las que se beneficia toda la sociedad”. Es decir, que el dinero no es para financiar las actividades religiosas, sino los gastos de infraestructura y actividades sociales.

Conviene recordar que el gobierno catalán mantenía desde los años noventa acuerdos parecidos con el Consejo Evangélico de Cataluña y con el Consejo Islámico Cultural. Ahora, no sólo se han extendido a las ocho religiones citadas, sino que se ha hecho mediante convocatoria pública.

Se preguntarán, mis improbables lectores, cuánto se ha llevado –o se va a llevar- cada una. Pues las mayores cantidades son para las confesiones no católicas de más arraigo en Cataluña: evangélicos y musulmanes, con 100.000 euros al año. La iglesia católica (o, más concretamente, la Conferencia Episcopal Tarraconense, que agrupa a las diez diócesis catalanas), los judíos, los ortodoxos y la iglesia de Filadelfia obtienen 60.000 euros. A los budistas, de bastante menor presencia, les corresponden 20.000 euros anuales. En cambio, los baha’is, coherentes con sus creencias, han firmado el convenio con la Generalitat sin prestación económica.

Al margen de la conveniencia o no de recibir dinero de la Administración –que, dicho está de paso, tampoco son cantidades astronómicas-, esta “laicidad a la catalana” muestra al menos un interés por establecer, de forma clara y transparente, normas claras sobre los derechos y deberes de las religiones y, sobre todo, igualdad de trato con todas ellas.

Por lo demás, y para que nadie pueda acusar al señor Carod-Rovira de “clerical” a estas alturas, hay que señalar que, aunque no estuvo presente en el mencionado acto, también ha firmado el convenio (con 20.000 euros de subvención), la Fundación Fèrrer i Guardia de declarados principios laicistas, librepensadores y masónicos. Y nadie en Catalunya se ha llevado todavía las manos a la cabeza.

¿Será que es posible la convivencia en una sociedad laica?

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19 abril 2011

Entrevista a Macrino Suárez. Presidente de la Asociación José Maldonado

«La república es una forma de estado, no una ideología»

Economista y ex ministro de Economía de la II República en el exilio de 1971 a 1977. Presidente de la Asociación José Maldonado

Macrino Suárez, en Oviedo. José vallinaMacrino Suárez, en Oviedo.

José vallina 19/04/2011 00:00 / Javier G. Caso Oviedo

Macrino Suárez, de 74 años, fue ministro de Economía en el Gobierno republicano del exilio. Ahora Preside la Asociación José Maldonado, creada para recordar la trayectoria del último presidente de la II República entre 1970 y 1977.

¿Por qué se proclamó la II República? Llegó en un momento de cambio; pero su gran problema fue que no hubo una derecha civilizada, formada por personas y partidos que consideraran normal el juego parlamentario. La derecha española abogó por acabar con la república.

¿Qué supuso el cambio de régimen? Fue la primera vez que, de una forma seria, se intenta regenerar el país y acabar con situaciones que veníamos arrastrando desde el siglo XIX.

Hay quien lo pinta de forma bien distinta.

Cuando se habla de la república del año 1931 que tampoco es la guerra civil, para algunos la imagen es quema de conventos, persecuciones... Y se callan quien dio el golpe de Estado.

¿Qué ideales republicanos considera vigentes? Una de sus bases es que el poder reside en la soberanía nacional. Y eso significa que el pueblo elige desde el primer concejal de un pueblo hasta el jefe del estado, que es revocable. Con una monarquía eso es imposible porque es hereditaria. Y eso es importante porque de forma sinuosa se dice que con la monarquía actual no hace falta república. Hasta el Presidente Zapatero ha dicho que la monarquía asegura los mismos valores que una república y, desde luego, eso es de un cinismo increíble. Otro pilar de la república es la laicidad.

Un asunto polémico.

La costumbre ahora en España es utilizar los conceptos no en su sentido normal, sino de una forma partidista. Laicidad no quiere decir comer curas crudos, ni prohibir religiones ni procesiones. Significa hacer una separación neta entre la esfera pública y la privada.

¿Y eso qué supone? La esfera pública es el gobierno y las instituciones del estado, las que legislan y las que deciden cómo debe ser la vida de los españoles en ese aspecto publico, sin intervenir en cuestiones privadas de cada uno. Ahí cada ciudadano, en cualquier democracia, tiene sus ideas propias. Laicidad, contrariamente a lo que se está diciendo ahora, es sinónimo de tolerancia de las religiones, a condición de que no se inmiscuyan en los problemas de la vida publica de los ciudadanos, que no es el caso actual.

Hablaba usted de las diferencias entre monarquía y república.

En el siglo XXI la monarquía para ser creíble necesita un apellido. Tiene que ser parlamentaria, constitucional. Etimológicamente significa el poder absoluto del rey, lo demás es jabón para dejarlo pasar. Sin embargo la república no necesita ningún adjetivo.

¿A qué se refiere? Tanto a la palabra república, como a la palabra democracia, cuando se les añade un apellido se las desnaturaliza, como cuando con Franco se hablaba de democracia orgánica, o democracia popular con los comunistas. O cuando se habla de república islámica o popular. Eso indica que ya no es la república, que no solo es una forma de estado, es decir que todos los representantes públicos son elegidos por el pueblo, sino que también es un modo de gobernación muy distinto, a base de transparencia y de defender el interés público.

¿Y eso no se da hoy en día? Con el desarrollo de la partitocracia lo que estamos viviendo con esta democracia monárquica son los intereses de los partidos, de dos partidos, que prevalecen sobre los intereses públicos y privados.

¿Controlan todo el sistema? Los ciudadanos españoles ya no eligen a sus representantes, los eligen los partidos y entonces yo creo que la república podría significar una regeneración de estos modos de gobernación y luego están tres valores que son universales y perennes: libertad, igualdad y fraternidad.

¿Sería viable una III República en España? Yo no la veré, pero a largo plazo soy optimista.

¿Por qué ese optimismo? La monarquía ha cerrado todas sus posibilidades y eso sin hurgar en que tenemos un rey nombrado por un dictador y que juró las leyes del movimiento.

¿Y cómo se avanza hacia un régimen republicano? Cada cambio que se pueda ir sacando haciendo la constitución más democrática es un paso más hacia la república. Desde luego no la habrá hasta que el pueblo español no tome conciencia de la diferencia entre ser súbdito y ser ciudadano. Quiero destacar que la república no es una ideología, sino una forma de estado y de gobierno.