04 diciembre 2012

POR UNOS VALORES COMPARTIDOS - EN DEFENSA DE LA ÉTICA CIVIL



La Francmasonería no interviene, ordinariamente en los debates de la Ciudad, porque su función de garante de las reglas del juego democrático le lleva al respeto más absoluto por cuantas opiniones son, a su vez, respetuosas del legítimo pluralismo.

 La Francmasonería, sin embargo, sí debe alzar su voz cuando la república se halla en pel
igro, entendiendo por república una sociedad formada por ciudadanos libres y responsables. El proyecto de Ley Wert conocido hoy a través de los medios de comunicación ataca directamente el libre desarrollo de la personalidad, que el artículo 10 de la Constitución considera como uno de los fundamentos del orden político y de la paz social y que el artículo 27.2 del mismo cuerpo legal designa como objeto de la educación.

En efecto, a la desnaturalización que el Gobierno introdujo en la asignatura de Educación para la Ciudadanía, ahora quiere añadirse su degradación a materia alternativa de la Religión. Y, sin embargo, ¿qué es Educación para la Ciudadanía? 

Ni más ni menos que el hilo conductor de la inserción de cada persona en la sociedad, la posibilidad de emancipación de credos heredados o inculcados desde la infancia, para convertir en realidad la libertad de conciencia, el descubrimiento de los valores éticos compartidos entre todas las creencias y convicciones como un elemento generador de respeto y de tolerancia y la transmisión de las pautas de conducta que transforman la coexistencia o la conllevancia en una enriquecedora convivencia.

A esa materia basilar, que debería impregnar todo el sistema educativo, incluida la formación de adultos, el ministro Wert quiere ahora relegarla, a petición de una parte de la jerarquía católica y de los sectores integristas aliados a ella, al papel de enseñanza para quienes no sigan la asignatura de Religión. 

Este comunitarismo agresivo pretende segregar a los alumnos por la religión de sus padres, según las distintas modalidades de Moral de las religiones del Libro, dejando para los humanistas librepensadores el cultivo de la Ética. Éste es el primer germen de una compartimentación de la sociedad en grupos identitarios –una compartimentación que se aprecia también en otros aspectos del Proyecto- que se reconocerán entre sí como distintos, en lugar de aceptarse como iguales. A los poderes públicos compete establecer una sociedad democrática avanzada, como señala el preámbulo de la Constitución, y la renuncia a la Ética para todos constituye un grave retroceso.

Joan-Francesc Pont Clemente, 33º 
Gran Comendador Supremo Consejo del REAA España

Madrid, 4 de diciembre de 2012