31 agosto 2011

El significado de la laicidad

 

Se debe garantizar el valor de los símbolos religiosos en la historia cultural y en la identidad nacional.

Un proyecto presentado por los diputados de la Ciudad de Buenos Aires, María José Lubertino (Encuentro para la Victoria) y Rafael Gentili (Proyecto Sur) ha despertado fuertes controversias, ya que pretende prohibir la instalación de símbolos e imágenes religiosas en los edificios públicos pertenecientes al Estado porteño.

Existen múltiples maneras de entender y vivir la laicidad, a veces opuestas e incluso contradictorias entre sí. Para comprender el significado auténtico de la laicidad y explicar sus acepciones actuales, es preciso tener en cuenta el desarrollo histórico del concepto. La laicidad, nacida como indicación de la condición del simple fiel cristiano, no perteneciente ni al clero ni al estado religioso; durante la Edad Media revistió el significado de oposición entre los poderes civiles y las jerarquías eclesiásticas, y en los tiempos modernos ha asumido el de exclusión de la religión y de sus símbolos de la vida pública mediante su confinamiento al ámbito privado y a la conciencia individual.

Así, ha sucedido que al término "laicidad\'\' se le ha atribuido una acepción ideológica opuesta a la de su origen. Hoy la laicidad se entiende por lo común como exclusión de la religión de los diversos ámbitos de la sociedad y como su confín en el ámbito de la conciencia individual. La sana laicidad implica que el Estado no considere la religión como un simple sentimiento individual, que se podría confinar al ámbito privado. Esto supone que a cada confesión religiosa, si no está en contraste con el orden moral y no sea peligrosa para el orden público, se le garantice el libre ejercicio de las actividades de culto de la comunidad de los creyentes.

A la luz de estas consideraciones, no es expresión de laicidad, sino su degeneración en laicismo, la hostilidad contra cualquier forma de relevancia política y cultural de la religión; en particular, contra la presencia de todo símbolo religioso en las instituciones públicas. Por ello no deja de ser significativa la sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo, del 18 de marzo pasado, en favor de la presencia de crucifijos en las aulas de los colegios de Italia. Allí se reconoce, según el principio de subsidiariedad, que es un deber garantizar a cada país un margen de aprecio del valor de los símbolos religiosos en la propia historia cultural, en la identidad nacional y del lugar de exposición