12 mayo 2011

«Tenemos que avanzar en la laicidad, pero poco a poco»

 

RAMÓN JÁUREGUI, MINISTRO DE LA PRESIDENCIA:
«Tenemos que avanzar en la laicidad, pero poco a poco»

Ramón Jáuregui, el pasado jueves, en la Cadena SER

(ESPAÑA, 05/11/2090) Las declaraciones realizadas por el Ministro de la PresidenciaRamón Jáuregui el pasado jueves, en el programa "Hora 25" de la Cadena Ser, han causado enérgicas protestas por parte de partidos políticos de izquierda y grupos laicistas, como España Laica, que consideran que "el carpetazo" al proyecto de Reforma de la Ley de Libertad Religiosa supone una claudicación del Gobierno ante las presiones de la jerarquía católica y un sometimiento del Estado al poder clerical.

El debate cobró fuerza en vísperas de la visita papal, acontecimiento que vuelve a poner en evidencia la necesidad de establecer claramente los criterios de laicidad que deberían regir, por ejemplo, la participación de las autoridades del Gobierno en actos litúrgicos, un tema en el que, a falta de un protocolo laico y democrático prefijado, el Estado siempre suspende en "aconfesionalidad", arrastrado por el peso de la tradición.

Jáuregui no dijo nada que no se supiera ya, como recordaba ayer el vicepresidente primero y portavoz del Gobierno, Alfredo Pérez Rubalcaba, respecto a que el proyecto de Ley permanecía en la agenda del Gobierno, pero que no era una prioridad en esta legislatura. No obstante, hasta ahora, el discurso oficial siempre había sido que se seguía manteniendo el compromiso de sacar adelante el proyecto. Las declaraciones del nuevo Ministro de la Presidencia son las primeras que dan por hecho, y con toda claridad, que eso no será así.

Pero lo que quizás haya provocado la mayor reacción por parte de los grupos laicistas, haya sido la opinión personal de Jáuregui - que por otra parte no es distinta a la defendida por el Gobierno desde hace tiempo -, en el sentido de que "el hecho religioso no es un hecho estrictamente privado, sino un hecho público que afecta a la convivencia", razón por la que hay que desarrollar una política para regularlo.

Jáuregui dijo que creía necesario "materializar la laicidad" porque estamos "demasiado impregnados de sesgos, de costumbres y de signos religiosos que invaden los espacios públicos", y por eso se pensó en reformar la Ley de Libertad Religiosa, pero cree Jáuregui que "las condiciones en las que se desarrolla la política española no favorecen…". Opina, el Ministro de la Presidencia, que este proyecto debería ser consensuado y él no ve al Partido Popular con voluntad de consensuar nada. Por eso no cree que pueda salir adelante. Además, teme que poner este tema sobre la mesa en este momento, podría interpretarse como una maniobra para distraer a la ciudadanía de los problemas económicos.

En síntesis: la anunciada por Jáuregui es una mala noticia pero, como dice el portavoz del Gobierno Rubalcaba, "no hay ninguna novedad en esas declaraciones".

Puede escuchar las declaraciones de Jáuregui completas, en la web de la Cadena SER pinchando AQUÍ.

Fuente: Cadena SER | Redacción: Noticias Fered

08 mayo 2011

Tiranos, beatos y populistas

 

FRANCESC VALLS 08/05/2011

Hace unos días que Juan Pablo II llegó a la categoría de beato. Las multitudes le aclamaron. Hasta el tirano Robert Mugabe, que tiene prohibido pisar territorio de la Unión Europea por su pertinaz violación de los derechos humanos en Zimbabue, pudo asistir como un devoto más a la misa de la plaza de San Pedro. Casi simultáneamente, Bin Laden -tras un breve pero eficaz tiroteo- fue enviado al cielo, después de pasar por el mar, de acuerdo con un confuso rito que la Casa Blanca considera islámico. Y es que los puntos de contacto entre el más allá y el más acá son más numerosos de lo que la ola de laicismo nos permite ver.

    La Cierto pensamiento conservador se emboza tras el sofismo de decir qué es políticamente incorrecto para imponer su canon

Entre el mundo de beatos y mártires, de todo tipo, y el terrenal y prosaico existen grandes similitudes. Sin entrar a valorar su pétrea fe, Robert Mugabe, antes libertador de las fincas de sir Cecil Rhodes, se ha convertido en un déspota al que el Vaticano invita a sus fiestas. Si los GAL que ayer asesinaban etarras eran execrables, matar a Bin Laden se antoja hoy un acto de justicia. Gran parte de nuestra particular mutawa opinativa, esa policía ideológica guardiana de las esencias de lo correcto, considera que, mientras un beato se encarama a lo más alto, es un daño colateral muy menor la presencia de un sangriento dictador en la plaza de San Pedro. En cambio, teoriza que es un bien para la humanidad el asesinato de un terrorista por la primera democracia del mundo.

Son los signos de los tiempos. Y cierto pensamiento conservador se emboza con el sofismo de decir qué es políticamente incorrecto cuando lo que pretende es imponer el canon de la corrección. De eso la campaña electoral nos brinda ejemplos a diario. Así, en tiempos convulsos de crisis económica triunfa socialmente quien sostiene la necesidad de mano dura con los inmigrantes. Decir que aquí no cabemos todos es algo tan obvio como que el comando le disparase a Bin Laden porque no levantó las manos. Y, en este terreno de las grandes verdades populistas, el PP se lleva la palma.

El candidato del PP a la alcaldía de Badalona, Xavier García Albiol, asegura en un vídeo que él dice sobre la inmigración lo que muchos piensan. Y, a juzgar por los resultados electorales que las encuestas le pronostican en Badalona, atizar las más bajas pasiones da buenos dividendos políticos. Ahí tienen trabajo y deberían aguzar su pluma y su ingenio los apóstoles que diariamente pontifican sobre esta sociedad sin valores en la que vivimos.

Otro apóstol -este de las grandes soluciones- es el cabeza de cartel del PP por Barcelona, Alberto Fernández Díaz, que presentó el pasado viernes su celebrado programa de seguridad. "La fórmula Fernández" -así autodefine el líder popular su catálogo de buenos usos policiales- propone que la Guardia Urbana barcelonesa se entregue a la tarea de detener a los sin papeles que encuentre a su paso, actuando como policía judicial y que los inmigrantes que delincan, independientemente de la situación legal en que se encuentren, sean deportados a su país. La solución magistral de Fernández -quien ya nos advirtió de que iba a ser políticamente incorrecto- se antoja como las célebres pastillas del ancla que facilitaban en el Centro de Instrucción de Marinería de Cartagena para curar cualquier tipo de dolencia a los reclutas: desde una amigdalitis a un tirón muscular. Pero las del ancla son soluciones de otros tiempos, cuando el servicio militar era obligatorio y España estaba gobernada por un dictador. Las de Fernández son soluciones para hoy. Hay que recortar el gasto público, pero es preciso nada menos que incrementar en 500 el número de guardias urbanos, en 1.500 el de mossos y también el de policías nacionales (aquí la fórmula no se pronuncia matemáticamente) solo para Barcelona.

A la pregunta de si es necesaria una gran mezquita en la capital catalana, Fernández Díaz responde: "No, mientras no haya transparencia sobre su financiación y sobre que las creencias que allí se imparten sean adecuadas a nuestras normas de convivencia; no podemos permitir que se aleccione en contra de la igualdad entre hombres y mujeres". Cualquier demócrata suscribe al 100% estas afirmaciones. Y esa fórmula magistral, que es políticamente correcta para una religión de inmigrantes, no rige para otras creencias más arraigadas en nuestra sociedad.

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